El Laboratorio Químico del Servicio
Hidrográfico y Oceanográfico de la Armada
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Christian Bonert Anwandter
Analista del Laboratorio Químico del SHOA
Socio Liga Marítima de Chile
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La necesidad de un laboratorio
químico en el Servicio Hidrográfico
y Oceanográfico de la Armada
(SHOA) nació de las reuniones efectuadas con
motivo del Año Geofísico Internacional que
duró de Julio de 1957 a diciembre de 1958
en las cuales, Chile tuvo una participación
destacada. hombres de ciencia de más de
cincuenta naciones, procedentes de diversas
disciplinas, se reunieron con el afán de llevar
a un mayor y más profundo conocimiento de
nuestro planeta, la tierra. Además, durante
el primer seminario latinoamericano sobre
el océano Pacífico oriental, organizado por
la UNESCO en 1964, se concluyó que había
que intensificar la investigación científica en
el campo de la oceanografía física. la Armada
de Chile, a través del Instituto Hidrográfico,
hoy Servicio Hidrográfico y Oceanográfico
de la Armada - SHOA, debió profundizar sus
actividades en el campo de la oceanografía,
para lo cual requirió, del concurso de
técnicos y especialistas en ciencias marinas
y de un buque de investigación equipado
para obtener muestras en aguas oceánicas
profundas. Para ello, se adaptó el patrullero
de alta mar, AGS “Yelcho”, dotándolo de un
laboratorio químico.
En ese tiempo, los análisis químicos
consistían en determinar la magnitud
de la salinidad y del oxígeno disuelto en
el agua de mar, información requerida
para la oceanografía descriptiva. Ambas
técnicas analíticas eran del tipo volumétrico,
consistentes en determinar la concentración
de los parámetros antes señalados, midiendo
el gasto de un reactivo. Posteriormente, con
la adquisición de un salinómetro inductivo, se
simplificó el análisis y aumentó la precisión. El
oxígeno disuelto, aún se sigue analizando con
el método volumétrico creado por Winkler en
el año 1888; solamente se ha modernizado el
instrumental para medir el volumen gastado.
Actualmente, se cuenta con modernos
salinómetros de conductividad y medidores
electrónicos de volumen de alta precisión.
Dichos análisis, fueron la principal
actividad en el laboratorio hasta principios
de la década del setenta. En esa etapa, para
la Armada, la investigación oceanográfica
presentó diversos desafíos, tales como
estudiar la propagación del sonido
submarino, el movimiento de las olas,
corrientes, los tsunamis y contaminantes
marinos. Esta última necesidad requirió una
nueva implementación del laboratorio, tanto
en instrumental analítico como materiales
y reactivos, con el objetivo de aumentar la
cobertura de investigación y especialmente
para responder a los grandes programas
internacionales, a los cuales el país estaba
interesado en suscribirse. Simultáneamente,
los estudios costeros presentaron mayor
demanda, debido al incremento de la
percepción del daño ambiental causado por
el mayor flujo de contaminantes vertidos al
ecosistema marino. Se iniciaron evaluaciones
de impacto ambiental (EIA), que generaron
diversos estudios, tanto en la dinámica como
en la composición de las aguas aledañas a
potenciales fuentes contaminantes.
Los problemas ambientales antes
señalados, derivaron en la creación
de un Programa de Química Marina,
incrementándose nuevas necesidades
analíticas al laboratorio oceanográfico. Esta
diversidad de desafíos en el tiempo, fue causa
de una reorientación de las necesidades
del SHOA, generando nuevos desafíos para
el Laboratorio Químico. La necesidad de
cambios trajo consigo la actualización de
conocimientos, dando origen a cursos de
capacitación efectuados en organismos, tales
como el Laboratorio del Medio Ambiente
Marino, con sede en Mónaco, perteneciente
a la Agencia Internacional de Energía Atómica.
Estos cursos permitieron implementar técnicas
analíticas reconocidas internacionalmente.
Desde el año 1986, se realizan en el
Laboratorio Químico los análisis para el
estudio de niveles base de hidrocarburos
aromáticos Policíclicos (HAP), con el
propósito de evaluar cuantitativamente el
grado de contaminación por petróleo vertido
en forma de derrame y/o crónicamente,
producto de las actividades portuarias
y quema de combustibles y/o por el
escurrimiento de aguas urbanas. Las áreas
estudiadas hasta la fecha son: bahía de
Valparaíso - Concón, área frente al puerto
de San Antonio, bahías de Concepción y San
Vicente, bahías de Coquimbo y la Herradura
de Guayacán, Huasco, Caldera, Calderilla,
Bahía Inglesa, bahía de Iquique, Mejillones
del sur, Antofagasta, río Valdivia y bahía de
Corral, Puerto Montt, bahía de Quintero
y bahía de Chacabuco. Estos estudios son
un referente para determinar el grado de
contaminación en caso de derrames de
hidrocarburos.
Pero no sólo se han desarrollado técnicas
analíticas cuantitativas, sino que, también se
han implementado protocolos para identificar
o correlacionar petróleo en el medio ambiente
marino. Para estos efectos, el Laboratorio
Oceanográfico del SHOA cuenta con instrumentos,
como son los cromatógrafos de gases
y espectrofotofluorímetros. Dichos equipos
generan “huellas digitales” del combustible
vertido al medio acuático, lo cual, permite
comparar e identificar el origen de las distintas
muestras obtenidas en el área siniestrada.
La Comisión Permanente del Pacífico Sur
(CPPS), mediante su programa CONPACSE,
entregó al Laboratorio Químico, fondos
para desarrollar análisis de pesticidas en
sedimentos y organismos marinos, con el
objeto de implementar una red de vigilancia de
pesticidas organoclorados (pesticidas), hecho
que se materializó en un plan de monitoreo
en las áreas de las desembocaduras de los ríos
Aconcagua, Maipo, Maule y Bío Bío.
Por otra parte, el Laboratorio Químico, se
adjudicó diversos proyectos de investigación,
financiados por el Comité Oceanográfico
Nacional, mediante su Programa CIMAR, lo
cual le ha permitido incursionar en áreas tan
diversas como la zona de los canales del sur,
isla de Pascua y la antártica. estos estudios han
permitido detectar presencia y concentración
de pesticidas e hidrocarburos de petróleo en
áreas remotas, pero de creciente actividad
antrópica (causada por el hombre).
Actualmente, el laboratorio oceanográfico
está incursionando en la forénsica ambiental
marina, para lo cual, cuenta con un
cromatógrafo de gases con detector de masa.
Dicho instrumento, de avanzada tecnología,
permite identificar fuentes de hidrocarburos
mediante la detección de biomarcadores.
Los logros alcanzados por el Laboratorio
Oceanográfico del SHOA durante sus primeros
cincuenta años de existencia, se deben a
una perseverante política de mejoramiento
continuo, impulsada por la Armada de Chile,
con el apoyo de aquellos profesionales y
científicos que cumplen con celo, una labor
desconocida para la comunidad, pero muy
importante para el conocimiento de nuestro
entorno marítimo.