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Los Náufragos de la Fragata Chilena "Lota"

Jorge Sepúlveda Ortíz
Vicealmirante

Una tragedia olvidada en nuestra historia, es el caso de los náufragos de la fragata “Lota”.

Esta fragata era un velero de 1.067 toneladas gruesas y una eslora de 57 metros; fue construida en Brunswick en 1866. Durante la Guerra del Pacífico formó parte del convoy de la expedición del Capitán de Navío, don Patricio Lynch a Pisco-Paracas en 1880.

Fue devuelta a su dueño, don Federico Peede, armador de Valparaíso, cuando no fueron necesarios sus servicios.

El tráfico que cubría esta fragata era normalmente de cabotaje entre puertos chilenos, transportando maderas de la zona de Chiloé o carbón desde Lota o Coronel a Valparaíso y más al Norte hacia puertos salitreros. Su ruta de ultramar era en lastre o con carga, probablemente salitre, a puertos de la costa del Pacífico de Canadá, como Vancouver, Moody Ville o Burrard Inlet y puertos en el estado de Washington, en Estados Unidos, como Puget Sound o Port Townsend y también San Francisco, cargando maderas, con destino a Australia, Melbourne y al puerto de Newcastle (New South Wales). En este último puerto embarcaba carbón con destino a Chile, como carga de retorno.

Los últimos movimientos de la barca “Lota”, al mando del Capitán A. Jonson, fueron los siguientes:

El 13 de Mayo de 1888, recaló a Melbourne proveniente de San Francisco, desde donde había zarpado el 12 de Febrero con un cargamento de madera.

El 26 de Julio de ese año, zarpó de Melbourne con destino a Newcastle, NSW, donde recaló el 3 de Agosto.

El 16 de Agosto zarpó con destino a Valparaíso con un cargamento de 1.496 toneladas de carbón.

En este viaje de regreso a Chile, se enfrentó a un violento e imprevisto temporal que hizo naufragar a la “Lota” el 19 de Septiembre de 1888, como a 10 millas de la isla Palmer, probablemente en la Fidji Occidental.

El naufragio fue desastroso, escapando con vida sólo el contramaestre Herman Johnson de nacionalidad escocesa, casado y radicado en Chile, y el muchacho de rancho, que iniciaba su carrera en la mar, Ramón Rojas de nacionalidad chilena. Este joven, de sólo 16 años de edad, era oriundo de Valdivia.

Ambos náufragos lograron llegar a la isla Palmer, asidos a un madero de la fragata “Lota”.

Esta isla estaba completamente deshabitada; sólo encontraron cerdos y cabras salvajes.

Johnson y Rojas al verse en tierra comenzaron por buscar un lugar donde refugiarse y decidieron construir una cabaña para ponerse a cubierto de la intemperie y de las numerosas serpientes y alimañas existentes en la isla. Esta tarea fue de suyo difícil, pues no habían logrado salvar ninguna herramienta, ni siquiera un cortaplumas.

Debe haber sido muy sorpresivo el hundimiento de la fragata “Lota”, pues en la época de veleros era fundamental que cada tripulante portara un cuchillo, para cualquier emergencia que surgiera con la cabullería o las velas.

De esa manera permanecieron por el espacio de dos años en completo aislamiento, alimentándose con cocos y naranjas que eran muy abundantes, con huevos de aves marinas y también mejorando el rancho con carne de cerdo y cabras.

Me imagino que al menos alguno de ellos habría leído las aventuras de Robinson Crusoe, sin pensar que se encontrarían en una situación algo similar, pero con menos medios de supervivencia con el que desembarcaron a Alexander Selkirk.

Selkirk, no sólo llevaba su biblia, sino una escopeta con pólvora y munición, víveres, ropas y catalejo, pues era el piloto de uno de los buques. Esa lectura, habrá sido fuente de inspiración para suplir con imaginación la falta de herramientas.

En 1890, a los dos años de encontrarse en la isla Palmer, Rojas se enfermó de una fuerte disentería, probablemente por una grave infección gástrica, causándole la muerte en breves horas. Johnson quedó sin su compañero y reducido a sobrevivir totalmente solitario.

Tres años después, en 1893, avistó un buque y se hizo a la mar, auxiliado de una balsa que había construido y con el apoyo de diversas señales para llamar la atención, fue visto desde el buque de nacionalidad alemana y subido a bordo.

Herman Johnson, con una larga barba y con su cuerpo medio cubierto con tejido de pieles de aves y hojas de árboles, ofrecía una extraña figura que no pudo menos que conmover profundamente a los tripulantes de la nave, tratándose de un hombre de su misma profesión, que había sufrido tantas penurias.

El capitán le hizo prodigar toda clase de cuidados en forma muy especial por haber notado en él cierto estado de confusión mental.

Un estado mental, me permito comentar, muy lógico de esperar luego de vivir aislado cinco años y encontrarse súbitamente rodeado por mucha gente que no conocía y que, sin duda, lo acosaba con preguntas en un idioma que probablemente no dominaba completamente.

El buque tenía como puerto de destino Hamburgo. A su recalada, fue atendido y pasó su recuperación en un hospital por cuenta del Cónsul de Chile.

Probablemente, el mismo cónsul logró embarcarlo en un buque inglés, que zarparía con destino a Chile. Este buque, por razones que no he logrado establecer, continuó directamente al Callao. En ese puerto, Johnson habló con el capitán para obtener su licencia y poder volver a Chile a reunirse con su familia en Coronel. En vista que el capitán se negara a esa petición, no le quedó más remedio que desertar, embarcándose más tarde en un buque con destino al puerto donde se encontraba su familia.

Regresó al puerto de Coronel a fines de Junio de 1895, después de casi ocho años desde que zarpara de Chile, donde fue recibido por su esposa y un hijo suyo, quienes ya habían perdido toda esperanza de volverlo a ver, pues lo daban por muerto, como a todos los tripulantes de la fragata “Lota”.

Fuentes consultadas:

Vidal Gormaz, Francisco, Capitán de Navío. “Naufragios ocurridos en las costas de Chile”. Imprenta Helzeviriana, Santiago de Chile 1901.

Diario “El Mercurio” de Valparaíso, 2 de Julio de 1895.

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