Una Experiencia Enriquecedora
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Alexander Tavra Checura
Contraalmirante
Secretario General CSAV
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He querido testimoniar en
este artículo, para quienes no
conocen la vida en las naves
mercantes nacionales, una experiencia que
viví a bordo de la MN “Cóndor” en la cual,
gracias al apoyo y gentileza de los ejecutivos
de la Naviera Transmares, navegué desde
Punta Arenas a Puerto Chacabuco entre el 2 y
el 5 de mayo de 2009.
Debo señalar que, en mi anterior carrera
naval, serví 17 años embarcado en unidades
de combate. Sin embargo, nunca logré
navegar en una nave mercante, por lo cual,
esta oportunidad que se me presentaba
era, además de un desafío, la ocasión de
comprobar la efectividad de viejas historias
marineras y mitos escuchados en mis años
mozos sobre la marina mercante chilena.
Mi primer contacto con la nave ocurrió a
las 15:30 horas del sábado 2 de mayo, al llegar
a su costado, cuando ella estaba atracada en
el muelle José Santos Mardones, con su carga
de contenedores ya “rematada”. La primera
impresión que obtuve fue muy favorable,
llamándome positivamente la atención su
magnífico estado general.
Fui recibido muy amablemente por el
Primer Piloto, Sr. Manuel Venegas Astorga,
quien me condujo al camarote asignado y
luego al puente de mando, donde conocí al
Capitán Sr. Héctor Chible Toledo quien, tras
indicarme algunas instrucciones relativas a
la seguridad, procedió a dar las órdenes para
zarpar.
Motonave “Condor”
Aprecié que la maniobra era cubierta
por muy pocas personas y que en el puente
sólo permanecían el Capitán y el Primer
Oficial. El zarpe se desarrolló en silencio
y evidenciando gran seguridad, mientras
que la máquina respondía ágilmente a las
órdenes mediante los controles remotos
del puente de mando. descubrí una primera
diferencia con los buques de guerra: las
maniobras se pueden hacer igualmente
bien, con menos personal.
A la caída del crepúsculo navegamos el
paso Tortuoso, el paso Largo y cruzamos el
cabo Tamar, demostrando la nave poseer
excelentes condiciones marineras y un
excelente andar, entre 16 y 17 nudos. más
tarde, navegamos el paso Shoal y el canal
Mayne/paso Summer, aumentando mi
curiosidad al comprobar que todas las tareas
se cumplían metódicamente, con un mínimo
de gente. aprecié también que, casi sin
necesidad de órdenes, cada marino sabía qué
hacer y lo ejecutaba muy profesionalmente.
Por interés personal, solicité visitar en
detalle la sala de máquinas. Esta fue otra
grata experiencia y tanto el Jefe de Máquinas,
Sr. Claudio Valdés Monsalve, como el Oficial
Electricista Sr. Julio Fredes Serey, Sargento
(M.Eln.Ret) demostraron mucho entusiasmo y
orgullo por su trabajo, mientras que yo miraba
con ojo crítico y con un sesgo muy “naval”,
buscando encontrar “detalles” que pudiera
atribuir a la escasa dotación de personal.
reconozco que me equivoqué y, tras recorrer
todos los espacios, incluyendo el servomotor,
no observé detalle alguno.
En las horas de rancho compartí con los
Oficiales en su pequeña cámara, escuchando
de su parte diversas y muy ricas experiencias
obtenidas tras largos años servidos y con
mucho sacrificio personal, en las flotas de
pesca y naves mercantes. Lo mismo obtuve
de algunos miembros de la tripulación,
quienes poseían un impresionante currículum
marinero.
A mediodía del domingo 3 de mayo, el
capitán invitó a toda la tripulación, pasajero
incluido, a compartir una empanada en
el puente de mando, preparadas por el
excelente cocinero de la nave Sr. Jorge
Sánchez Sepúlveda, con la entusiasta
colaboración del Primer Oficial Sr. Venegas.
Me resultó muy grato observar a la totalidad
de los 16 miembros de ella departiendo
en un ambiente de sana camaradería,
intercambiando anécdotas y bromas relativas
a su dura profesión de marinos. Comprobé que
los marinos, seamos de guerra o mercantes,
compartimos similares inquietudes, temores,
y esperanzas.
Cruzamos luego la angostura Guía para
arribar con las primeras luces del día siguiente
a la angostura inglesa, la cual navegaríamos a
las 07:20 horas. Sin embargo, la aparición de
una repentina falla en una culata del motor
propulsor al cortarse dos largos pernos de
ajuste, obligó al Capitán a continuar con andar
reducido y arribar a Puerto Edén para efectuar
la reparación del caso.
Durante toda la noche, tres de los
cuatro oficiales ingenieros demostraron con
creces su profesionalismo, trabajando sin
descanso y codo a codo para cambiar los
pernos cortados. mientras tanto el Capitán
evaluaba la situación meteorológica, que se
anunciaba de variable a mala, ponderando
muy analíticamente la situación versus la
seguridad de su tripulación, carga y nave.
Otra lección aprendida: en una nave de
la marina mercante nacional, también se
trabaja con tanto sentido del cumplimiento
del deber como en la marina de guerra.
A la mañana siguiente y tras efectuar
positivamente las pruebas de rigor, zarpamos
a cruzar la angostura inglesa, seguidos de
cerca por la MN “Skorpios II”. Durante mi
carrera naval crucé la angostura inglesa
numerosas veces, observando siempre
toda clase de medidas de precaución y de
seguridad, dado el riesgo que ella representa.
Observando al Capitán, aprecié que asumía el
control total de la maniobra secundado por
el Primer Oficial quien, a su vez, controlaba
el motor, las comunicaciones y al timonel.
¡Toda la maniobra fue cubierta por tres
personas! Nueva lección aprendida: contar
con una dotación bien entrenada, prestigia
y representa un estupendo capital para una
empresa naviera.
Las condiciones meteorológicas encontradas
durante el cruce fueron buenas y el Capitán,
con mucha calma y seguridad, gobernó
su nave de 140 metros de eslora con gran experiencia
y “ojo marinero”, utilizando las enfilaciones
guías en forma perfecta hasta salir
al canal Messier, sin olvidar salir al alerón de
babor y agradecerle a Stella Maris, cuya imagen
recuerda a los navegantes la importancia
de conservar la fe.
Pocas horas más tarde y cercanos a la
salida al golfo de Penas, la meteorología
cambió indicando que un frente de mal
tiempo se acercaba rápidamente. El Capitán,
único responsable de la seguridad de la
tripulación, la nave y su carga, decidió salir
a cruzarlo, mientras que la MN “skorpios”,
probablemente por su menor tamaño, se
quedaba fondeada en una caleta cercana.
La MN “Cóndor” inició el cruce del golfo
de Penas al anochecer del día domingo 3 de
mayo, navegando un tramo de unas 90 millas
de la parte más dura del “track”, en medio de
crecientes lluvias y viento fresco del noroeste.
Pese a los fuertes balances y cabeceos de
la nave, seguimos avante y arribamos a la
entrada del canal Pulluche a las 02:15 horas,
con lo cual la navegación se hizo mucho más
grata.
La geografía de dicho canal es compleja,
y presenta varios sectores peligrosos. De la
misma forma que habíamos navegado antes
la angostura inglesa, el Capitán y el Primer
Piloto se constituyeron en el puente, más el
timonel de guardia, un marino con más de
30 años de experiencia náutica, iniciamos
el cruce nocturno del Pulluche el cual, tras
cuatro horas de relativa tensión, finalizó al
amanecer cuando compartimos un reponedor
café en el puente de mando.
Tras otras cinco horas de navegación,
pudimos observar las huellas del violento
terremoto y posterior tsunami ocurrido
en el territorio de aysén hace pocos años,
ingresando con la nave en la bahía de Puerto
Chacabuco, donde se nos esperaba en el
estrecho muelle de carga.
Para quienes no conocen el área, ésta
consiste en una hermosa bahía encerrada
por grandes montañas que aparentan
mucha tranquilidad y paisajes bucólicos. Sin
embargo, por la propia geomorfología de la
región, los vientos se presentan muy fuertes
y arrachados, por lo cual, la maniobra de
atraque debe ser cuidadosamente planificada,
extremando las precauciones al fondear.
Con el apoyo de un muy pequeño
remolcador de SAAM y demostrando su
gran pericia marinera, el Capitán, asistido
por su inseparable Primer Oficial, efectuó
nuevamente una maniobra “de manual”,
maniobrando la nave en forma impecable, a
pesar que posee sólo una hélice y un pequeño
“bow-thruster”, logrando un atraque perfecto,
pese a la aparición, en medio de la maniobra,
de muy fuertes y cambiantes vientos. Sexta
lección aprendida: un Capitán capaz, es pura
inversión para una empresa naviera.
Como epílogo de mi experiencia a bordo
de la MN “Cóndor”, debo destacar que
aprecié de toda la tripulación, de capitán a
marinero, un gran orgullo por pertenecer a
un grupo humano muy afiatado y profesional.
Además, en las conversaciones sostenidas
por separado con algunos y en momentos
distintos, fue notorio el reconocimiento que
sienten hacia la empresa en la cual trabajan
y, especialmente, por el estrecho contacto
que mantiene con la nave incluso, durante los
prolongados períodos de navegación, donde
los marinos deben cumplir, sin relevos, hasta
cuatro meses y medio lejos de sus hogares.
Me desembarqué con un profundo
sentimiento de agradecimiento a todos
quienes me permitieron compartir a bordo,
aunque por sólo tres días, parte de sus vidas
y experiencias, de las que nosotros, quienes
trabajamos en empresas navieras o en
dependencias de tierra, poco imaginamos.
Una lección final aprendida: nuestros marinos
mercantes, en cualquier circunstancia,
son verdaderos profesionales del mar y
materializan el “core business” de una
empresa naviera y el desarrollo de chile: el
transporte marítimo.
Como recomendación final, invitaría
a los marinos de guerra a interesarnos en
compartir y conocer más a nuestros pares
de la marina mercante nacional. y a los
ejecutivos de nuestras empresas navieras,
especialmente a los jóvenes pero también a
los mayores, les sugeriría que cada vez que
puedan visiten o se embarquen en las naves
de sus compañías para que comprueben en
la mar, cuál es el real efecto de las decisiones
que toman en tierra. Estoy seguro que todos
ellos, al desembarcar, concordarán conmigo
que aquella habrá sido una experiencia
profesional muy enriquecedora.