El Almirante von Spee en la Isla de Pascua
Al estallar la Primera Guerra Mundial, se encontraba estacionada en Tsingtao, China, una escuadra alemana al mando del vicealmirante Maximilian Graf von Spee, formada por los cruceros de batalla “Scharnhorst” y “Gneisenau”, los cruceros livianos “Nüremberg”, “Leipzig” y “Emden” y los cruceros auxiliares “Prinz Eitel Friedrich” y “Cormoran” y el mercante “Marie”.
La ruptura de las hostilidades había sorprendido a ésta en el oriente asiático, por lo que recibió órdenes de alejarse del mar de la China para evitar encontrarse con las fuerzas navales superiores japonesas, australianas y británicas e intentar retornar a Wilhelmshaven a través del océano Pacífico.
Von Spee había recibido informaciones del almirantazgo alemán acerca de Chile: el país era neutral, pero sustentaba una posición un tanto amistosa hacia los Imperios Centrales, por lo que constituía una posibilidad de reabastecimiento para la larga navegación.
Con este propósito, el vicealmirante concibió un plan de viaje para recalar en las islas de Pascua y Juan Fernández y, posteriormente, en los puertos de Corral y Valparaíso solicitando, a través de su consulado en San Francisco, la presencia de buques carboneros que pudieran proporcionarle el combustible necesario.
El “Emden” y los cruceros auxiliares fueron despachados para operar en el océano Índico, donde debieron evadir a la escuadra australiana que comandaba el almirante Patey.
El “Leipzig” y el “Marie” se dirigieron a las costas de California para ir bajando hacia el sur por el occidente del continente americano. Estos buques fueron perseguidos por una escuadrilla aliada formada por el crucero japonés “Idzumo”, el francés “Montcalm” y el británico “Rainbow”.
El grupo principal, al mando del vicealmirante, se dirigió hacia el Pacífico Sur y los primeros días de octubre de 1914, recaló a Rapa Nui con los cruceros “Scharnhorst”, “Gneisenau” y “Nüremberg” y los buques auxiliares “Yorck” y “Göttingen” a los cuales se les unieron posteriormente el “Dresden”, que procedía del océano Atlántico y el “Leipzig”, que lo hacía del Pacífico Norte. El vapor “Titania” se había adelantado con el objetivo de verificar que la ruta hacia el oriente estuviera libre de buques de guerra enemigos.
La isla se encontraba arrendada y era explotada por la empresa Williamson Balfour & Co., de capitales británicos, cuyo administrador, de la misma nacionalidad, era Henry Percival Edmunds.
En esa época había sido enviado, a vivir en ella, el profesor primario Ignacio Vives Solar, hombre culto y dedicado a las letras, quien el 12 de octubre de 1914 se encontraba tomando desayuno cuando fue alertado por un grupo de pascuenses indicándole que una gran cantidad de buques se aproximaban.
Al observar el horizonte, divisó tres columnas de humo, en línea, hacia el Noroeste, luego dos más por el Norte y otra por el Weste.
Rápidamente, acudió donde el administrador Edmunds, con quien se hicieron toda clase de conjeturas acerca de lo que podía significar aquella invasión de naves, cuya procedencia desconocían, a una pacífica isla indefensa, cuando el mundo se encontraba en paz pues, con los medios de comunicaciones de ese tiempo, no tenían idea que hubiese estallado una guerra en Europa.
Luego pudieron distinguir que se trataba de poderosos buques de guerra, pero ¿qué podía venir a hacer una escuadra tan inmensa a una isla apartada de toda ruta de navegación como Pascua? Cuando el profesor Vives había salido de Chile no se vislumbraba ningún conflicto internacional, únicamente recordaba que las relaciones de los Estados Unidos con Japón habían estado tirantes, pero no tanto como para que pudiera pensarse en una ruptura y menos aún en la movilización de buques de guerra. O bien podría ser que el canal de Panamá ya hubiese sido abierto y se tratara de alguna escuadra de Gran Bretaña, que de su colonia de Australia regresara a Europa.
Cuando tres de los cruceros se encontraban cerca, Edmunds y el profesor se dirigieron a la playa, izaron una bandera chilena y vieron ondear en las naves la enseña de la armada imperial alemana; luego tomaron un bote para dirigirse a bordo del “Scharnhorst”.
Conocedores de la amabilidad y cortesía que siempre había distinguido a los oficiales de la marina de guerra alemana, quedaron muy extrañados que no se les arriara una real para subir, sino que les tiraron una de las cuerdas para que treparan y los mantuvieron en cubierta durante un largo rato. Luego los condujeron a una cámara, donde se encontraba el comisario, que hablaba algo de castellano, con quien pudieron entenderse.
Lógicamente que las primeras preguntas se refirieron a la procedencia de la escuadra, el nombre de los buques, tonelaje, destino, etc., recibiendo como respuesta que se trataba de una división naval en viaje de estudios que estaba dando la vuelta al mundo, venía de China e iba con rumbo a Valparaíso, lugar donde darían los demás detalles, que estimaban superfluos indicarlos en ese momento.
Después de dichas formalidades, consultaron qué pasaba en el mundo en ese momento, pues desde tan apartado lugar no tenían acceso a las noticias, a lo que recibieron por respuesta que las últimas novedades que conocían databan de ocho días atrás, pues venían de las islas Marquesas; que no había nada especial, que ya el canal de Panamá estaba entregado al tráfico marítimo y que parecía que en México continuaba la revolución. Al solicitar algunos diarios o revistas, aunque fuesen viejos, se les respondió que no los había a bordo, pues venían de China.
Enseguida el comisario del buque consultó si había carne en la isla, pues necesitaban una buena cantidad, lo cual iluminó el rostro del administrador Edmunds, pues se trataba de su negocio, cerrando un trato para abastecerlos de 150 cabezas de ganado, entre vacunos y corderos y acordaron que al día siguiente bajaría personal de marinería a la playa para ayudar en las faenas de matanza.
Bajaron a tierra, Edmunds, gran comerciante, satisfecho del buen negocio que había realizado y Vives confundido con la poca cortesía de los oficiales que ni siquiera los habían invitado a conocer el buque.
A la mañana siguiente, el comisario y otros oficiales se dirigieron a tierra para controlar la matanza que realizaban pascuenses y marineros alemanes y como, la casa del profesor Vives era la más cercana a la playa, preparó una cazuela y café, e invitó a casi todos los oficiales que bajaron a tierra. A unos los convidó a almorzar, a otros a tomar café y a otros a comer plátanos y camotes.
Logró el profesor Vives trabar cierta amistad con el comisario, quien había estado en Chile por negocios y hablaba algo de castellano y como deseaba conocer la isla, consiguió caballos y juntos la recorrieron durante varias jornadas.
Al segundo día sopló viento NW y a mediodía levaron anclas y la escuadra fue a fondearse protegida en Vinapú. Allí pasaron los tres días siguientes, para luego retornar a la Hanga Roa.
Se encontraba también en Rapa Nui un alemán, de apellido Gomorra, agrónomo, que estaba estudiando la posibilidad de cultivar tabaco en la isla, a quien Vives le contó que fuertes sospechas que existiera algún conflicto entre Alemania y Francia, pues el día anterior a la llegada de la división alemana, habían divisado pasar un crucero de este último país, que identificaron como el “Montcalm”. Además había observado que todos los buques navegaban oscurecidos.
El profesor volvió a bordo, haciéndose acompañar del agrónomo alemán y, entre cerveza y cerveza, y bajo la promesa de reserva, supieron que el mundo se encontraba en guerra, que Mr. Edmunds había aprovisionado de carne a una escuadra enemiga; incluso les fueron obsequiados algunos periódicos fechados 27 de septiembre de 1914, esto es, casi un mes posterior al inicio del conflicto.
Vives pudo así conocer la realidad: que Alemania estaba en guerra con Inglaterra y que el administrador de la empresa británica que administraba la isla estaba proveyendo de carne a sus enemigos, pero guardó el secreto que le habían confidenciado hasta que la escuadra del almirante von Spee se hubo alejado.
Con fecha 18 de octubre, el escuadrón alemán del Oriente se alejó de la isla de Pascua, después de haber estado casi una semana en ella, tiempo durante el cual habían mantenido un punto de observación instalado en la bahía La Perousse, para precaverse que no se dirigiera a ella ninguna nave enemiga; para dirigirse hacia la isla de Más Afuera del archipiélago de Juan Fernández.
Cuando el gobierno chileno, recién el 12 de diciembre de 1914, conoció que la división naval del vicealmirante von Spee se había abastecido en la isla de Pascua, presentó una nota de protesta al ministro plenipotenciario alemán en Santiago, por cuanto había permanecido durante cinco días en el puerto de Hanga Roa, tomando allí una provisión de víveres, superior a la normal en tiempos de paz, pues la estadía, por más de 24 horas de buques de guerra en aguas territoriales neutrales, la presencia simultánea de más de tres de ellos en un puerto y la provisión de víveres excesivos, constituían violaciones a la neutralidad en conformidad con la Convención de la Haya.