Alessandro Malaspina Meli Puli
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Sebastiano Milesi Sebástian
Ingeniero Comercial - Economista |
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Este ilustre
navegante nació en Mulazzo (Lunigiana), perteneciente al Ducado de Parma,
Italia, el 5 de noviembre de 1754, hijo del Marqués Carlo Morello y de Caterina
Meli Puli, príncipes de Soragna. Después
de estudiar en el Colegio Pío Clementito de Roma, fue aceptado en la Orden de
los Caballeros de San Juan de Jerusalén de la isla de Malta donde participó en
varios cruceros por el mar Mediterráneo, en busca de piratas berberiscos.
Durante ese tiempo (1773) la Orden tenía
dos escuadras: la de galeras y la de navíos, siendo esta última la más
importante, aún cuando estuviera formada por tres buques. La marina de Malta
era una magnífica escuela náutica y fue por ello que el joven Malaspina fue
admitido en la Real Marina de España sin haber cursado los estudios en la Real
Compañía de Guardiamarinas.
Después de dos
meses de su ingreso a la Escuela Naval fue promovido a Guardiamarina por
distinciones en la guerra contra los moros del puerto marroquí de Melilla.
Durante el año 1775 hizo un viaje a través de los océanos Atlántico e Índico y
al mar de la China. En 1778 fue ascendido al grado de Teniente. En el año
siguiente tomó parte en el combate de Santa María, a bordo de la nave “San
Julián” contra las fuerzas navales inglesas. En 1782 fue promovido al grado de
Capitán de Fragata y como comandante de
la fragata “Ascensión” hizo un segundo viaje a los mares del Oriente, China,
Oceanía, regresando a Cádiz en 1784.
A su regreso
asumió el mando de la fragata “Astrea”, nave con excepcionales características
náuticas, que formaba parte de Real Compañía de las Filipinas. A bordo de esta
nave hizo su tercer viaje hacia los mares de oriente lo que le dio fama de
experto navegante.
Instalado en
la isla de León (San Fernando) cristalizó la idea de realizar una expedición
náutica – científica y junto al Capitán de Fragata José Bustamante y Guerra que
se reunió en el Arsenal de La Carraca, cerca de Cádiz, presentaron el plan
expedicionario al rey borbón Carlos III a través del Ministro de Marina don
Antonio Valdés y que –tras aprobación- se comenzaron a construir dos corbetas
en el Arsenal isleño, con un desplazamiento de 306 toneladas cada una, esloras
de 33,6 metros y puntales de 4,20 metros. Sus obras vivas quedaron cubiertas
con una lámina de cobre para impedir la acción de los moluscos que se fijan en
las maderas sumergidas y las perforan; sus fondos tuvieron doble casco para
ponerlas a cubierto de cualquier posible varada.
Las corbetas
recibieron los nombres de “Descubierta” (al mando de Malaspina, comodoro de la
expedición) y “Atrevida” al mando de Bustamante y Guerra.
Entre los
oficiales que se embarcaron en la “Descubierta” figuraron Cayetano Valdés y el
teniente coronel don Antonio Pineda, encargado de Historia Natural.
En la
“Atrevida” se embarcaron como oficiales don Dionisio Alcalá Galiano y Valdés y
el botánico francés don Luis Née. El naturalista bohemio don Thaddeus Haencke
se les unió, posteriormente, en el puerto de Valparaíso.
El 30 de
julio de 1789 las dos corbetas de la
Real Armada de S.M. Carlos IV de España fueron despedidas por las banderas de
Tavira, Cádiz, poniendo sus proas rumbo hacia las islas Canarias. Cada nave
tenía 102 hombres a bordo entre marineros, tropa, pintores y dibujantes,
cientistas naturólogos y personal de servicios.
Después de 52
días de navegación a través del océano Atlántico arribaron al puerto de Montevideo,
donde se organizaron las primeras expediciones científicas del vasto territorio
del virreinato de La Plata con el apoyo del virrey Cristóbal del Campo, marqués
de Loreto. Recorrieron el litoral entre Puerto Deseado y Puerto Negro, mientras
los naturalistas recorrieron el territorio patagónico, que en aquel tiempo
estaba bajo la jurisdicción político - administrativa de la Capitanía General
de Chile. La expedición también tocó a las islas Malvinas y en el mes de enero
de 1790 atravesaron el estrecho de Magallanes y en febrero de ese mismo año
fondearon en San Carlos de Chiloé (actual Ancud) y luego de explorar las
riberas de la isla se dirigieron al puerto de Penco y, enseguida, al puerto de
Valparaíso desde donde se hizo una expedición al archipiélago de Juan
Fernández.
Los
tripulantes de la expedición tuvieron encuentros con personalidades como el
Gobernador de Chile, don Ambrosio O Higgins, el piloto don José de Moraleda y
Montero y el regidor de Santiago don Juan José de Santa Cruz. En cada una de
las recaladas, los marinos y científicos de la expedición cumplieron con su
comisión, inquiriendo noticias de cada lugar, realizando mediciones geográficas
y observaciones astronómicas, captando escenas y paisajes, organizando
excursiones para levantar cartas, planos y mapas de los espacios recorridos.
Hicieron referencias a las formas de ser de los habitantes del Reino de Chile,
en cuanto a usos y costumbres, denunciando el trato inapropiado que recibían
los campesinos. Describieron al territorio de Chile con abundancia de montañas
y de minas, con suelo y clima apropiados para la fertilidad y con costas
guarnecidas de buenos puertos que permitirían un comercio fácil y directo,
aparte de un mar rico en especies fitomarítimas como pelágicas. Los escritos e
imágenes brindan detalles particulares sobre la isla grande de Chiloé, sobre
Concepción y Penco, sobre el interior del valle central entre Chillán y
Santiago, sobre Valparaíso y Quillota, sectores preandinos y andinos y la ruta
que unía Santiago con Mendoza y Buenos Aires
Desde
Valparaíso, ambas corbetas zarparon hacia el puerto de Coquimbo y desde allí
los nautas hicieron observaciones hasta llegar al puerto de Callao, en el
Virreinato del Perú. Las cartas náuticas de Malaspina situaron la “Punta
Chilena”, considerada por los navegantes el límite septentrional de Chile, en
el paralelo 21° 45” , lo que señalaba de que Chile comenzaba a la altura del
río Loa y que colindaba con los
territorios del Virreinato del Perú, mientras Charcas (Bolivia) permanecía tierra
adentro, integrada al Virerreinato de La Plata sin acceso al océano Pacífico.
Después de
haber estado en Arica, Callao, Guayaquil y Panamá, las naves expedicionarias se
dirigieron hacia Acapulco y San Blas de California. Aprovechando la estadía en
dichos puertos los naturólogos de la expedición aprovecharon de obtener
información de las tierras de Nueva España, mientras las corbetas recorrieron
el litoral, hasta alcanzar los 60° de latitud norte, en la búsqueda de un paso
por el norweste, que se suponía que unía los océanos Pacifico y Atlántico.
Recorrieron las costas de Alaska donde entraron en contacto con tribus
aborígenes y esquimales.
Después de
regresar al puerto de Monterrey y a principios del año 1792 las corbetas
recalaron en la isla Guam ( a tres cuartos de viaje entre Hawaii y Filipinas) y
desde allí se separaron: la “Atrevida” se dirigió a Macao (costa meridional de
China) y a Cantón, mientras que la “Descubierta” navegó hacia la isla de Luzón
(Filipinas). En mayo de ese mismo año se juntaron en la bahía de Manila donde
permanecieron hasta el mes de noviembre. Víctima de fiebre tropical fallece, en
Manila, el naturalista Antonio de Pineda. Durante el verano austral las
corbetas navegaron por Nueva Guinea, Islas Salomón (archipiélago de Melanesia)
y Nuevas Hébridas (actual república de Vanuatu), compuesta de unas ochenta
islas. A fines de 1793, recalaron en bahía Dusky y, un mes después, arribaron
a Puerto Jackson (ambos lugares en Nueva
Zelanda). Al regreso a las costas americanas, la expedición completó sus datos
sobre la costa de Chile y Tierra del
Fuego, y después de navegar al sur del Cabo de Hornos se dirigieron a
Montevideo donde recalaron en febrero de 1794.
El 21 de
septiembre de 1794, las corbetas “Descubierta” y “Atrevida” fondearon en la
bahía de Cádiz, después de haber navegado por más de cinco años y haber
atracado en treinta y cinco puertos (algunos visitados en más de una ocasión).
Malaspina,
después de examinar la situación política de las colonias españolas en el
Pacífico, concluyó que el Reino de España debería crear una Confederación de
Estados para establecer y conducir negocios internacionales. Sugirió que España
debería abandonar la dominación militar y formar un bloque comercial en la
Cuenca del Pacífico y que se manejara desde el puerto de Acapulco.
Las ideas de
Malaspina fueron consideradas como conspirativas contra el gobierno español, de
tal modo, fue detenido, juzgado y encarcelado en el Castillo de San Antonio de
la Coruña. El año 1803 regresa a Lunigiana, Italia, donde fallece a la edad de
55 años (9 de abril de 1810).
En aquellos
años, no se supieron aprovechar los conocimientos geográficos, biológicos,
políticos y antropológicos que proporcionó la magna expedición de Alessandro
Malaspina y tan sólo, recientemente, se ha comenzado a reconocer el valor de la
información obtenida en esa expedición. Toda la documentación fue custodiada en
diversos archivos y gracias a ello se ha podido constatar la verdadera magnitud
de la empresa de Malaspina, cumbre de la
Ilustración española.