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La Historia de Victoire

Jorge Molina Hernández
Capitán de Alta Mar

Navegábamos en las aguas del Caribe y en ese momento el capitán y Maria Inés hacía poco habían llegado al comedor; Marcelino y Marisa ya cenaban cuando escucharon gritos velados en el exterior, cuya primera impresión era un graznido angustioso en forma desigual de un ave, o bien un niño llorando con desesperación. Salí de inmediato por la puerta de estribor y detrás lo hicieron las personas citadas. Vimos un bote blanco con motor fuera de borda y un hombre que gritaba y lo que decía era imposible de entender debido a la distancia y a los ruidos en la mar.

El reefer Ulía navegaba a 10 nudos y a la misma velocidad, la lancha trataba de disminuir su distancia de la borda. Traté de conocer las intenciones del patrón: era un joven de unos cuarenta años de edad, de tez morena, en mangas de camisa blanca, hablaba en francés y también en inglés. Quería subir a bordo.

Todos los días llegan a bordo mensajes desde Malasia informando los ataques de piratas a buques mercantes y entre las áreas peligrosas está el Caribe. ¿No sería que esa lancha trataba de detener al Ulía para que otras embarcaciones lo abordaran? Eran pensamientos que obligaban a considerar la seguridad antes de tomar la decisión más conveniente. Desde la cubierta subí al puente dejando las instrucciones para instalar la escala de gato e ir a buscar un nivelay con salvavidas; ya habían llegado también al lugar varios tripulantes.

En el puente miré a ambas bandas. Eran las 20:30 horas, hora local y en ese atardecer, aún era posible apreciar si habían otras embarcaciones en el área. ¡No había peligro! Y de inmediato paré la máquina, dejando instrucciones al primer oficial para permanecer en el puente para cualquier acción posterior. Bajé a cubierta y, desde abajo, pude darme cuenta que muchos hablaban al mismo tiempo. Un grito oportuno impuso el silencio, insistiendo sobre terminar de instalar la escala de gato y lanzar el nivelay para poder acercar la lancha.

Pero Victoire, como se llamaba el afectado, estaba desesperado y se acercó a la borda, lanzando como pudo, una caja de plástico que no alcanzó a llegar a cubierta y se perdió en el agua. Después supimos que contenía documentos de identificación y que su acción tenía por objeto lograr subir a bordo.

En ese instante la escala de gato se instaló muy cerca de la lancha y Victoire trató de alcanzarla, pero cayó al agua y quedó flotando mientras que la lancha se alejó girando en círculo, hasta que el motor se detuvo más allá por fortuna, ya que pudo volver sobre el náufrago. Se le lanzó el salvavidas circular con su nivelay y Victoire alcanzó a afirmarse y fue levantado hasta cubierta sin dificultad. En ese momento dijo que se dejara ir a la lancha y que no le interesaba. El náufrago estaba tiritando y con manifiesto shock nervioso. Se le dejó de espalda en cubierta los primeros momentos y luego, en la camilla, se le llevó a la cámara de tripulantes donde se le atendió con los primeros auxilios y con alimento líquido.

Victoire Jean Michel contó que estaba en la lancha Goby, amarrada a una baliza en la bahía del Puerto Fork de France de la isla Martinique, cuando se quedó dormido. Al despertar, se dio cuenta de que el viento y la corriente del Este lo habían alejado tanto que no veía la costa. Pasaron las horas, no había alimento y la cantidad de gasolina del estanque le alcanzaría para desplazarse por pocos minutos. Había que esperar hasta cuando apareciera un buque para tratar de alcanzarlo. ¿Cómo describir los miles de pensamientos de una persona en esa situación? Hasta que, después de cuatro días, cuando la desesperación llegaba a sus límites, apareció muy cerca un buque blanco, el reefer Ulía con bandera de Honduras, como lo supo después. Sólo había podido saborear hasta entonces gotas de agua de una corta lluvia.

Ya recuperado al día siguiente, Victoire entregó a María Inés una hoja manuscrita, en inglés una parte y en francés la otra, que decía: "No tengo palabras para decirles lo feliz que estoy de haberlos conocido. Ustedes salvaron mi vida y han hecho un nuevo hombre de mí. Deseé estar muerto, pero gracias a ustedes todavía estoy con vida. Espero que Dios esté con todos ustedes, como Él lo está conmigo. Reciban todo mi cariño y reconocimiento, yo les quiero a todos y no les olvidaré jamás. Estaré esperando vuestra visita en la isla Martinique".

El 11 de Julio de 2004, Victoire fue examinado por las autoridades de Fork de France, especialmente en cuanto a su estado de salud, después de 90 millas de navegación y los sentimientos de lo ocurrido originaron un mensaje del capitán, dirigido a los armadores del buque que decía así: "Una vez vueltos a la rutina, después del suceso poco común de salvar la vida de una persona, dejo constancia de la satisfacción de este capitán al contar con una dotación como la del Ulía, incluidas sus dos supernumerarias, ya que las reacciones de cada uno fueron oportunas, excelentes y permitieron llevar a cabo el salvamento, atender en tal forma al accidentado que ayudaron a lograr su recuperación y pudieron encontrar solución, aunque fuera transitoria, en la falla del control automático de la máquina para desembarcar al Sr. Michel en isla Martinique y continuar con la navegación a Panamá. Es de esperar que lo ocurrido ni nada similar se repita, pero si ello sucediera, la empresa puede estar segura de que se le encontrará una eficaz solución".

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