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Chile Potencia Marítima

Eri Solís Oyarzún, Contraalmirante
Presidente Liga Marítima de Chile

Chile en el presente constituye la incontrovertible potencia marítima del Pacífico Suroriental; esta promisoria condición la ignora nuestro pueblo debido a su atávica y estrecha mentalidad continental. Es un inmenso atolón de forma triangular situado a horcajadas de los océanos más importantes de la tierra: el Pacífico y Atlántico. Sus posesiones, repartidas en tres continentes, están comprendidas dentro del paralelo de la Línea de la Concordia, el meridiano 131° Oeste y el Polo Sur. Los compromisos contraídos por el Estado y sus responsabilidades ante la comunidad internacional como la seguridad de la vida en el mar, preservación del medio ambiente marino, alerta de Tsunamis, control del tráfico marítimo, cartografía y otros, abarcan todo el cuadrante suroriental del Gran Océano. Su comercio exterior bordea los 70 mil millones de dólares; en consecuencia, el bienestar y desarrollo de los chilenos depende de su mantención e incremento. El 85% de la transferencia de la carga comercial se realiza en contenedores o estibada en las amplias bodegas de buques mercantes. Los principales mercados de ultramar se encuentran en lejanos litorales de América del Norte, Europa y el Lejano Oriente. Alrededor de 350 mil compatriotas laboran de modo directo en actividades marítimas. La flota pesquera cuenta con 12.500 naves de alto bordo y 38.000 embarcaciones artesanales; las capturas lo sitúan entre los cinco mayores países pesqueros del globo. Gracias a la acuicultura, renovable y no depredadora, compite por el primer lugar como exportador de salmónidos. La Marina Mercante Nacional, integrada en gran parte por armadores privados, destaca por su eficiencia; una de las navieras ocupa el décimo segundo lugar a nivel mundial. Los terminales marítimos, hace poco tiempo dado en concesión a sociedades particulares, cuentan con utilería de tecnología de punta para la transferencia de la carga y también contribuyen a unir a los países vecinos con los mercados del Pacífico. El turismo marítimo internacional, debido a las bellezas ofrecidas por nuestros canales patagónicos y fueguinos, florece con vigor. La industria naval, sometida a las exigentes normas de calidad imperantes en las naciones industrializadas, constituye, mantiene y repara los barcos que requieren sus servicios. Los deportistas náuticos alcanzan los primeros puestos en competencias de vela y remo realizadas en el Viejo Continente.

El proceso de conversión de un país marginal y aislado en una pujante nación marítima enlazada con todos los pueblos del planeta se inició hace más de treinta años. El gobierno de la época, ante el colapso general producido por un desastroso ensayo comunista, resolvió introducir profundas y diversas reformas a las dañadas estructuras políticas, económicas y sociales. Instauró un sistema de economía social de mercado abierto relegando al Estado a un rol subsidiario en lo económico. Para tal efecto, devolvió las empresas confiscadas a sus dueños, fijó aranceles bajos y parejos, eliminó nocivos subsidios directos e indirectos, suprimió perjudiciales rigideces laborales, estableció un sistema impositivo sencillo y comprensible para los contribuyentes, incentivó la inversión y el ingreso de capitales foráneos, disminuyó la abultada administración pública junto con otras medidas similares.

En este fértil entorno legal los bienes con ventajas comparativas proliferaron de manera natural. Asimismo, los productos con precios competitivos accedieron a los grandes e insaciables mercados internacionales. A su vez, los consumidores nacionales pudieron adquirir artículos importados de buena calidad a valores asequibles. El flujo del comercio exterior, exportación e importación, creció de manera sostenida a un ritmo sorprendente. Se crearon con celeridad nuevas fuentes de empleo bien remunerado y aumentó la riqueza y bienestar de la población. El reducido y poco diversificado mercado chileno progresivamente se metamorfoseó en uno gigantesco y universal.

Después de siglos de diversos experimentos quiméricos, el país logra reconciliarse con su anómala geografía y señera historia pero aún necesita de una profunda cultura marítima. Con sacrificios y esfuerzos se consolida como floreciente nación oceánica, con altos índices de crecimiento antes desconocidos. Sus líneas comerciales surcan los siete mares siendo socio de las principales ligas económicas de la humanidad. El lema de la Liga Maritima “El Porvenir de Chile está en el Mar” ya no representa la vacía frase de ilusos profetas, sino refleja una realidad palpable. Hoy, Chile es dueño de su propio destino. Sin embargo debe defenderlo ante intentos de torcerlo por causa de intereses externos e internos.

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