REVISTA MAR Inauguración de la XXª Asamblea de FIDALMAR
La Liga Marítima de Chile inauguró la novena Asamblea de la Federación Internacional de Ligas y Asociaciones Marítimas y Navales hace catorce años en este mismo recinto. Se vivía una época de vertiginosos y cruciales cambios, que condujeron al epílogo de un siglo caracterizado por la violencia insensata. Durante su transcurso, eclosionaron diversas utopías al amparo de la justicia social y el bienestar popular acelerado; pero, en recónditos rincones doctrinarios, ocultaban totalitarismos despiadados, hegemonías mesiánicas e inequidades aberrantes. Producto de las contradicciones irreconciliables, el mundo fue azotado por los vendavales de dos colosales conflagraciones. Luego, la afligida humanidad quedó desgarrada en dos bandos antagónicos y, durante casi medio siglo, vivió aterrada bajo el enajenante Equilibrio del Terror. El inesperado desmoronamiento del emblemático Muro de Berlín señaló el crepúsculo de las ideologías. Los intransigentes bloques parecieron esfumarse en la densa niebla de la indiferencia. En el concierto de las naciones se escucharon armoniosos acordes de concordia y cooperación. La dinámica revolución tecnológica y la impaciente globalización prometían un apresurado desarrollo al esperanzado género humano, después de tantas zozobras y privaciones. Sin embargo, en los albores del tercer milenio, el terrorismo internacional reaparece en forma brutal. En esta ocasión, amalgama una siniestra mezcla de fundamentalismos y resentimientos étnicos, religiosos y culturales. La nueva versión es más virulenta e irracional que el provocado por el fanatismo político, recién superado. Sin embargo, las desquiciadas minorías, con su infernal mensaje de odio e intolerancia están condenadas a desaparecer. El desatinado frenesí de muerte y destrucción carece de sustento sólido y tiende a desplomarse en sus propias ruinas de furor demoledor. El aislamiento y repulsión general representan un bastión impenetrable para sus trastornados sicarios, sólo es cuestión de paciencia, tiempo y cohesión. Hoy, en su nonagésimo aniversario, la Liga Marítima sugiere a los presentes mirar los horizontes del Pacífico, siempre fascinantes y pletóricos de auspiciosas promesas. Es la unidad geográfica más grande del planeta. Su superficie alcanza al 44% del área líquida del globo y a un tercio de su área total. Su cuenca contiene 700 millones de kilómetros cúbicos de agua y corresponde a la reserva más cuantiosa de la Tierra. Estas considerables dimensiones físicas explican la gravitante influencia ejercida por este Océano en la regulación del clima del globo. En el ámbito político, social y económico, la mitad de la población habita en las proximidades de sus riberas. Las grandes potencias acceden a sus orillas o poseen significativos intereses insertos en su cuenca. Por su enorme superficie transita el 50% de los bienes producidos por el hombre, generando bienestar y progreso generalizado. En el profundo seno atesora incalculables riquezas vivas y no vivas; ellas aseguran la supervivencia y desarrollo de las generaciones por nacer, siempre que se cuide la explotación racional y se mantengan sus aguas sin contaminación. La historia de Chile tiene como escenario al mar. Su devenir gira incesantemente alrededor de ese eje imperecedero. Todo lo trascendente de su existencia se gesta en esos espacios ilimitados. Dicha situación no responde a la inescrutable casualidad, sino obedece a la extravagante estructura física del país, una desmesurada paradoja geográfica. Semeja a un gigantesco atolón disperso en dos océanos y tres continentes. Sus vastos dominios marítimos contrastan con sus magras tierras firmes; recuerda a la mítica Talasia, reino de fantasía y océano. Chile nace desde el mar, se le descubre en 1521. Stefan Zweig narra la proeza en forma magistral. "Con cuatro barcos emprende Magallanes animosamente la navegación de aquel canal, que en conmemoración de la festividad del día, bautiza con el nombre de Canal de Todos los Santos y que la posteridad, agradecida, denominará de Magallanes... Una rara visión espectral debió ser el avance de los cuatro barcos silenciosos, los primeros en la historia de la Humanidad que surcaban las aguas negras y misteriosas, desiertas desde tiempos inmemorables. Les espera un inmenso silencio... La mirada de pasmo de los navegantes se clava en aquel clima espectral: es como si hubieran caído en medio de un paisaje astral agostado, sin vida. ¡Adelante! ¡Adelante! Y vuelven a resbalar lentos los barcos al impulso de la brisa, quebrando el agua color de noche, que no había sentido aún la quilla de un barco. La mágica expedición atraviesa la noche quimérica, más adentro cada vez, teniendo por única compañía el salvaje himno incomprensible del viento que zumba y chilla, frío, entre los cerros". A la Madre Patria se le hizo imprescindible conservar al Reino de Chile bajo la tutela de la Corona, el motivo surgía desde el mar. El insigne Conquistador Pedro de Valdivia, con una visión estratégica sobresaliente, percibió la influencia cardinal del Estrecho de Magallanes para España. En una carta dirigida al Emperador Carlos V, fechada el 26 de octubre de 1552, le señaló: "porque toda esta tierra e mar del Sur la tendrá V.M. en España e ninguno se atreverá a hacer cosa que no deba". La Capitanía General era la llave maestra de los dominios del imperio ibero en el Pacífico. Su abandono significaba darle paso franco a otras potencias marítimas al Gran Océano, poniendo en peligro a América hispana e incluso a Filipinas. La empresa colonizadora se transformó en una onerosa e interminable guerra de desgaste contra los Araucanos. Sobre el Flandes Indiano escribió el Padre Diego Rosales "y es lo grande el ver que ha ciento y veinte y nueve años que pelea con ellos el poder español sin poderlos sujetar, habiendo consumido más de cuarenta y dos mil españoles en ese tiempo, y de el Real situado cuarenta millones". Más tarde, en la gesta de la Independencia el mar tomó un rol protagónico. Se consolidó la emancipación de las colonias de América del Sur sólo cuando la flota de la Estrella Solitaria conquistó el dominio del Pacífico, impidiendo la llegada de refuerzos desde la lejana Metrópoli europea. Los océanos no se limitan a representar el pasado sino son presente y futuro para la comunidad de las naciones. Al respecto, creo pertinente repetir algunos conceptos escritos hace dos décadas por quien les habla: "Históricamente, el centro político de nuestra civilización ha ido trasladándose pausadamente desde oriente a occidente; nació a orillas de la Mesopotamia floreció y se consolidó en la cerrada cuenca del Mediterráneo; se trasladó al Atlántico, y ya nos encontramos en los inicios de la "Era del Pacífico" la que se hará realidad en el próximo milenio; en general las predicciones existentes son considerablemente sombrías al conjugar la población, economía, tecnología y ecología. Los modelos coinciden en establecer que las naciones experimentarán un crecimiento económico discreto, un sostenido aumento demográfico, un incremento real aunque moderado de las disponibilidades energéticas, una deficiencia crítica de recursos alimenticios y un rápido deterioro ecológico… Este tétrico panorama, está atenuado por ciertos focos que irradian luces de esperanza para el hombre. Uno es el desarrollo tecnológico, otro es la explotación industrial de los mares, particularmente del Océano Pacífico, el que prácticamente es todavía un desconocido en relación a las enormes riquezas que guarda en sus profundidades; por último, la hasta ahora agresiva bipolaridad mundial, tal vez pierda parte de su intensidad atenuada por la influencia que ejercerá China que, con la sutileza oriental de su antiquísima tradición cultural, filosófica, social y política, moderará el efecto de los antagonismos ideológicos". En el tiempo que se expusieron las aludidas ideas se consideraron, con benevolencia, profecías vacías, sueños irrealizables originados por el apasionamiento vocacional de un hombre de mar. Sin embargo, hoy dichas conjeturas se transformaron en una realidad tangible. En los meses de Octubre y Noviembre próximos, se reúne en nuestro país el Foro de Cooperación del Asia Pacífico (APEC) que desde su constitución, en 1989, emerge como uno de los mayores referentes mundiales. Se proyecta mucho más allá de su naturaleza económica. Abarca veintiún naciones de ambos lados de la cuenca pertenecientes a los continentes de América, Oceanía y Asia, entre las cuales se encuentran las tres mayores potencias económicas del planeta. Representan más de la mitad del producto bruto, población e intercambio comercial mundial. La APEC está comprometida con el libre mercado y abierta al comercio interestatal. A la reunión tienen comprometida su asistencia los gobernantes de Estados Unidos, Japón, China, Rusia, Canadá, Australia, Corea y México. Dentro del grupo está en estudio la sugerencia sobre un Tratado de Libre Comercio Regional integrado por sus miembros. Por lo expuesto, invito a todos los distinguidos asistentes a iniciar una maravillosa singladura por el Pacífico. Conocer al Gran Océano significa conocer el futuro de la humanidad. Con dichos elementos de juicio estamos capacitados para ser activos constructores del porvenir en vez de ser pasivos espectadores que se dejan arrastrar por la poderosa corriente de los hechos consumados por los demás. |