El Mareo
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Hugo Alsina Calderón
Capitán de Navío
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¡Qué sensación más desagradable! El mareo es una molestia casi indescriptible que sólo la pueden comprobar quienes la hemos sufrido. Todas las marinas del mundo se han preocupado de este malestar que afecta, considerablemente, la eficiencia de las naves de guerra. En la Segunda Guerra Mundial se recuerda el desastroso desembarco aliado en el norte de África. La marina canadiense obtuvo el primer medicamento contra el mareo, alrededor del año cincuenta, con el nombre de Mariamín, el que se comenzó a vender en Chile al año siguiente. Esta medicina, si bien producía un efectivo alivio, era necesario tomarla con ciertas precauciones por el sueño que producía. Los "lolos" descubrieron que el Mariamín, con un buen taco de pisco, los hacía "volar" como pajaritos. Esto motivó que su venta se restringiera a receta médica retenida. Después salió el Dramamín, con efectos más suaves, pero que nunca tuvo el buen resultado del anterior. A fines de la década de los setenta, la Marina Norteamericana logró obtener un remedio muy efectivo denominado Transderm Scop (Scopolamine) del Laboratorio Ciba, que resultó ser muy efectivo, con una duración de tres días. Este medicamento sólo se vende en los Estados Unidos, con receta médica y su precio es muy alto, sobre los 8 dólares cada dosis. Consiste en un pequeño parche transdérmico que se coloca detrás de la oreja y es casi imperceptible.
En mi carrera naval, reconozco que varias veces me mareé, especialmente cuando, siendo Subteniente, debía rastrillar los tiros de la Escuadra, en el remolcador "Brito" con el fuerte viento sur, en las afueras de Puerto Aldea. Después, siendo oficial artillero del destructor "Hyatt", pude darme el gusto de fumar un cigarrillo en las afueras del canal Chacao navegando con un fuerte temporal, gracias al recién aparecido Mariamín.
Los marinos que sufren el mareo, -entre ellos estuvo el Gran Almirante Horacio Nelson-, frecuentemente se acostumbran al movimiento pero, cuando pasan un largo tiempo sin navegar, los síntomas reaparecen. Algo así me ocurrió, después de varios años en retiro, navegando en el BMS "Almirante Merino", al pasar por el mar del Norte, que no estaba muy tranquilo. Los síntomas me aconsejaron acostarme más temprano. Al día siguiente, en Portsmouth, me dirigí a una farmacia a comprar algún medicamento para el mareo. La dependiente me recomendó el Dramamín y me informó que no tenía ni conocía el Transderm Scop. Cuando ya iba saliendo, me llamó y me dijo que tenía algo que usaban los yatistas con muy buen resultado, pero que, a lo mejor yo no lo aceptaba. Entonces me mostró una caja pequeña que contenía dos pulseras elásticas, cada una con un botón convexo, que debían ponerse en ambas muñecas, por el lado interior y a tres dedos de distancia del pulgar. Se trata de un acierto de la famosa digipuntura china. Me pareció curioso y las compré. Su valor, seis libras esterlinas. Se trata del Travel Bands, fabricado por la firma The Boots Company PLC, Nottingham, England. Lo notable fue que el resto del viaje fue muy bueno y sólo al llegar frente a Arica, nos tocó un fuerte surazo con grandes cabeceos; pero el cuerpo ya estaba acostumbrado y no tuve ocasión de probar las pulseras.
Pasó el tiempo y en un posterior viaje en el transporte "Aquiles" al sur, iba una señora joven, esposa de un Teniente, con tres niños chicos, tan mareada que no podía atender a los niños. Estaba tendida en uno de los sofás de la sala de estar de pasajeros. Pensé que era una buena oportunidad para probar las pulseras. Fui a buscarlas al camarote y se las puse en las muñecas. Fue casi un milagro, pues esta señora, a la media hora, estaba en el comedor dándole almuerzo a sus hijos y sintiéndose perfectamente bien. Varias pasajeras que vieron esto, bajaron a tierra en Puerto Montt y compraron los elementos para hacerse pulseras parecidas, gracias a lo cual ninguna de ellas sufrió de mareo.
En el viaje que organizó la Cofradía Chilena de Capitanes del Cabo de Hornos, con motivo del 56º Congreso Mundial de los Cap Horniers, fue posible comprobar, otra vez, la bondad de estas simples pulseras. Después de haber bajado a tierra y haber reconocido el Cabo de Hornos, zarpamos para cruzarlo de Este a Oeste, aprovechando de admirar toda su grandiosidad y temible fama, en un día de sol radiante y buen tiempo. No obstante que el mar estaba tranquilo, una señora se sintió mal en el puente, debido a los incipientes cabeceos del Aquiles. Buena ocasión para probar la efectividad de las pulseras. Fue así como a los cinco minutos de habérselas colocado en sus muñecas, el malestar pasó y la señora se sintió muy bien.
Son muchas las personas que sufren de mareo en el mar. Muchos de ellos son marinos de profesión que deben soportarlo y sobreponerse a sus molestias. Es por esto que espero que este relato les sea de utilidad. No se trata de una droga, no produce sueño, no se administra por dosis, dura todo el tiempo que se requiera y además es muy barato y se compra sólo una vez. Dos cintas elásticas, dos botones convexos y listo ¡se acabó el mareo!