Buceo en el Lago Chungará
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Christian de Bonnafos Gándara
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Comando de Buzos Tácticos de la Armada
en el lago Chungará .
Durante septiembre de 1977,
el Comando de Buzos Tácticos
de la Armada, realizó una
comisión de entrenamiento en el altiplano,
llevando a cabo variadas actividades; una de
ellas, fue bucear en el lago Chungará.
Este lago se encuentra a 160 kilómetros al
este de la ciudad de Arica y a 4.600 metros de
altura sobre el nivel del mar.
Para llegar allá en buenas condiciones
físicas, debido a que a esa altura el aire está
enrarecido y la cantidad de oxígeno que se
respira es pequeña, se debe acostumbrar
al organismo en forma progresiva. Por este
motivo, pernoctamos la primera noche a
3.000 metros de altura, en el pueblo de Putre
y luego continuamos camino, para llegar al
lago, distante 54 kilómetros, al día siguiente.
Pese a que llevamos ropa, carpas y
equipo para acampar, preferimos aceptar
la hospitalidad del Ejército en Putre y de
Carabineros en chungará, debido a las bajas
temperaturas nocturnas de hasta - 20° c.; de
día, la temperatura llegaba hasta 20° c.
Arribamos al lago en la tarde y dejamos
todo listo para efectuar varias prácticas de
buceo al día siguiente, con equipo común con
aire comprimido (circuito abierto, que echa
burbujas al respirar) y con equipo de oxígeno
(circuito cerrado, que no echa burbujas al
respirar).
Al día siguiente, nos separamos en dos
grupos: uno de los cuales efectuaría varias
operaciones sucesivas de buceo con equipos
de aire y el otro, que debía efectuar una
operación de buceo simultánea con equipos
de circuito cerrado.
De apoyo, contábamos con una cámara
de descompresión individual y dos botes de
goma con motores fuera de borda de 40 hP.
Sin embargo, debido al poco oxígeno del aire
a esa altura los motores sólo funcionaron en
ralentí y se detenían a la menor carga, por
lo que tuvimos que bogar. Al ponernos los
trajes de neoprene, todos pensamos que
éramos objeto de una broma, porque éstos
habían crecido varias tallas. Nos explicamos
la situación, al analizar que las burbujas
internas de nitrógeno que forman parte
del material, se habían expandido y habían
hecho crecer los trajes.
Otra sorpresa fue sentir que, al entrar
al agua, nos íbamos al fondo como piedras
y tuvimos que quitarnos el cinturón con
plomos y bucear sin él. La posible explicación
es que el agua tiene muy pocas sales
minerales disueltas y es muy liviana, lo que
produce poca boyantez.
La temperatura del agua estaba en 7° c, muy
turbia por partículas vegetales en suspensión y
no se vieron ni peces ni seres anfibios.
Quienes realizaron navegación con
equipos de oxígeno, recorrieron una distancia
de 1.500 metros a 7 metros de profundidad
disfrutando respirar oxígeno puro y lo echaron
mucho de menos al volver a la superficie.
Los que buceamos con equipos de
aire comprimido, necesitamos usar una
tabla especial de descompresión en
altura que personalmente calculé junto al
especialista en Medicina Submarina de la
Armada, Capitán de Corbeta, Dr. Guillermo
Oesterle. Utilizando tablas españolas de
descompresión, que llegaban sólo hasta
3.000 metros de altura sobre el nivel del mar,
las completamos hasta alcanzar los 5.000
metros. No fue un trabajo difícil, gracias al
apoyo de este experto que sabía que estas
tablas de descompresión estaban calculadas
en forma aritmética.
De los seis buceadores que usaron equipos
de aire comprimido, dos se sumergieron por
ocho minutos a veinte metros de profundidad,
otros dos por cuatro minutos a treinta metros
y por último, quien suscribe y el Cabo Jorge
Tapia, nos sumergimos por dos minutos a
cuarenta metros.
Como ninguno necesitó usar la cámara de
descompresión, comprobamos prácticamente
que los cálculos de descompresión efectuados
con el Capitán Oesterle, para sumergirnos a
esa altura, estaban correctos.
Lo que no pudimos comprobar fue la existencia
de sapos gigantes, enormes y espeluznantes
seres y hasta un gigantesco toro que,
de acuerdo a los lugareños, viven en las aguas
del lago y salen a la superficie, en oscuras y
tenebrosas noches de tormenta.