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Síntesis sobre algunos navegantes españoles transpacíficos, relacionados con el Reyno de Chile

Hernán Ferrer Fougá
Capitán de Navío

Tal cual es conocido, la divisoria mundial entre España y Portugal fue finalmente definida en 1494 por el Tratado de Tordesillas, pero la antípoda no quedó delimitada hasta el año 1529, fecha en la cual se firmó a este respecto el Tratado de Zaragoza, mediante el cual España desistió sobre sus derechos en cuanto a las Molucas, pero conservó aquellos correspondientes en toda su integridad al archipiélago Filipino.

Precisadas ya las divisorias territoriales, España, al margen del viaje de circunnavegación de Magallanes - Elcano (1519-1522), cuyo destino, al igual que aquel del comendador Loaysa, (1525) fue las Molucas, se orientó a explorar el Pacífico desde Nueva España, o bien desde el Virreinato del Perú, a fin de ir descubriendo sus principales archipiélagos para tomar posesión después, toda vez que, de acuerdo a este Tratado binacional le pertenecían.

En el mencionado y loable empeño náutico que fue necesario ejecutar a este respecto, es del caso citar a continuación los nombres de sus más meritorios nautas a saber: Andrés de Urdaneta (1525), Alvaro De Saavedra (1528), Hernando de Grijalva (1537), Iñigo Ortiz de Retes (1541), Ruy López de Villalobos (1542), Bartolomé Ferrer (1543), Miguel López de Legazpi (1563), Alvaro Mendaña de Neira (1567), Isabel de Barreto (1595), Pedro Fernández de Quirós (1568) y Luis Váez de Torres (1568).

No obstante, serán evocados a continuación en detalle, sólo los tres siguientes: Hernando de Lamero, Juan Fernández y Juan Jufré, por ser los únicos que concernieron al Reyno de Chile.

Hernando de Lamero, Juan Fernández y Juan Jufré.

El piloto Hernando de Lamero y Gallego de Andrade, nacido en Galicia, fue de los más reputados que existieron en los dominios españoles del Pacífico Sudeste, no sólo en cuanto a sus navegaciones en aguas chilenas, al haber conducido hasta Concepción a la Escuadra de Don García Hurtado de Mendoza a su arribo a Chile, aparte de habérsele confiado el transporte anual del tesoro enviado por los virreyes desde el Callao a Panamá, o bien el haber participado como piloto de la primera expedición de Pedro Sarmiento de Gamboa desde el Callao al estrecho de Magallanes en demanda de España, sino en particular al ser designado por el virrey del Perú, don Lope García de Castro (1564-1569), como piloto mayor de la expedición que zarpó del Callao, el 10 de noviembre de 1567, al mando de Álvaro de Mendaña de Neira a descubrir, tal cual luego cumplió, el archipiélago de las Salomón y en circunstancias que fue Hernando de Lamero quien escribió la descripción hidrográfica y meteorológica del viaje, en particular el régimen de los vientos, antecedentes de la mayor importancia en aquella época en su relación con la propulsión, definiéndose por lo tanto cuales eran, según las estaciones del año, las mejores rutas de ida y regreso transpacíficas, según los lugares de destino.

Lamero, a comienzos del siglo XVII, recibió del virrey del Perú, el título de "Almirante del Mar del Sur", aparte de haber sido propietario de una nave en sociedad con el licenciado Torres, la cual fue incendiada por el corsario Drake en su ataque a Valparaíso a fines de 1578.

Por su parte, el piloto Juan Fernández no había tenido una hoja de vicisitudes tan destacada como la de su antecesor, toda vez que, se había circunscrito por décadas a navegar rutinariamente el periplo Valparaíso - Callao - Valparaíso, hasta que, habiendo hecho uso de las esclarecidas enseñanzas de Lamero, en cuanto al régimen de los vientos, al apartarse del continente americano, logró reducir el tiempo de navegación desde el Callao a Valparaíso a 30 días, en lugar de los tres meses anteriores.

Al respecto este navegante se encontraba establecido en Chile desde el año 1550, habiendo llegado al país a la edad de 22 años.

En 1564, después de más de tres lustros de experiencia en la ruta antedicha, logró destacarse al alcanzar el record ya mencionado, aparte de haber avistado el archipiélago que luego lo inmortalizaría, el 22 de Noviembre del mencionado año, desde una distancia de 10 millas marinas y en circunstancias que servía como maestre del navío "Nuestra Señora de los Remedios".

El probable viaje de Juan Jufré y de Juan Fernández a la Oceanía, ocasión en la cual habrían descubierto Nueva Zelanda y Australia, se basa en un documento que, presentó a SMC. Felipe II, el licenciado Juan Luis de Arias, alrededor del año 1615, "proponiendo conquistar las tierras que había descubierto el piloto Juan Fernández, luego de haber navegado durante un mes desde las costas de Chile hacia el oeste, habiendo sido el mismo que antes había reducido a sólo 30 días de viaje la navegación entre Lima y la costa central de Chile".

En cuanto a las referencias de las mencionadas tierras descubiertas por Juan Fernández, se hace saber que de acuerdo al relato existente se trataba de un suelo montañoso, fértil y poblado por gente blanca (Nueva Zelanda y los Maories), de ríos correntosos y que contaban con todos los frutos necesarios para subsistir.

Dicho antecedente habría sido el resultado, según don José Toribio Medina, del informe que presentó Juan Fernández a su regreso al Cuartel Maestre del Ejército Pedro Cortés, acompañado de un croquis de las tierras que había explorado, quien lo llevó a España y lo informó personalmente a SMC. el Rey.

Historiadores extranjeros de conocido prestigio, como Dalrymple y Burney entre otros, indican que Juan Fernández fue el descubridor de Nueva Zelanda y distintos europeos creen que incluso visitó Australia, basándose en el documento de Arias y las descripciones del terreno y de los ríos, aparte que indican el año de 1576 como fecha de la expedición, lo cual es coincidente.

A este último respecto, don Francisco Antonio Encina en su conocida y prestigiosa obra "Historia de Chile", junto con confirmar lo anterior, agrega que en aquel entonces Juan Jufré solicitó al gobernador de Chile, Melchor Bravo de Saravia, una licencia para descubrir otras islas del mar del Sur, a comienzos del año 1575, refiriéndose al archipiélago que Juan Fernández había hallado, en el afán de servir de pretexto para navegar más hacia el oeste y así obtener la autorización del virrey del Perú para alcanzar las grandes islas continentes que se encontraban más hacia occidente.

Sobre el caso, cabe tener presente que otros navegantes españoles, al tenor de los relatos anteriores, ya habían ubicado no sólo las islas Salomón, sino también Nueva Guinea y otras ínsulas, las cuales creían pertenecer al continente de la "Terra Australis Incógnita", pródigo en frutos de la tierra.

Fue así como, en los astilleros de Constitución, Juan Jufré inició la construcción de dos barcos, proyecto que excedía por sus dimensiones al mero desembarco en una isla confinada y limitada en extensión, tal cual la que, preliminarmente había sido avistada, aparte que ambos, con Juan Fernández, contaban ya con todos los conocimientos que había difundido Mendaña de Neira luego de su periplo a las islas del Mar del Sur del año 1567.

Juan Fernández descubre Nueva Zelanda para España a fines de 1576.

Paralelamente, en aquel año de 1575 y ante los preparativos de la expedición, Juan Fernández, en presencia de testigos, había efectuado una declaración de competencia para asumir los compromisos que demandaría su viaje de colonización a la que sería su isla homónima, cuyos alcances, de acuerdo a lo evaluado por el historiador Encina, dan a entender que su empresa sería de una mayor perspectiva oceánica, no debiéndose olvidar tampoco que el maestro de Juan Fernández había sido Hernando de Lamero, quien también se había desempeñado como piloto del mismo Mendaña.

Juan Jufré, asimismo, le había solicitado al virrey Francisco de Toledo que enviara a Chile, para estos efectos, al capitán Pedro Sarmiento de Gamboa, quien, del mismo modo, había navegado en la primera expedición de Mendaña, debido a su experiencia transoceánica y a su firme convencimiento sobre la existencia en el Mar del Sur de fértiles tierras archipelágicas, no obstante el destino de este último, estaría marcado en otra dirección al zarpar más tarde hacia el estrecho de Magallanes, vía en la cual inmortalizaría, con su epopeya, trágicamente su nombre.

Según lo anterior, la expedición hacia el oeste se habría efectuado en la primavera de 1576, bajo la conducción de Juan Fernández, el cual según su relación a Pedro Cortés antes referida y a numerosas otras personas, habría alcanzado hasta Nueva Zelanda al mando de sólo uno de los buques de Juan Jufré, desembarcando pero sin internarse, aparte de haber avistado Australia.

A su regreso, Juan Jufré falleció en 1578 y en el intertanto habría omitido referirse al periplo comentado, a fin de que no se informara al virrey del Perú, toda vez que éste, le había negado la licencia. Mientras tanto, Juan Fernández, radicado ya definitivamente en Quillota, habló de su viaje sin lograr el interés de las autoridades, debido a la lejanía en que se encontraban las costas opuestas.

Sin embargo, gracias al historiador José Toribio Medina se tuvo un conocimiento más cabal sobre el grado de certeza de esta épica expedición y fue así como llegó a tener en sus manos una carta de Rodrigo de Quiroga, Gobernador de Chile entre los años 1573 y 1580, dirigida a SMC. el Rey, en la cual le refiere el viaje de Juan Fernández a Nueva Zelanda y Australia, la cual a la fecha no ha sido hallada en los depósitos del Archivo Nacional, no obstante son numerosos y coincidentes los otros antecedentes que configuran como cierta la posibilidad señalada, la cual no tuvo mayor realce en sus días, ante la obstinación del virrey del Perú de no haber facilitado su ejecución.

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