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Liga Mar¡tima de Chile

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Comentario de Libros

Claudio Solar López

piloto De Cachucho a Navío,
Sixto Bórquez, con sabor a mar

El Capitán de Navío, Ingeniero Naval, Sixto Hernán Bórquez Bórquez es un grato reincidente en la creación de relatos que se mueven en la atmósfera marinera. Sus colaboraciones han quedado en las revistas "Cien Aguilas" (1953) y "Anclas" (1957), "Revista de Marina" y "Mar" de Liga Marítima. También hemos tenido oportunidad de conocer sus cuentos leyendas y anécdotas en "El Trauco en Santiago y otros cuentos". 2001 y en "De Playa Ancha a la luna". 2002. Su última y reciente obra se publica con el auspicio de Liga Marítima de Chile, "De Cachucho a Navío". 2004. Con la amenidad que le caracteriza aborda, sobre todo, anécdotas recogidas o vividas en su experiencia por los ambientes de mar o sus navegaciones.

En "Muerte de un viejo navío". Su versatilidad le hace recuperar las vivencias íntimas de un anciano navegante que vive sus últimos arrestos de pasión movido por el afecto de una de las tantas mujeres de la noche y en cuyo abordaje sucumbe dignamente como un viejo navío. Su inquietud literaria no sólo se mueve entre los sentimientos humanos, sino que alcanza a tocar los de los viejos amigos del hombre, como son los canes que, a veces, acompañan como mascotas a los navegantes en sus barcos. "El Intruso" es más bien sólo una pincelada que dibuja el conflicto de un perro celoso - "El Piloto" - ante la invasión de otro extraño - "Drake"- en su área de navegación; pero el autor los maneja hábilmente como sutiles y sencillos personajes.

"La Minga del Holandés" recoge, una vez más, otro de los aspectos de las inquietudes y experiencias del autor: las míticas y supersticiosas tierras chilotas. Describe el tradicional traslado de una casa a otro lugar de la isla, con el empuje de los bueyes contra la intervención de los habituales fantasmas del pasado que pueblan hasta hoy, la noche de la isla de Chiloé.

En cuanto al estilo, el Comandante Bórquez no tiene pretensiones. Se desliza sencillo, convencional, como el fluir de una charla a la grata hora de las conversaciones. Lo importante es que describe señalando detalles que diseñan las costumbres, los hechos y el sentir de sus personajes. Lo que consigue que, a pesar de ser un reincidente en el incontenible vicio de escribir de los escritores, sus relatos sean recibidos con agrado y simpatía.

piloto La Tormenta Esperada, novela del
Contraalmirante Francisco Martínez Villarroel

Al igual que la obra anterior, "El Albatros Dorado". 2003, del Contraalmirante Francisco Martínez Villarroel, pese al recurso de la creación de un protagonista, "La Tormenta Esperada". 2004, reviste más bien el carácter del género "memorias". Si bien es cierto existe un personaje creado -teniente Javier Valdés- el que debe enfrentar vicisitudes, no vemos más antagonistas que las dificultades para cumplir el objetivo que se le encargó en su profesión. A pesar de que hay un comienzo y un desenlace, no existe la propiedad de un "nudo", como uno de los elementos de la novela.

Pero ésta es sólo una objeción a la clasificación que quiere darle a su obra el autor. Se diría que, para una novela, los personajes son muchos, como los que se describen y se van dejando de lado, capítulo a capítulo, durante los pormenores del viaje. Como ocurre en un viaje, los personajes no siguen acompañando al protagonista, el que avanza a través de ciudades, estamentos, usinas, en la búsqueda de su objetivo: recibir el ATF "Galvarino" en un puerto danés y conducirlo a Chile. Así ocurre con el pintoresco chino del modesto hotel de paso o con el diestro y avezado capitán del transbordador que debe conducirlos por las tempestuosas aguas del mar del Norte. Con breves pinceladas están bien diseñados.

En el desarrollo, el Contraalmirante Martínez recurre a diversos elementos "domésticos" que resultan valiosos: comidas de los tripulantes, charlas, inquietudes, preocupaciones por los familiares lejanos, que humanizan la conducción del relato. No puede negarse que hay un suspenso, como es cumplir con cero falta la conducción del Galvarino y del Janequeo a las costas de Chile. Pero esto ya está dado en la primera nave, rememora la trayectoria vivida y sufrida. Como en las novelas bellas del pasado, hay un final feliz cuando al arribo de la nave, sorpresivamente, el Almirante José Toribio Merino toma su mando y se da el agrado de poner fin, en esta forma, al singular recorrido del Galvarino.

Para los que simpatizan con las faenas del mar, será satisfactorio interiorizarse de esos pormenores de los marinos chilenos, en tierra y lenguas extrañas, en que en ciertos momentos se viven inquietudes semejantes a las de los civiles, como saber enfrentar las rutinas de cada nuevo día en ambientes desconocidos. Al cerrar la última página creemos que el autor ha cumplido con su cometido: "contar a un público institucional y también a los amantes de las aventuras, vivencias que son a su juicio, importantes de conocer toda vez que no es frecuente vivir en la Armada y en otras instituciones, el entorno que plantea la novela".

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