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El Pacífico y Chile

Eri Solís Oyarzún, Contraalmirante
Presidente Liga Marítima de Chile

El Pacífico, con sus grandiosas dimensiones, ejerce una influencia protagónica no sólo sobre los ribereños sino también en el devenir de toda la humanidad. Sus vastos horizontes distancian las masas continentales principales del planeta. El inmenso volumen de sus aguas cubre tanto el hemisferio Norte como el Sur. Placas tectónicas colosales se desplazan en las llanuras abisales provocando catastróficos sismos y tsunamis. Corrientes poderosas fluyen constantemente por las aguas superficiales y en las recónditas profundidades. Mareas incesantes avanzan y retroceden, con periodicidad, en las playas circundantes. Temporales y huracanes barren con frecuencia extensas áreas oceánicas. Alteraciones en los parámetros normales repercuten con intensos efectos en la armonía del frágil medio ambiente y clima de la tierra. En su fecundo seno guarda cuantiosos recursos vivos y no vivos destinados a sustentar una creciente población con angustiosas necesidades. La extensa superficie sirve de permanente e irremplazable camino para el intercambio comercial transpací fico, el que es vital para la supervivencia y prosperidad de las naciones afincadas en la cuenca.

En las riberas y archipiélagos del Pacífico florecieron resplandecientes civilizaciones, pero mostraron una reducida proyección marítima. El Gran Océano se incorporó al acontecer de Occidente y del mundo, con inusitada rapidez, merced a la deslumbrante “Era de los Descubrimientos”. Desde entonces, el eje del poder mundial, en constante rotación desde el Levante al Poniente siguiendo al Sol, se trasladó pausadamente desde el Atlántico al Pacífico. El cambio no estuvo exento de violencia pues causó virulentas colisio nes armadas. En los albores del siglo XX, el cuadrante asiático del Pacífico experimentaba espasmódicas y penosas convulsiones. Ilustradas culturas milenarias chocaban con otras más modernas, vigorosas e impetuosas que trataban de arrollarlas. Luego, las Guerras Mundiales hirieron con extraordinaria crueldad al Lejano Oriente. Pero la paz no acarreó la tranquilidad al área, la Guerra Fría la azotó con vesánico furor hasta su oclusión.

Hoy, las más grandes potencias económicas de la tierra se encuentran presentes en el Pacífico: China Popular, Estados Unidos, Japón, Rusia y accesoriamente Francia con sus posesiones polinésicas. China encarna el motor de la prosperidad mundial, creciendo sobre el 10% anual. En un plazo no muy lejano, puede alcanzar el Producto Bruto de Norteamérica y disputarle la hegemonía mundial, el gran interrogante es cómo va a plantearse el reto.

Chile, enorme atolón triangular inserto en el Gran Océano, cuyas aguas jurisdiccionales abarcan el cuadrante Suroriental casi en su totalidad, no debe estar ausente en el quehacer de la cuenca. Lo que acaece en el Pacífico le repercute con intensidad. Hoy ya es una potencia marítima consolidada, por fin concilia su destino con el entorno natural. Su desarrollo y seguridad dependen de modo crucial del mar. En consecuencia, tenemos que conocer la realidad del Océano que nos rodea para fundamentar las políticas nacionales en firmes bases racionales.

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