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Nuestras etnias indígenas vinculadas al mar

J. Horacio Balmelli Urrutia

Si entramos a las páginas de nuestra historia podremos comprobar que, antes de que llegaran los españoles, dentro de nuestro país habían etnias que, en diferentes sectores de litoral, desarrollaban actividades relacionadas con el mar, ya sea como fuente de alimentación o como vías de comunicación, como sucede en nuestro desmembrado territorio insular Sur austral.

Para conocer antecedentes sobre cada uno de estos grupos, vamos a analizarlos desde Norte a Sur, indicando además sus características físicas, la forma como usaban el medio marino y su permanencia histórica hasta nuestros tiempos.

Los Changos

En el borde costero, desde el río Loa hasta el río Aconcagua, estaban establecidos los Changos (como les llamaron los españoles), que estaban dedicados fundamentalmente a la pesca. Físicamente, eran más bien bajos de estatura pero anchos de espalda debido al uso de los remos en sus embarcaciones, las cuales estaban hechas con cueros de lobos y tenían a ambos costados unos flotadores hechos con los propios intestinos de dichos animales y que estaban muy bien sellados para darle gran boyantez a estas balsas, las que pese a parecer frágiles, les permitían pasar varios días en el mar, incluso llegando más al sur, como más de alguien dijo haberlos visto cerca de la desembocadura del río Maule. Estos antiguos aborígenes moraban en toldos de cuero de lobo, sostenidos por quiscos secos o por costillas de ballena y toda su actividad conocida hasta nuestros días, estaba vinculada a ese casi tranquilo y muy próspero ambiente marino que enfrentaban en todo momento, además de saber aprovecharlo en su real dimensión para las distintas épocas en que vivieron en forma nómade y en grupos de no más de doce familias.

Pero, hoy podemos decir con plena justicia que los Changos no se extinguieron ya que su herencia marítima y especialmente pesquera quedó grabada para siempre en todos los rincones de nuestro litoral Norte y central, en donde las múltiples caletas de pescadores artesanales reflejan la actitud de este pueblo frente al mar, pese a que las modernas tecnologías que impone el desarrollo y el comercio, hoy tienden a favorecer la pesca industrial.

Los Huilliches

De los antecedentes históricos que se posee, se sabe que los Huilliches (Gente del Sur), o también conocidos como Veliches, estaban ubicados entre el río Toltén y el canal Chacao y de alguna forma estaban relacionados con el pueblo Mapuche, con el cual deslindaba al Norte. Su actividad original fue la ganadería (Guanacos) y horticultura, pero también complementaba su dieta en primavera y verano, dedicándose a la pesca, la caza de lobos marinos o la recolección de mariscos, accediendo a la costa a través del curso de los ríos y sendas taladas en los cerros. Utilizaban grandes canoas de coníferas para pescar tanto en ríos y lagos como en el mismo mar.

El poblamiento de los Huilliches en la isla grande de Chiloé se remonta a la época en que desplazaron a los Chonos más al Sur, para establecerse en el litoral de dicha isla. De esto se han encontrado testimonios en Ancud, lo que demostraría que esto se produjo más o menos hace 5.000 años. Por otra parte, el solo hecho de trasladarse a un sector eminentemente insular, de alguna forma les fue imponiendo a estos aborígenes el uso del mar, tal como lo siguieron haciendo los Chonos los que, atravesando el golfo Corcovado, debieron establecerse en lo que hoy se conoce como archipiélago de los Chonos o de las Guaytecas.

Los Chonos

Este pueblo, al mezclarse con los Cuncos, impuso su carácter de pueblo marítimo, practicando la pesca y también la cacería de lobos marinos, usando para ello las famosas “Dalcas”, que eran embarcaciones hechas con tres tablones de lenga o de ciprés, curvados con agua y fuego y, unidos entre sí con fibras vegetales que les servían para desplazarse entre los distintos lugares donde habitaban, el que era en aguas interiores entre los paralelos 43º 48º de latitud Sur, vale decir entre el golfo Corcovado y el golfo de Penas. Su organización social consistía en grupos muy pequeños que sólo se mantenían unidos a nivel familiar y cuando no navegaban, se mantenían en armazones de cuero y madera que colocaban en cuevas naturales en sitios cercanos a la costa.

Para su actividad marítima, que les proporcionaba la alimentación, fabricaban arpones para pescar grandes peces, garrotes para ultimar lobos marinos, anzuelos de madera y redes de fibra vegetal. Por otra parte, las mujeres también participaban en la actividad extractiva de moluscos (Cholgas, choros, tacas, choritos y otras especies) aprovechando la gran amplitud de marea que existe entre Puerto Montt y Quellón, lo que les permitía, sin mayor esfuerzo, obtener dichos recurso en las bajas mareas.

Toda esta actividad habitual de los Chonos no se ha perdido, lo que nos hace aseverar que este pueblo ha sido la base de la gran tradición marítima que, por siglos ha mantenido el pueblo Chilote y que se ha extendido hasta la Undécima y Duodécima Región, en donde se puede apreciar claramente la necesaria influencia marítima, donde el medio, como es un territorio insular y desmembrado, así lo requiere. Como un hecho histórico, cabe recordar que los Chonos comenzaron a atravesar el istmo de Ofqui mediante un canal que habilitaron y que les permitía deslizar sus embarcaciones desde la laguna San Rafael hasta los ríos Negro, Lucas y San Tadeo y de allí salir a bahía San Quintín. De esa forma pudieron auxiliar a Lord George Anson y los sobrevivientes de la fragata “Wager” en 1741, luego que esa nave naufragara en el sector Sur del golfo de Penas. Podrán pasar los años pero, el ejemplo de los Chonos en el extremo austral seguirá imperando, como una tácita demostración de la antigua existencia de una ancestral conciencia marítima que se creó en una zona de Chile, la que sin el uso del mar, perdía sus mejores perspectivas de desarrollo.

Los Kawescar (Alacalufes)

El pueblo Kaweskar (“Hombre” en su lengua) se ubicaba al Sur del archipiélago de los Chonos alcanzando hasta el estrecho de Magallanes. También eran grupos nómades que se desplazaban en aguas interiores mediante embarcaciones o canoas construidas en base a una estructura de palos, forrada en corteza de árboles y en las cuales acostumbraban a llevar su familia, compuesta generalmente por una o dos esposas y un par de hijos, más un perro doméstico.

Como estas embarcaciones eran generalmente verdaderos hogares para los Kaweskar, a las mujeres les correspondía un importante rol cual era remar (como suelen hacerlo hasta el día de hoy) y los hijos, mantener una fogata encendida sobre una capa de musgo, para no dañar la embarcación. Este fuego les permitía, amén de tener una buena fuente de calor en esa zona tan fría, cocinar sus alimentos (la mayoría obtenidos del mar), abrir los moluscos e incluso, cabe señalar, para evitar la colisión con otra canoa. Esta etnia no se ha extinguido y aún permanecen algunas pocas familias radicadas en Puerto Edén (En la costa Oriental de la isla Wellington) y cerca de la conocida Angostura Inglesa o sea, en latitud 49º Sur aproximadamente. Su actividad sigue estando, obligadamente relacionada con el medio marino, tanto para obtener sus alimentos como para el pequeño comercio que realizan, ofreciendo mariscos (Cholgas) ahumados entre otros productos del mar y además algunos objetos de antigua y preciada artesanía vegetal para los turistas que los visitan a lo largo de todo el año y, muy en especial en las temporadas estivales, cuando el clima es más favorable y la visibilidad diurna se prolonga, lo que permite permanecer por más tiempo en tierra y del mismo modo, recorrer con calma los lugares más destacados del lugar.

Es importante mencionar que en la actualidad, la Dirección General de Obras Portuarias del Ministerio de Obras Públicas ha puesto en servicio las instalaciones de una nueva infraestructura portuaria para Villa Edén y que contempla la habilitación de una rampa que permitirá la operación de barcazas y transbordadores par que así pueda efectuarse una conexión marítima regular con Puerto Natales, beneficiando directamente a todos estos aislados pobladores y tal vez, para motivar a quienes se interesen por iniciar otras actividades marítimas en dicha área, como bien podría ser la acuicultura. Vale decir, existe la posibilidad de que los descendientes de esta etnia puedan capacitarse en otro lugar del país e ingresar a las futuras empresas que se instalen en esos lugares, dado a que están muy familiarizados con su entorno ambiental y también con la caprichosa geografía de esa zona de canales Patagónicos, la cual conocen muy bien por el solo hecho de vivir allí y haberla recorrido en innumerables oportunidades.

Los Yámanas

Más conocidos como Yaganes y descubiertos en 1830 por Mathew Murray, oficial del bergatín inglés “Beagle” – al mando del capitán Robert Fitzroy – fueron un pueblo nómade que, distribuido en pequeños grupos familiares se desplazaba por el territorio insular Patagónico ubicado entre la costa Norte del canal Beagle y el cabo de Hornos. Para ello empleaban embarcaciones hechas con madera de coigüe, calafateadas con algas, musgo, arcilla e incluso con grasa de los lobos marinos que cazaban y además se valían de remos tipo espadillas, los que les permitían desplazarse con facilidad entre los grandes bancos de sargazos que aún existen en la zona.

Como su alimentación principal estaba basada en la captura o recolección de recursos marinos, como peces, moluscos y otros más disponibles como la centolla y el centollón, los Yámanas se asentaban provisoriamente en determinados lugares de la costa que, muy bien seleccionaban para estar cerca de su alimento más común. La prueba de esto es que hasta hoy, todavía se pueden encontrar “Conchales”, o sea restos del entorno de sus antiguas viviendas de forma cónica, construidas con palos y ramas, amén de que se les colocaban cueros de lobo para protegerlas de los fuertes vientos de la zona. Para la pesca utilizaban arpones confeccionados con estacas de madera y huesos de ballenas que se varaban en la costa y de las que comían su carne o, también con flechas hechas con varas de madera y puntas de piedra labrada. A su vez, para la captura de centollas y centollones, hacían cestos especiales con cuerdas de fibras vegetales como el junquillo, los cuales tejían especialmente para tal efecto.

Luego del paso de los años, a comienzos del siglo veinte, el desplazamiento de mucha gente de Chiloé, motivada por la creciente actividad ganadera de la región, trajo consigo ciertas innovaciones para la navegación de los Yámanas. Es así como, la vela y las embarcaciones tradicionales de madera, como botes y chalupas, fueron reemplazando paulatinamente a las antiguas canoas, pero siempre permitiendo que estos indígenas mantuvieran su dependencia del mar como algo fundamental, no sólo para su permanente movilidad sino, para obtener gran parte de su alimentación.

Con todo lo dicho con anterioridad, bien podemos aseverar que, dentro de las diferentes etnias que habitaban nuestro territorio nacional antes de la colonia, varias de ellas ya tenían dentro de sí una valiosa conciencia marítima, la cual se sobrepuso a la fuerte influencia agraria que trajeron los españoles. Parte de ella permanece hasta nuestros días, en la pesca artesanal, a lo largo de todo nuestro litoral y, a través de muchas actividades al Sur de Puerto Montt, las que necesariamente dependen del mar para su desarrollo y conexión con el resto del territorio nacional.

Finalmente, se considera que merece un especial reconocimiento, una de las etnias marítimas más destacadas de las que se han mencionado y que por los demás, aún subsiste, pese a las imposiciones de la colonización y el desarrollo del país. Ellos son los Kaweskar o Alacalufes que, aunque han emigrado parcialmente a lugares poblados como Punta Arenas, mostrando con plena vigencia sus artes artesanales, que todavía se puede apreciar en las pequeñas canoas y cestos que cuidadosamente confeccionan, no sólo para los turistas extranjeros que visitan dichos lugares sino, para el resto de los chilenos que reconocen en esos trabajos un real ancestro histórico vinculado al mar.

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