Bicentenario de la Escala de Beaufort
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Omar R. Ortiz-Troncoso, PhD
Miembro honorario de Liga Marítima de Chile
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Nos encontramos en un
período de conmemoración
de dos aniversarios
significativos para la historia
de la meteorología: el bicentenario
del establecimiento de la
primera clasificación sistemática
de los vientos - la llamada Escala
de Beaufort - y el sesquicentenario
de la muerte del creador de
la citada clasificación, el oficial
de marina británico Sir Francis
Beaufort fallecido en 1857.
Es obvio que la meteorología se
encuentra entre aquellas disciplinas
cuyo conocimiento está en
relación directa con la seguridad
y eficiencia del transporte marítimo.
Por esta misma razón, no
debe extrañar que los aportes iniciales
a su desarrollo hayan provenido
de hombres de mar, especialmente
de aquellos que en
épocas pasadas tenían al viento
como única energía disponible
para propulsar sus naves. Acostumbrados
como estamos hoy a
pronósticos obtenidos por medio
de satélites artificiales y sofisticados
programas de computación,
conviene recordar a los pioneros
y rendir homenaje a quienes,
saliendo del ámbito de los “vaticinios”
del tiempo, pasaron a la
etapa del registro climático minucioso,
a su interpretación y a la
creación de instrumentos y métodos
que paulatinamente permitieron alcanzar mayor exactitud
en estos estudios.
Francis Beaufort nació el 27 de
Mayo de 1774 en County Meath,
Irlanda, como hijo de un pastor
protestante de linaje burgués
y descendiente de hugonotes (lo
que explica su apellido francés).
Esta observación no está desprovista
de significado, ya que en
ese medio y época, la carrera de
un oficial estaba en cierta forma
determinada o era apoyada por
la trayectoria social de la familia.
Su primer viaje por mar comenzó
en Marzo de 1789, cuando
se embarcó teniendo 14 años en
un buque de la Honourable East
India Company. Luego de esa
experiencia náutica inicial pasó
muy pronto como guardiamarina
a la Royal Navy participando
más tarde en la batalla conocida
como Glorious First of June
(1794), enfrentamiento entre las
flotas británica y francesa con
resultado tan incierto que ambas
partes se creyeron con derecho a
celebrar victoria.
Más cercana a la vocación científica que ya demostraba, fue su
participación en una misión de
estudio al río de La Plata (1806
- 1807). Su carrera de servicio a
bordo concluyó con el mando de
la fragata “Frederickssteen” con
la cual efectuó una expedición
de reconocimiento a Asia Menor
(1810 - 1812). El volumen con los
resultados de esta sobresaliente
campaña fue editado en Londres
en 1817 bajo el título “Karamania”
(como era conocida la región
meridional de Turquía, frente
a Chipre). Desde entonces, ya
mordido por el interés de observar
e investigar la cambiante actitud
de los fenómenos atmosféricos,
se impuso la tarea de anotar
todo prolijamente asumiendo así,
una costumbre que le acompañó
a lo largo de su existencia.
En 1829, cuando se alejó del
servicio activo a bordo, asumió
el cargo de Hidrógrafo de la marina
y lo ocupó hasta su jubilación,
es decir durante 26 años,
transformando aquel depósito
de cartas náuticas en un auténtico
centro de estudio con sobresalientes
resultados que lo pusieron
a la cabeza de instituciones
análogas en el mundo. Beaufort
indagó igualmente acerca del
fenómeno de las mareas, contribuyendo
al establecimiento de
las tablas de mareas que desde
entonces vienen siendo publicadas
anualmente como “Admiralty
Tide Tables”. Digamos que el
incremento del interés científico
en la marina británica permitió
no sólo el funcionamiento del
Departamento de Hidrografía
sino también, las sucesivas ediciones
del “Nautical Almanac”,
el mejoramiento de la sanidad
naval, el perfeccionamiento del
cronómetro y los avances en las
correcciones del compás, tarea
esta última, de singular importancia
debido al aumento de
metales en la construcción de
buques, con la consecuente influencia sobre la exactitud de
este instrumento. En 1834 creó
la publicación mensual “Notices
to Mariners”, informando sobre
recientes modificaciones en la
posición de balizas, nuevos peligros
para la navegación, etc. Todas
estas materias suscitaban la
curiosidad de Beaufort, además
de su auténtica y vieja pasión por
la hidrografía y la cartografía.
La escala.
Se ha insinuado que la temprana
idea de establecer una escala
permanente de vientos, de aplicación
en la navegación a vela,
habría sido sugerida a Beaufort
por Alexander Dalrymple (1737-
1808) quien trabajó en el Departamento
de Hidrografía de la
Royal Navy desde su fundación
en 1795, hombre experimentado
que había conocido de cerca
figuras como James Cook y otros
destacados marinos y exploradores
de su tiempo. Ya en 1806,
Beaufort planteó la posibilidad
de aplicar su escala, la que más
tarde fue “oficialmente” adoptada
por la Royal Navy a través de
un memorándum fechado el 28
de Diciembre de 1838, sufriendo
a continuación un siglo de modificaciones y aplicaciones que
no la desviaron de los conceptos
básicos establecidos por su creador.
Estos estaban dirigidos no
sólo a clasificar la velocidad de
las masas de aire en movimiento,
sino a describir su efecto sobre
la superficie del mar con la
consecuente interpretación para
la seguridad y rendimiento en la
navegación.
La idea primitiva había sido el establecimiento
de una pauta que
permitiera determinar cuál era el
velamen óptimo para la navegación
bajo un determinado tipo de
viento - incluyendo intensidad y
dirección - teniendo a la fragata
como buque tipo (es decir una
nave de tres palos con aparejo
cruzado, a excepción de los foques).
Al parecer la marina mercante
británica se mostró más lenta
en esta materia y la publicación
profesional “Barometer Manual”
menciona el trabajo de Beaufort
recién en una edición de 1862.
No tiene sentido reproducir aquí
la Escala de Beaufort, ya que se
encuentra en su versión actual
tanto en manuales de estudio
como en Internet, pero digamos
que incluye 12 grados yendo de
cero o Calma, con viento de velocidad
inferior a un nudo, con
mar como espejo, hasta el grado
12 o Huracán, con viento por
sobre 64 nudos (118 o más kilómetros
por hora), estando el mar
cubierto de espuma que vuela y
que hace la visibilidad casi nula.
Los últimos años.
En el contexto histórico que hemos
tratado se suscriben - no hay
que olvidarlo - las exploraciones
llevadas a cabo en Sudamérica
por HMS “Beagle” (1826 - 1830 y
1831 - 1836) con la participación
de Robert Fitzroy quien, en el segundo
viaje incluyó en el equipo
científico al naturalista Charles
Darwin. Beaufort junto a su segunda
esposa tuvieron oportunidad de conocer personalmente a
Darwin en 1842, en Londres.
En 1846, teniendo el grado de
“post-captain” (equivalente al actual
capitán de navío) se encontró
propuesto para ascender a contraalmirante,
lo cual se llevó a cabo
en medio de una controversia administrativa
que indujo a nuestro
personaje a pensar en la dimisión
del cargo. No obstante obtuvo su
ascenso y por adición apareció
mencionado en la gaceta oficial
del 28 de Abril del mismo año al
ser distinguido por la reina Victoria
con el título de Caballero Comendador
de la “Most Honourable
Order of the Bath”, permitiéndole
anteponer a su nombre la partícula
honorífica “Sir”.
La publicación de la voluminosa
documentación científica colectada
en su vida profesional le valió a
Beaufort el reconocimiento de sus
colegas, traduciéndose esto en su
incorporación a distinguidos círculos
de estudio. Sobre el particular
Peter Kemp (1976) anota que
fue aceptado en la “Geological
Society desde 1808 y en la Royal
Society desde 1814. Fue miembro
de la Astronomical Society desde
su fundación en 1820 y más tarde
fue miembro fundador de la
Royal Geographical Society en
1830”. El hidrógrafo norteamericano
Matthew Fontaine Maury, su
contemporáneo, célebre por sus
estudios sobre vientos y corrientes
en el Atlántico, decía que los
navegantes de todas las naciones
tenían hacia Beaufort una deuda
de gratitud mayor que hacia cualquier
otro hombre vivo o muerto.
En cierta medida su carrera
transcurrió en la era Victoriana
(1837-1901) cuyo substancial
interés por las ciencias geográficas queda sintetizado en las
siguientes líneas incluidas en la
obra editada por Mitchell (1988):
“La exploración geográfica fue
abandonada sólo en tiempo de
guerra; una exploración inducía
a otra, hasta que virtualmente no
quedó línea de costa que escapara
a la cartografía y no subsistieron
espacios en blanco sobre
el globo terráqueo”.
Al filo de concluir su vida activa,
la guerra de Crimea le brindó
una última ocasión de prestar
servicio a su país. Sus conocimientos
acerca de las costas de
Asia Menor y adyacentes le permitieron
asesorar a colegas más
jóvenes que debían emprender
levantamientos hidrográficos y
cartográficos en el litoral del Mar
Negro, indispensables a las maniobras
que las fuerzas aliadas
franco-británicas debían realizar
luego de declarar la guerra a Rusia
en Marzo de 1854.
Ya octogenario, el almirante Sir
Francis Beaufort se acogió a retiro
definitivo en 1855, luego de
haber estado ligado a la Royal
Navy durante 65 años. Justo es
reconocer que su contribución a
las ciencias del mar fue mucho
más allá de aquella escala que
difundió y perpetuó su nombre.