A ti, esposa de Marino
Cuando tus amigas hablan de las pequeñas tardanzas de sus esposos, sonríes tristemente.
El tuyo demora semanas, a veces meses...
Ellas protestan por una o varias horas de imprevista soledad. Tú callas, aunque estés sola días y noches, noches y días.
Los días te niegan las satisfacciones que brindan a las demás jóvenes, la de arreglar la casa, la de preparar un plato, la de embellecerse para él".
Tú realizas tareas en forma casi automática, porque te es negada la recompensa de un elogio. Como Penélope hacía su labor de día y por la noche la deshacía, abres y cierras las ventanas para ti sola, pones y quitas los manteles y las sábanas, maquillas y lavas tu rostro, día tras día, noche tras noche...
A veces sueñas que ha vuelto. La alegría te hace despertar, pero tu llamada cae en el pozo del silencio, y tus brazos abrazan el vacío.
Las noches te traen la inquietud. Piensan en la profundidad de quien sostiene sus barcos, ves olas altas y enfurecidas, oyes el rugir de la tempestad. El silencio y el vacío reciben tus lágrimas y suspiros y prometes para siempre arrancarlo del embrujo del mar y de los puertos. Pero al instante comprendes que jamás cumplirás ese propósito. ¡¿Acaso le pedirías si fuese médico que dejara de curar?! ¡¿Le pedirías si fuese músico que dejara de componer?!
Marino lo conociste y lo aceptaste y marino seguirá siendo aunque se te desgarre el corazón. No, no serás la carcelera que estreche sus horizontes, sin límites como la eternidad. Tratas de olvidar ambos peligros, te reprochas el temor y la desconfianza y te consuela que tu Ulises es más fuerte, que las tempestades y el canto de las sirenas...
Tu imagen idealizada por la ausencia lo acompaña siempre. Como los hidalgos medievales por su dama, él luche por ti contra los furores del mar. No temas las asechanzas de las coquetas de otras tierras. Tú eres más fuerte porque estás lejos. Eres el ensueño, la esperanza, la meta. No importa que no te vea diariamente. Si lo tuvieras a tu lado no siempre te vería hermosa. Como la bíblica Ester, se preparaba durante meses para comparecer ante el rey, embellécete para cuando lo tengas nuevamente a tu lado.
Que a su llegada encuentre su hogar y su mujer superiores aún que en sus sueños, que ese recuerdo lo acompañe constantemente y le haga desear un nuevo regreso.
De pie sobre una alta montaña, se ve allí tu imagen, que es símbolo de amor paciente. El viento te despeina y juega con tus ropas. Estás sola y tienes mucho frío, pero no dejas de mirar hacia el mar.
No te interesa la ciudad que bulle allá más abajo.
En tu pecho que parece de piedra, el corazón se agita como una gaviota prisionera que quisiera volar en pos de un barco.