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La Escuela Naval en el Tiempo

Palabras del Director de Liga Marítima de Chile y Teniente 2º RN, Sr. Ronny Frederick Levi con ocasión del homenaje que la corporación rindió a la Escuela Naval “Arturo Prat” con motivo del 190º aniversario de su creación, en el Club Naval de Valparaíso, el 6 de Agosto de 2008.

En representación de Liga Marítima de Chile me permitiré presentar algunas reflexiones sobre nuestra Escuela Naval, en el tiempo. Para ello es preciso centrar el concepto del tiempo y sus coordenadas. Nada mejor que aplicar la definición del tiempo, formulada por San Agustín en el medioevo. Tiempo es el pasado, el presente y el futuro.

Pasado: son los recuerdos, percibidos hoy, de hechos anteriores.
Presente: es la percepción de hoy, del mundo que visualizamos.
Futuro: es la esperanza que tenemos hoy, de lo que queremos que sea mañana.
Recuerdo, percepción y esperanza, son también las funciones del alma.

Pasado de la Escuela Naval

Considerando cuán importante es para hacer cada día más impenetrable el baluarte de la libertad en América, el fomentar la Marina hasta ponerla en un pie brillante que asegure la defensa de las costas del Estado de Chile contra las tentativas de nuestros enemigos y, atendiendo a la necesidad de que haya un plantel de Oficiales de Marina, cuya instrucción los haga capaces de conducir las operaciones marítimas, he venido en decretar lo siguiente:
“Será creada en el Departamento de Valparaíso, una Academia de Jóvenes Guardiamarinas…” fragmento del decreto firmado por O’Higgins y Zenteno, el 4 de Agosto de 1818.

Así, la Escuela Naval, como dice la oda del Teniente Mario Ibar: “es hija de O’Higgins y luego madre de Prat” pero también, de todo un curso de héroes que distinguen nuestra historia y formadora permanente de generaciones de Oficiales que han sabido cumplir con su deber cabalmente, en cada ocasión que los intereses de la Patria así lo han demandado.

Su ejemplo como modelo de valores morales, virtudes navales y excelencia profesional ha trascendido el tiempo y el espacio, adoptándose en numerosas Escuelas Navales latinoamericanas, acogiendo la formación de posteriores brillantes oficiales de países hermanos.

Los recuerdos del pasado acuñados en el Patio 1 y del Buque de la Vieja Casona del cerro Artillería que siempre observaba la rada del puerto, ya se han amalgamado con los de la orgullosa escuela de Punta Ángeles en una jarcia entrelazada de camaradería, tradiciones y recuerdos que se proyectan en su prolongación humana natural: el Caleuche y todo lo que representa, como nave espiritual y organización ya globalizada en seis países, siguiendo aguas a su buque madre: el Litoral Valparaíso y más de veinticuatro capitanías. Donde se junten dos ex cadetes navales, sin importar su edad, se puede decir que navega un chinchorro del Caleuche.

Presente de la Escuela Naval

Comandante, don Osvaldo Schwarzenberg, usted tiene el privilegio de provenir de una saga de Almirantes, así como otras formadas y en formación en la Escuela Naval, pero tiene, a su vez, como lo tuvieron todos los directores que lo precedieron, el tremendo desafío de conducirla segura y exitosamente por el track ya marcado por su historia, misión garantizada por su formación, recibida precisamente en sus cubiertas desde mote. Porque la Escuela Naval no son sus instalaciones, ni sólo los cadetes. La Escuela Naval es su Director, sus Oficiales, sus Profesores civiles, Suboficiales y filiaciones, dotación toda que converge en dar a los cadetes lo mejor de si mismos para otorgarles una formación indeleble y de privilegio.

Basta haber sido mote para que el grueso del contenido valórico se adhiera de por vida y al vertiginoso pasar de los años desde entonces, el ex cadete se podrá observar envejecido, con una tenue capa de óxido superficial pero, como la Medalla de Plata Oxidada Al Mérito, tradicional condecoración que otorga nuestra Liga Marítima, su alma continúa siendo de la más pura y brillante plata, como la de los Jinetes de Plata (de Bascuñán), valores vívidos e intransables.

El modelo educacional de la Escuela Naval que usted conduce es de última generación, no obstante está fundamentado en una malla de 190 años de capacidades demostradas. De este modelo surgen vectores navales, profesionales, humanistas y morales, probados en su aplicación por generaciones de oficiales y por aquellos que las circunstancias trasbordaron al mundo civil, de la diplomacia, de las leyes, la economía, la banca, la industria, el comercio, la administración de recursos humanos, el arte.

Denominador común: el respeto a la autoridad, a los profesores civiles y al personal todo. Respeto, disciplina y lealtad, quizás son las primeras virtudes navales.

Hoy la mujer se ha incorporado a la Escuela Naval. Es el espíritu de doña Carmela Carvajal, el que finalmente también se ha embarcado. La dotación está ahora completa.

Aquellos que después de veinte años siguen buscando un modelo de educación para Chile, deberían detenerse un momento en la Escuela Naval y, todo lo que observarían, agregaría ciertamente valor a sus múltiples necesidades, pero sobretodo, la priorización de lo valórico, lo permanente.

Futuro de la Escuela Naval

Desde Punta Ángeles la Escuela Naval del futuro observa el puerto y otea el Pacífico, símbolos del Chile marítimo. La proyección de su historia y la actual preparación profesional y humana de sus cadetes, oficiales del futuro, son la garantía de la continuidad de un Chile libre, como hará pronto 200 años. Lo modelarán nuestros próceres, instaurando nuestra independencia y soberanía, así como de otros países, generada desde cuatro tablas zarpando de esta rada nuestra.

La excelencia demostrada ya entonces por nuestras fuerzas, hizo decir a Simón Bolívar: “Si alguna república perdura en América, será Chile”. Los países sobreviven por la calidad de sus instituciones, que son sus hombres y estos son hijos de su formación. La Escuela Naval ha sido y siempre será una institución garante de los valores de nuestra Patria, sustentada en la solidez de sus tradiciones, el esfuerzo constante y la excelencia.

Al cruzar el severo portalón e ingresar como motes, nuestros brigadieres nos decían y reiteraban: ¡Ustedes son lo mejor de Chile! Nunca sabremos si lo fuimos, pero la Armada, la Escuela Naval, Director, Oficiales, Profesores civiles, Capellán, Suboficiales, su dotación toda, nos dieron ciertamente la privilegiada oportunidad de serlo y así sentirlo. Gracias a todos ellos por esa extraordinaria oportunidad vivida y que los que nos sigan vivirán.

Mil y muchas veces más, desde el pasado, el presente y el devenir de los tiempos, mil gracias.

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