Su Majestad el Sextante
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Omar R. Ortiz-Troncoso, PHD
Capitán Dep. de Alta Mar
Miembro Hon. de Liga Marítima de Chile
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El instrumento
Cuando el pintor norteamericano
de temas marítimos Winslow
Homer completó en 1886 su obra
“ocho campanadas”, talvez no sospechó que
ésta se transformaría con el paso del tiempo
en un ícono dentro de la representación
pictórica de la tarea del oficial navegante. el
cuadro muestra a dos pilotos tomando con
sus instrumentos la altura del sol sobre el
horizonte para determinar la posición del
buque, escena que obviamente transcurre
al mediodía anunciado a bordo por las
tradicionales ocho campanadas. ambos
hombres de mar aparecen junto a la borda, a
contraluz, cubiertos con ropa impermeable,
observando un cielo cruzado por nubes
tormentosas y una mar que se adivina
tumultuosa.
El instrumento más importante a bordo es
el compás y así lo destacan los manuales de
náutica, ya que es determinante para trazar
el rumbo. Pero, en opinión de muchos, al
compás (“brújula” dicen los de tierra adentro)
le sigue en prestigio el sextante porque es
el que permite situar la posición del buque
con el auxilio de otros recursos técnicos,
principalmente el cronómetro y las tablas
de navegación impresas. la información que
proporciona el compás es vital, pero es un
dispositivo pasivo a pesar de las correcciones
básicas a que debe ser sometida su lectura
antes de aplicar el resultado sobre la carta de
navegación. al contrario, el sextante requiere
de un manejo adecuado y de conocimientos
teóricos más avanzados.
Buscando una definición podemos
reproducir lo indicado por José de Simón
Quintana en su obra “Capitanes de Yate” (Cádiz
2001) cuando dice que el sextante marino es
un instrumento portátil para medir el ángulo
entre dos puntos “haciendo coincidir en la
línea del ojo del observador el rayo directo de
un punto y el rayo, doblemente reflejado, del
otro punto”. añade que su nombre proviene
del latín “sextans” es decir “la sexta parte”.
O sea que “el arco de los sextantes marinos
viene a valer aproximadamente la sexta parte
de una circunferencia. debido a la doble
reflexión del rayo en los espejos, el sextante
mide ángulos hasta de 120º o más”.
Compulsando viejos manuales damos con
la descripción que hace el “american Practical
navigator” publicado hace 80 años por el
Servicio Hidrográfico de los EEUU, donde se
indica que “el sextante es un instrumento
para medir el ángulo entre dos objetos
haciendo coincidir en el ojo del observador
rayos de luz recibidos directamente desde
uno y por reflexión desde el otro” recalcando
que en razón de sus pequeñas dimensiones,
su exactitud, y especialmente el hecho de
que no requiera un soporte permanente
o estable sino que está disponible al uso
bajo las condiciones existentes a bordo, es
el instrumento más importante para los
objetivos del navegante. sin ánimo de entrar
en detalles técnicos, debemos no obstante
recordar que el empleo de este apreciado
instrumento que llamamos sextante no está
restringido a la navegación astronómica de
alta mar, sino que tiene igualmente aplicación
en la navegación costera por su capacidad de
medir ángulos entre puntos de la costa y así
determinar la posición del buque.
Para el tripulante iletrado de siglos
pasados debió tener algo de mágico el que
el piloto con conocimientos de navegación
“de altura” fuese capaz de fijar la posición
del buque sin tierra a la vista y nada más que
con el auxilio de alguno de los antepasados
del sextante moderno, como el astrolabio, la
ballestilla, el octante u otra de esas reliquias
de la navegación astronómica que auxiliaron
a los marinos en los grandes descubrimientos
geográficos y en la expansión del comercio.
En días más cercanos a los nuestros, la
navegación astronómica apoyada en el empleo
del sextante no ha sido materia exclusiva de
la navegación marítima. recordemos que la
navegación aérea también hacía uso de él y
algunos sofisticados sextantes de aeronaves,
ya en desuso, son muy apreciados por
coleccionistas de instrumentos de precisión.
es decir la navegación astronómica termina
haciéndose indispensable para fijar la
posición en cualquier terreno carente de
puntos fijos de referencia, como sucede no
sólo en la mar sino igualmente en un desierto.
Por ejemplo, durante la segunda guerra
mundial el sextante se hizo indispensable
a las tropas involucradas en la campaña del
norte de áfrica.
Sextante versus GPS
Con cierta frecuencia, las publicaciones
especializadas en temas marítimos suelen
reproducir comentarios y discusiones en
torno a la continuidad de la enseñanza
del empleo del sextante en las academias
náuticas. la causa de la polémica ha sido
obviamente la aparición del sistema GPS
(“Global Positioning System”), formando
parte de lo que en términos generales es
denominado “Global Navigation Satellite
System” (GNSS), de uso militar y civil. la
popularización del GPS, incluso en la vida
cotidiana (transporte terrestre, yates, etc.)
conduce a plantearse la interrogante sobre
la necesidad de continuar la instrucción de
la navegación astronómica tradicional, más
costosa en tiempo. a esto se suma el hecho
de que la posición geográfica determinada
a través de GPS presenta normalmente
un margen de error considerablemente
menor que la obtenida por los instrumentos
tradicionales. no obstante lo recién afirmado,
el GPS puede mostrar limitaciones derivadas
de su dependencia de sistemas de defensa
que pueden alterar a voluntad su eficacia, es
decir la exactitud de los resultados.
Cabría añadir que se cierne sobre el GPS
una cierta actitud de subestimación derivada
talvez de la facilidad con que cualquiera,
sin preparación especial, puede obtener
información exacta con un simple gesto, en
contraposición al sextante que requiere de
conocimientos y entrenamiento. en otras
palabras, un viejo marino experimentado
puede terminar mirando a quienes manipulan
el GPS como en los tiempos de colón los “lobos
de mar” debieron mirar a quienes ubicaban
el norte con la ayuda de una oscilante aguja
imantada, en circunstancia de que ellos
alcanzaban el mismo resultado basándose
en una larga experiencia de observación del
firmamento, el vuelo de las aves, la dirección
en que corrían las nubes, etc.
Toda innovación tecnológica suele encontrar
incrédulos, sino detractores. esto conduce inevitablemente
a mencionar comentarios en torno
al tema, particularmente aquellos derivados de
foros y discusiones profesionales. a manera de
ejemplo, la revista holandesa “Notices to Master
Mariners” (sept. 2007) presenta una nota cuyo
título es ya una advertencia: “¿desaparecerá la
navegación astronómica?”, llamando la atención
sobre rumores que circulan acerca de la eliminación
de asignaturas vinculadas a esta faceta de
la formación profesional de oficiales mercantes.
Pero no hay que olvidar que cualquier mutilación
que quiera hacerse a programas de estudio,
particularmente en materias tan importantes, va
en contra de reglas impuestas por convenciones
internacionales.
La revista norteamericana “Professional Mariner”
trae en una reciente edición (sept. 2009)
un artículo firmado por el oficial mercante Kelly
Sweeney, en el que éste relata algunas experiencias
personales sobre la materia. Por ejemplo,
dice que siendo primer piloto a bordo de un
buque oceanográfico en el mar adriático, operando
entre Italia y Croacia, pudo comprobar
repetidas perturbaciones en el GPS derivadas
presumiblemente de la presencia de una base
militar vecina. frente a este incidente, el capitán
del buque recordó otro hecho semejante ocurrido
en California y producido por un instrumento
tan banal como la antena de televisión de un
yate capaz de producir una fuerte interferencia.
Sweeney menciona igualmente las tormentas
solares que pueden acarrear graves perturbaciones
y, para que decirlo, en caso de conflicto armado
se puede dislocar intencionalmente todo
el sistema de acuerdo a las necesidades impuestas
por una emergencia. añade: “el GPS no es
una tecnología nueva. han transcurrido 20 años
desde que el primer satélite GPS fue lanzado al
espacio y muchos de los satélites originales estarán
pronto en las postrimerías de su vida útil”.
Por otra parte, hace notar que varios años atrás
experimentó una gran sorpresa cuando siendo
piloto a bordo de un buque de un centenar de
metros de eslora, navegando entre Seattle y
Alaska, comprobó que no existía un sextante a
bordo. el título del artículo que hemos venido
citando refleja el fondo del problema: “es aconsejable
mantener GPS y sextante a bordo”.
Testimonios literarios
Dando un salto atrás en el tiempo puede
apreciarse que textos de hace cuatro siglos y
medio ponen el acento en la importancia de
los instrumentos auxiliares del marino. entre
otros, Pedro de medina en su obra “El arte de
navegar”, publicada en Valladolid en 1554,
indica en un párrafo impregnado del sabor del
castellano arcaico que “una de las cosas más
sublimes y de mayor entendimiento que en el
arte de navegar hay es la altura del sol, porque
ésta enseña verdaderamente el camino que
el que navega hace o ha de hacer. sin esta
altura los que navegan a zonas remotas y muy
distantes no podrían hacer sus navegaciones
ciertas si éstas faltasen”.
En uno de sus libros de viajes, el famoso
navegante francés alain colas nos transmite
su impresión optimista respecto al tema:
“después de haber considerado por largo
tiempo la navegación astronómica como una
ciencia misteriosa reservada a una elite de
iniciados, resolví profundizar el asunto antes
de preparar mi saco para la travesía. un poco
de sentido común, algunas ‘recetas de cocina’
y sobre todo mucha atención, es más que
suficiente...” (citado de “un tour du monde
pour une victoire” París 1972).
Otro marino de la misma nacionalidad,
Marcel Bardiaux, describía hace medio siglo
su primer contacto con el prestigioso instrumento
y sus cualidades, vinculación que establecía
–aunque parezca increíble-sólo en
vísperas de lanzarse a una vuelta al mundo en
solitario en su pequeño velero “les 4 vents”:
“confieso que no soy más que un debutante a
pesar de los dieciocho meses vividos a bordo,
porque navego todavía por estima, es decir,
que no sé todavía hacer el cálculo astronómico.
esto escandalizará talvez a navegantes más
matemáticos, pero ésta es la verdad. sin embargo,
todo lo necesario se encuentra a bordo:
un hermoso sextante nuevo en su estuche de
caoba, un magnífico cronómetro de marina de
una precisión maravillosa cuya marca longines
es la mejor garantía, las tablas náuticas y las
efemérides, varios manuales de navegación
describiendo diferentes métodos e incluso un
tratado más completo destinado a los exámenes
de alta mar. habiendo tenido la curiosidad
de hojear este último lleno de signos algebraicos
y de tablas de temibles logaritmos, tuve
que acostarme con una horrible jaqueca sin, a
pesar de esto, haber avanzado en mis conocimientos
teóricos [...] los profesionales tienen
generalmente tendencia a exagerar el lado
técnico del problema y, ya que actualmente
existen métodos tan simples de calcular la posición,
me pregunto por qué algunos se obstinan
todavía en complicarse inútilmente la existencia.
más adelante se verá cómo resolví el
asunto de la posición astronómica en una sola
tarde y sin jaqueca”.
Explica a continuación cómo habiendo
trabado amistad con un ex oficial de
marina, éste le transmitió los elementos
fundamentales del arte: “le hice notar, tengo
a bordo una buena docena de manuales que
describen otros tantos métodos. no me falta
sino asimilar uno. esta observación le hizo
sobresaltar:
-¿y usted va a lanzarse así en el atlántico?
-Cristóbal Colón encontró américa sin
saber que existía y sin embargo él no tenía
ni sextante ni cronómetro. al menos yo sé
donde se encuentra américa y tengo los
preciosos instrumentos en un armario. ¡que
me vaya al diablo si durante la travesía no soy
capaz de aprender a usarlos!
Mi respuesta le hizo sonreír y estuvo de
acuerdo conmigo en que yo no corría el riesgo
de no encontrar américa.
-en fin, añadió, acepte que es mejor
romperse la cabeza provisoriamente durante
una hora que de romper todo definitivamente
sobre los roqueríos de "Aux 4 vents de l’aventure” París 1958).
Exageración talvez, propia de escritor
y de aventurero, pero si citamos aquí las
líneas precedentes es para contribuir a
la demistificación del sextante y de la
navegación astronómica. no hay misterio,
ni magia, ni siquiera talento matemático
especial. simplemente una serie de
conocimientos básicos, un poco de cálculo y
mucha paciencia y prolijidad, especialmente
en los pasos iniciales de familiarización con
este instrumento.
Pero no sólo en la literatura hay apariciones
del sextante que bordean lo anecdótico.
talvez algunos recuerden aquella escena de
un film típico de hollywood en el cual John
Wayne –en el rol de oficial de marina- toma
el sextante, lo enfoca hacia un cielo cerrado
y sin más trámite dicta con voz de autoridad
la posición del buque como si el instrumento
por sí solo entregara la latitud y la longitud.
situación incomprensible que sería atribuible
al guión de la película, ya que Wayne en la
vida real fue buen navegante y su fortuna le
permitió estar en posesión de un yate de 42
metros de eslora.
Poniendo el punto final, el autor de este
artículo indica que hace tres décadas cayó en
sus manos un manual norteamericano (por
k. kenny 1979) cuyo sugestivo título vertido
al castellano es: “Navegación astronómica.
Procedimiento paso a paso para el que
es completamente idiota”, el cual -debe
confesarlo- se convirtió en su texto de estudio
preferido en esta materia.