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Hidroeléctricas en la Región de Aysén

Adolfo Cruz Labarthe
Capitán de Navío (R)

En últimas publicaciones se confunde a los lectores, que no conocen la comuna Tortel de la provincia Arturo Prat en la región de Aysén, donde se encuentran los ríos Baker y Pascua, considerados en el proyecto hidroeléctrico de ENDESA. Según éstas, denota falta de respeto al medio ambiente y que no valoran nuestros recursos y se pretende producir electricidad, no sólo para los chilenos, sino también para exportarla, lo cual destruye el patrimonio de todos al construir grandes represas, dando muerte a miles de animales y trasladando comunidades enteras a nuevos territorios. Todo esto no tiene relación con la realidad del proyecto.

Esta región tiene una originalidad distinta a otras que se explotan hidroeléctricamente. Esto es explicable porque la cordillera de la Costa desaparece hacia el Sur en la península de Taitao desde donde continúa sumergida. Luego el relieve del sector, aunque no destaca alturas mayores de 4000 metros, se desprende de la cordillera de los Andes transformándose a poca distancia en fiordos en su sector occidental que es muy desmembrado.

Esta realidad geográfica permite que los ríos se encajonen volcando sus máximos caudales desde donde organizan sus fuentes, detrás de las líneas de altas cumbres en la vertiente trasandina. Además, esta zona tiene clima templado marítimo muy lluvioso todo el año, en presencia de un grandioso potencial hidrográfico de numerosos lagos, compartidos mayoritariamente con Argentina, entre los que se encuentra el lago General Carrera, con 970 Km. de longitud de costa.

La cuenca del río Baker (27.931 Kms²) es mayor que la del Río Bío - Bío (24.262 Kms²), aunque sus gastos medios son casi iguales, cercanos a los 900 Ms³/Seg.; sin embargo, la provincia Arturo Prat es la menos poblada del país, (un habitante cada diez kilómetros cuadrados). Esta población es doscientos treinta y cinco veces menor que en la provincia del Bío-Bío donde se encuentran las centrales El Toro, El Abanico y Antuco.

Es importante informar que no se construirán grandes represas, no se dará muerte a miles de animales, ni se trasladarán comunidades enteras a nuevos territorios. Todo lo contrario, se iniciará por fin el apoyo para las actividades humanas y el progreso en la zona más abandonada del país y se beneficiará a todos los chilenos con sus grandes recursos. Son muchas las generaciones de colonos del Baker que soñaron con ese futuro, sacrificando sus vidas en un real ejemplo de soberanía.

En los medios, varios lectores han opinado sobre el tema. Unos mostrando notoriedad académica y otros augurando luchas épicas y se han aventurado con desenfreno en atrevidas descalificaciones contra autoridades y visionarios estratégicos del desarrollo del país marítimo, tratándolos de irresponsables y simplistas; demonizando con ironías el sentido positivo del desarrollo, el auge, crecimiento y progreso para las condiciones de vida de seres humanos que viven en un paupérrimo abandono en la comuna Tortel de la región de Aysén, entre los Campos de Hielo Norte y Sur de la Patagonia chilena, cuya única riqueza explotable en primer término, por causalidades geográficas, es la energía hidroeléctrica.

La distancia de quienes viven en la metrópoli y que finalmente tomarán decisiones sobre el proyecto hidroeléctrico de la comuna Tortel, es igual a la distancia que había entre las metrópolis europeas y las colonias africanas y asiáticas. Esto nos recuerda el triste, alienante e injusto pasado del colonialismo que retrasó por siglos su progreso.

Se han hecho comparaciones hidroeléctricas desafortunadas y se han dicho barbaridades que reflejan absoluto desconocimiento de la geografía de la provincia Arturo Prat. Además trata de ignorantes a quienes, según los críticos, “esgrimen” argumentos de economía y de desarrollo, que bien saben que de igual forma como el comercio suscita el mercado, en los nudos de esa comunicación se crea la ciudad, al surgir los incentivos humanos que cristalizan el progreso.

Sin la explotación del recurso hidroeléctrico, dicha provincia no podrá ser un espacio vital para actividades humanas en una sociedad digna y de justicia merecida por la riqueza que el Creador puso para su desarrollo.

Es necesario debatir este tema con ponderación, mesura y conocimiento técnico y geopolítico a la luz de la realidad geográfica y social, con visión de futuro.

El análisis de las coyunturas humanas nos enseña que la adversidad del medio ambiente geográfico puede ser tan intensa, que hace muy difícil el progreso de pequeñas sociedades. Esto es lo que ha sucedido con la comuna Tortel, donde viven sacrificados colonos chilenos en un increíble abandono.

La energía hidráulica es una fuente natural no contaminante para producir electricidad, cuyo empleo en Chile permite no usar recursos energéticos que el país no produce, que lo hacen dependiente de su importación. El proyecto hidroeléctrico de ENDESA de dicha comuna, no hace sino corregir la despreocupación histórica de los chilenos por una zona habitada también por chilenos que tienen derecho a vivir con calidad de vida en la tierra donde nacieron y en la cual habitan muy pobremente.

Al relacionarse los lugares de producción con los de consumo, se genera el tráfico terrestre y marítimo que da inicio a posibilidades creadoras de formaciones culturales.

Toda economía moderna es dependiente de las reservas de recursos energéticos para producir electricidad. Estos pueden ser térmicos no renovables, producto de la combustión contaminante de carbón, petróleo o gas. También pueden ser hidráulicos o eólicos renovables que se generan en la propia naturaleza y no son contaminantes.

Toda forma de actividad económica que emplea recursos energéticos no renovables, inexorablemente incrementa la “entropía” que es un desorden ambiental antropogenético producido por la continua disipación de calor y materias tóxicas para los seres vivos, creando un conflicto entre energía y medio ambiente. Por tal razón, hablar de “desarrollo sustentable” con recursos no renovables, en rigor, es una contradicción puesto que el desarrollo implica un permanente aumento del consumo de recursos enérgicos lo que, en un plazo determinable, producirá limitaciones al mismo desarrollo por su inevitable agotamiento.

En Chile, el 70% de la generación eléctrica es hidráulica y el resto es térmica. Hay treinta plantas hidroeléctricas de las cuales un tercio es del tipo “Embalse” y dos tercios del tipo “Pasada”, las cuales son mucho menos inundantes de territorio. Hay aún dieciocho plantas térmicas generando electricidad en el Sistema Interconectado Central y ya, unas cinco han sido retiradas del sistema, el cual abarca desde Taltal a Chiloé, sector del país que concentra el 93% de su población.

El proyecto de ENDESA en los ríos Baker y Pascua de la Undécima región, con plantas del tipo “Pasada”, generará el 40% de las necesidades nacionales, siguiendo el buen sentido de incrementar la generación eléctrica mediante fuentes de energía renovable no contaminante.

Es indesmentible que, con su ejecución, se apoye la tarea primordial de la regionalización, al contribuir en términos geopolíticos a eliminar la presencia de fronteras interiores, vertebrando y vinculando al resto del país a la región más aislada, separada y postergada de los efectos del quehacer nacional en un estado unitario.

El ingeniero Alfredo de Amesti Riveros concluyó con un simple cálculo, que para generar la misma cantidad de electricidad por medios térmicos, sería necesario consumir del orden de 6000 toneladas de fuel oil por día. Calculen ustedes el costo diario y el impacto ambiental en el tiempo. Quienes ostentosamente critican el proyecto de ENDESA, deberían responsablemente sugerir alguna otra solución viable a la opinión pública y al Gobierno.

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