¿Los buques o los hombres que los tripulan?
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Mario Alegría Alegría
Abogado |
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Revisando los primeros doce números del "Nautilus", revista cuya publicación la iniciara en Septiembre de 1928 la Sociedad de Capitanes y Oficiales de la Marina Mercante de Chile y que, casualmente, llegó a mis manos, encontré información acerca de una serie de siniestros marítimos que me conduce a estas reflexiones. Desde Julio de 1928, al mismo mes del año siguiente, se hundieron en la costa de Chile dos transportes de la Armada Nacional y cinco naves mayores de nuestra marina mercante, sin contar con los siniestros que afectaron a buques de otras banderas donde se perdieron más de 300 vidas humanas.
Un corto recuento de estos siniestros: El transporte de la Armada "Angamos" se hundió en medio de un temporal el 7 de Julio de 1928, en Punta Morguilla, con un saldo de casi trescientos muertos y desaparecidos que eran parte de la tripulación o de los pasajeros que transportaba. El 2 de Septiembre se hunde el "Llanquihue" de la Cía. Braun y Blanchard, en la angostura Inglesa, salvándose los pasajeros y la tripulación. El 8 del mismo mes, el vapor "Maule" de los mismos armadores se pierde en los canales magallánicos al encallar en punta Sarward, salvándose también la tripulación y el pasaje. El 27 del mismo mes, la pequeña pero rápida nave "Alba", como se la describe en el "Nautilus", de propiedad de los señores Germain y Goudie Ltda. encalla y se pierde al chocar con una roca del cabo San Antonio que cierra, por el sur, la bahía de San Pedro. En la madrugada del 6 de Diciembre del mismo año, el vapor "América" de propiedad de los señores Artigas, Riofrío y Cía., aborda al vapor "Quintero", de los señores Bórquez Arrate y Cía., el que se hunde en pocos minutos frente a punta Patache, entre Iquique y Tocopilla, con un saldo de diecisiete muertos y desaparecidos, casi todos tripulantes. El 30 de Enero de 1929, el vapor "Concepción", de Braun y Blanchard se fue a pique en medio de un temporal en la bahía de Valparaíso, salvándose la tripulación. Y, por último, el 16 de Julio del mismo año se hunde, en medio de un furioso temporal, frente a Topocalma, el transporte de la Armada Nacional "Abtao" salvándose uno solo de sus tripulantes.
El examen, apenas superficial de estos siniestros, efectuado por alguien extraño a la profesión de marino, permite sin embargo, llegar a algunas conclusiones casi obvias. La gran mayoría de esos accidentes fue consecuencia del mal tiempo asociado a escasa visibilidad, que no habrían ocurrido si se hubiera contado con las ayudas a la navegación que se harían de uso corriente después de la Segunda Guerra Mundial. Ocurrieron a pesar de la pericia de nuestros marinos. La excepción parece ser el abordaje del "Quintero" que se produjo de noche, pero con buena visibilidad y habiéndose podido evitar la colisión con mayor diligencia de las guardias de puente de ambas naves. El otro factor que favorecía el rápido hundimiento de los buques, era la escasez o falta de compartimentos estancos y la antigüedad de los buques de nuestra Marina Mercante en esa época.
Basta para ello, referirse a la historia de las naves que participaron en la colisión del "América" y el "Quintero". La primera de ellas había sido construida en 1874, es decir, tenía 54 años navegando al ocurrir el accidente; y el "Quintero" merece una mención aparte. Había sido construido en 1859 para el transporte de carbón en el litoral y con el nombre de "Matías Cousiño", participó como buque auxiliar de la Armada Nacional en casi toda la campaña marítima de la Guerra del Pacífico. Habría sido "reconstruido" en Valparaíso en 1919. Debemos entender más bien que se le hicieron reparaciones mayores. Era de casco de fierro y estaba clasificado A-2 en el Lloyd's, pero tenía, al momento de hundirse, nada menos que ¡69 años! Una verdadera reliquia.
En esos mismos años, hay diversas menciones, en la publicación que comento, que los radiofaros y radiogoniómetros ya se encontraban en uso en el canal de La Mancha y en la costa de países más adelantados que el nuestro y hay también referencias al desarrollo del ecosonda a partir de la emisión de ondas de alta frecuencia que se reflejarían en el fondo del mar "tal como el sonido" y que permitirían, midiendo el tiempo de la respuesta, conocer exactamente el perfil del fondo del mar (transcripción de una entrevista al general Ferrié, edición de Junio de 1929 del Nautilus).
Casi cincuenta años más tarde, en 1975, surcó aguas chilenas un petrolero de bandera de conveniencia de 35.000 toneladas, el "Napier" que tomó cargamento completo de crudo boliviano y navegó cercano a la costa para tomar la ruta del Estrecho de Magallanes. El "Napier", tenía instalados dos radares de navegación, ecosonda y radiogoniómetro; es decir, contaba con todas las ayudas a la navegación correspondiente a la época y, sin embargo, pocos días después de zarpar de Valparaíso encalló en medio de la isla Guamblin, perdiéndose la nave y vaciando al mar los miles de toneladas de petróleo que transportaba, con el consiguiente daño ecológico.