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Historia de Puerto Williams, Capital de la Provincia Antártica Chilena

Gastón Droguett Valdivia

En un comienzo

En la isla Navarino, en la costa sur del canal Beagle, se encuentra la localidad de Puerto Williams, capital de la Provincia Antártica Chilena y, como tal, es puerta de entrada y salida de este territorio austral. Es indiscutible, desde el primer encuentro, la presencia de la Armada de Chile y esta institución es la que ha permitido que aquel villorrio haya nacido y prosperado hasta lo que es ahora, después de más de 50 años de su creación con tal nombre.

Si tomamos la comparación usual del calendario para confrontar la edad del ser humano, en relación a la edad del planeta, el hombre hace su aparición recién en los últimos días de Diciembre, igualmente sucede con la existencia de Puerto Williams con esta denominación porque, se conoció anteriormente como Puerto Luisa, en la época de los evangelizadores ingleses y, perdiéndose en la perspectiva de los tiempos, existía como Ushpashun.

Aparece este pedazo del globo del hemisferio opuesto, como “El Ultimo Confín de la Tierra” como titula su libro Lucas Bridges sobre este territorio y su gente. A esto se suma la falsa impresión que fueron provocando los exploradores occidentales del hemisferio septentrional, a medida que iban descubriendo nuevos territorios, como que en ese momento aquellos territorios y sus habitantes recién hicieran su aparición en la representación de la historia de la Tierra. Sin embargo, aquella ligera y falsa impresión queda desvanecida cuando empezamos a conocer y a comprender y percibimos que la realidad es diferente. Antes que aquellos exploradores iniciaran sus legendarios viajes ya había vida en toda la superficie habitable del planeta.

Puerto Williams

La parte austral de nuestro territorio no estuvo ajena a “aquella paradoja de los descubridores”. Cuando Charles Darwin da a conocer a los nativos que habitaban el territorio al sur del Beagle en toda su extensión, éstos tenían ya una larga e interesante historia que contar como raza, la raza Yámana (traducido: nosotros, nuestro pueblo), siendo más tarde Martín Gusinde quien compartió su intimidad con ellos.

Una de las teorías sobre el origen de la raza Yámana es la migratoria pedestre, según la cual, este grupo étnico sería descendiente de emigrantes que atravesaron hacia el continente americano a través del estrecho de Bering o, talvez, pertenecieron a los que migraron por mar para finalmente establecerse en ese rincón extremo.

Antecedentes del museo Martín Gusinde de Puerto Williams

El primero en sospechar el origen asiático del hombre americano fue el jesuita español Joseph de Acosta a fines del siglo XVI. Este erudito enarboló casi los mismos argumentos que tres siglos después esgrimiría el checo norteamericano Alex Hrdlicka, quien ha pasado a ser considerado como el máximo defensor de esta teoría. Los primeros pobladores de América habrían sido los cazadores paleomongoloides asiáticos que ingresaron por el estrecho de Bering, a fines de la glaciación de Winsconsin, del pe- ríodo Plesitoceno, es decir hace 1.5 millones de años. En esa época, la nieve glacial cubría la parte del Norte del actual continente de América, desde Puerto Williams hasta llegar al estado de Wisconsin, en los Estados Unidos. Las oleadas migratorias habrían ingresado por el valle de Yucón de Alaska, en Norteamérica, para después dispersarse por el resto del continente.

El portugués Mendes Correa fue el principal defensor de una inmigración australiana, a través de la Antártica. Según el antropólogo lusitano, los australianos utilizaron sencillas balsas para llegar a Tasmania, las islas Auckland y la Antártida. Este gélido continente pudo ser atravesado cuando gozaba de un “óptimun climáticus” período de clima óptimo, unos 5.000 años A.C., durante el Holoceno. Después de varios siglos de recorrido por las costas antárticas arribaron al Cabo de Hornos en la Tierra del Fuego y más tarde, poblaron la Patagonia.

El antropólogo portugués estudió en 1920 a los nativos de la Patagonia y Tierra del Fuego (Onas, Kon, Tehuelches, Alakalufes y Yaganes), encontrando similitudes físicas, lingüísticas y etnográficas con los aborígenes australianos. Entre las semejanzas, podemos mencionar el grupo sanguíneo, las formas craneales, la resistencia al frío, palabras comunes, uso de mantos de piel y chozas en forma de colmena.

Cuando llega la época de los primeros navegantes y descubridores occidentales, la toponimia de los lugares, con la cual fueron conocidos por siglos por los Yámanas empieza a cambiar por otras denominaciones y en otros idiomas extranjeros, perpetuando a los osados aventureros que se atrevieron a surcar esos tormentosos mares.

Pero los nativos quedarán olvidados hasta la llegada de los exploradores marítimos y luego los evangelizadores ingleses, aunque haya documentos anteriores que dan a conocer su existencia.

Exploraciones marítimas

Las exploraciones del área austral ocurrieron porque las únicas comunicaciones naturales de los océanos Atlántico y Pacífico se producen en el hemisferio Norte por el paso Norweste (Groenlandia, Ártico, estrecho de Bering) pero de extrema dificultad para la navegación por la severidad de los hielos árticos y en el hemisferio Sur por el estrecho de Magallanes o bien por el Cabo de Hornos.

El territorio austral sudamericano y antártico pertenece, desde 1555, a la Gobernación de Chile por Cédula Real del Emperador Carlos V., quien a la muerte de don Pedro de Valdivia, el 24 de Diciembre de 1553, designó a Jerónimo de Alderete Gobernador de Chile hasta el Estrecho y le dispone tomar posesión de las tierras y provincias que caen en la demarcación de la Corona de Castilla, Long.46°37´W conforme al Tratado de Tordesillas de 1493 y luego el Tratado de Zaragoza en 1529, al Sur del estrecho de Magallanes. La muerte repentina de Alderete en nada alteró la decisión del Emperador, quien ratificó su voluntad en la designación de los posteriores Gobernadores de Chile: “La exploración y posesión de las tierras desconocidas, más al Sur”. Y que, según los cartógrafos del siglo XVI, Oronteus Finaeus (1531, dibujó al extremo del cono Sur de Sudamérica pegado al continente antártico, pero lo curioso es que a este continente le dibujó su contorno con extraordinaria precisión), Pierre Desceliers (1550), Abraham Ortelius (1570, 1573 y 1589), Gerardo Mercator (1585) era un solo continente ininterrumpido hasta el Polo Sur.

mapas

Desde el descubrimiento del estrecho de Magallanes en 1520 no hubo ningún conocimiento efectivo ni contacto verificable con aquellas regiones sino hasta 1578 en que el corsario inglés Francis Drake fue arrastrado desde la boca Occidental del Estrecho hacia el Sur hasta la Latitud 55° S y su cartógrafo Richard Hakluyt dio a conocer, en su planisferio de 1599, la primicia: la insularidad de la Tierra del Fuego. En esos mismos días, un holandés, el capitán Dirk Gherritszoon en su buque Buena Nueva era arrastrado igualmente a la salida del estrecho hacia el Sur hasta la latitud 56° S; éste advirtió que el continente se acababa y luego venía un mar, y talvez aquel haya sido el primero en advertir las islas Shetland en la pre Antártica.

Un hecho bélico viene a precipitar el reconocimiento de las tierras archipielágicas. Esta fue la guerra de Flandes en que Holanda se libera del imperio español después de la guerra de los 80 años en 1648, pero que se inició en 1568 y, como consecuencia esperada, le son vedados a los holandeses los puertos en la península ibérica y en sus colonias de ultramar. Esto obligó a los holandeses a buscar sus propios pasos marítimos para satisfacer los requerimientos que España le vedaba. Pero en este nuevo estado holandés, la Compañía de las Indias Orientales monopoliza las actividades navieras y este hecho va a motivar a Isaac Le Maire, rico comerciante del puerto de Hoorn que se asociara con el capitán Willem C. Schouten, experto navegante, y conformaran la Compañía Austral y así organizaron una expedición para encontrar un paso por el Sur de América, lo que le permitiría competir con la compañía monopólica. En 1615 se hace a la mar la expedición en el Eendracht y el Hoorn, al mando del socio de Le Maire, capitán y piloto Schouten y, como veedor de la compañía, se embarca Jacobus Le Maire, hijo del comerciante. El 25 de Enero de 1616 navegan la parte meridional de América por el paso ahora conocido como estrecho de Le Maire, a la que denominan Tierra de Mauricio, en honor del príncipe de Orange-Nassau; asimismo a la isla que les queda hacia el Oriente la bautizan de los Estados y al estrecho entre ambas le pondrán el apellido de la familia del financista: Le Maire.

Bautizaron al islote Barnevelt en homenaje al estadista holandés de la época y el 29 de Enero de 1616 se encontraron con el peñón imponente, único capaz de enfrentar las rudezas de la naturaleza y que señala el extremo insular y más austral del continente. Lo llamaron Hoorn en recuerdo del puerto de donde saliera la expedición. Los años y el uso deformarían el nombre para registrarlo como lo conocemos en la actualidad: Cabo de Hornos.

Willem Schouten fue el descubridor de las islas y sus aguas y el primero en tomar contacto con los indígenas nativos. El objeto de la expedición era encontrar un paso hacia el Poniente y no se detuvieron a explorar el laberinto insular que tenían en las cercanías ni averiguan nada de sus habitantes. Cuando este hallazgo fue conocido en España, se les generó la inquietud de estar perdiendo el control del paso austral, más intuido que conocido, y se organiza una expedición al mando de los hermanos Nodal, Bartolomé y Gonzalo. Bautizaron los lugares con nombres castellanos que no perduraron. Sin embargo, esta expedición tuvo importancia por el descubrimiento de las islas bautizadas como Diego Ramírez y, por el trabajo cartográfico del mismo Diego Ramírez de Arellano, piloto y cosmógrafo (1619). La pujanza de la nueva república de los estados holandeses, siguió con su afán de reconocimientos y, en 1624, el príncipe Mauricio de Nassau organiza una expedición de once navíos al mando del almirante Jacobus L´Hermite. Los trabajos de esta expedición son recordados por el descubrimiento, entre otros, de la isla Hermite, el reconocimiento del golfo de Nassau, de la costa Sur de isla Navarino y porque fueron los primeros en registrar el contacto con los naturales de las islas. Finaliza la arremetida holandesa en el territorio austral con la expedición del general Hendrik Brouwer en 1642. En 1643 se produce la primera víctima que cobró el Cabo de Hornos: el Orangie Boom, nave de la expedición Brouwer, de la cual jamás se supo. Los cartógrafos posteriores mantuvieron la toponimia de los holandeses en homenaje a lo que significó ser los pioneros; así perduran hasta nuestros días: Terhalten, Ewouts, Barnevelt, Hermite, Windhond, Goeree.

La primera carta náutica conocida del territorio Sur Austral fue publicada por Le Maire en Amsterdam en 1617. En esta fase, se da a conocer sólo el contorno de la zona de archipiélagos, sin adentrarse, siendo solamente insinuado el canal Beagle.

Vuelve a la secular soledad el territorio y pasarán las décadas sin que nada significativo suceda, excepto el paso de los anónimos filibusteros ingleses. Hasta que en 1774, el capitán James Cook efectúa levantamientos sólo al contorno, pero sí, reconoce el seno Navidad y denomina a la isla Nueva con este nombre. Recordados también son Bougainville, francés relacionado con las islas Malvinas, el almirante español Malaspina y Joachin D’Arquistade. Este último se distingue por haber traído abordo en sus expediciones a naturalistas y científicos, los que entregarán los primeros conocimientos más detallados de los habitantes y recursos de la tierra y el mar.

Continúan la obra, las tripulaciones de los buques ingleses que, en el período de 1829 a 1834, desarrollan las tareas de exploración y levantamientos hidrográficos: Philip Parker King, Robert Fitz Roy y sus colaboradores: Stokes, Murray, Skyring, Otway y Kirke. La nave capitana Beagle y el Adventure navegaron y desentrañaron el laberinto de las aguas interiores de los canales fueguinos y patagónicos.

También en esta etapa de descubrimientos y exploraciones queda registrada la comisión francesa a bordo de la Romanche que, desde 1882 a 1883, de Septiembre a Septiembre, hizo estación en las cercanías del Cabo de Hornos como parte del programa “Misión Cabo de Hornos” para observaciones de fenómenos magnéticos, meteorología, trabajos de antropología, etnografía, botánica, zoología, etc.. Al mando de la parte marítima estuvo Luis Martial. Hicieron estación en la bahía Orange de la isla Hoste.

Se conserva este grabado holandés de 1631 de la expedición de Jacobus L´Hermite que es la primera representación hecha de los Yámanas. Aunque difiere de los grabados posteriores en cuanto a su fisonomía, muestra sin embargo, el detalle de las embarcaciones que no eran troncos de árboles ahuecados sino que eran construcciones navales artesanales que reflejaban un trabajo experimentado de diseño que nos recuerda las góndolas venecianas, y del aprovechamiento de los elementos naturales, tales como, cueros, el empleo de barro con otros elementos para sellar junturas, el uso de trozos de madera para darle forma al esqueleto de la embarcación; en fin todo un laborioso trabajo que se convertía en aquellas canoas con las cuales se desplazaban con sus familias en esas aguas y que les permitió pescar, mariscar, mantener el fuego encendido y preservar sus vidas por milenios hasta el encuentro con los expedicionarios occidentales y misioneros.

naturales tierra del fuego
Naturales de Tierra del Fuego - Grabado holandés de 1631 que ilustra el relato de la expedición de Jacobus L`Hermite (lovrnael dande Nassausche Vlott, Amsterdam)

Con posterioridad y hasta la fecha se hará presente la Armada de Chile para continuar y ampliar los trabajos descritos. Aquellas dotaciones nacionales cumplieron y lo seguirán haciendo con aquella fuerza que exige la naturaleza, que obliga a la persona, al enfrentarse a los elementos salvajes, a confrontarse con la realidad de sí mismo en un constante desafío.

Actividad misionera y de investigación etnográfica

Pero, si importante fue la actividad de los descubrimientos y reconocimientos, no menos lo fue la desarrollada por los misioneros ingleses. Cuando en 1830 el capitán Fitz Roy regresa a su patria, decide llevarse consigo a cuatro indígenas en represalia por el robo de una embarcación ballenera de su nave, aunque los que capturó no habían participado en el robo según lo relata Anne Chapman en su libro “Darwin en Tierra del Fuego”; éstos cuatro fueron bautizados con nombres incoherentes y con un sentido peyorativo: Boat Memory (por el robo de la ballenera), York Minster, Fuegia Basket y Jemmy Button (habría sido canjeado por un botón de nácar). Al arribo a Gran Bretaña fueron puestos en manos del reverendo Wilson de la Church Missionary Society, en las cercanías de Londres. Boat Memory fallece de tuberculosis en Noviembre de 1830 a poco de su llegada.

Fitz Roy y Charles Darwin

La Church Missionary Society se interesó por la evangelización de la raza Yámana y así es como, al zarpar Fitz Roy en su segunda comisión, junto con los nativos que regresaban a su tierra, venía con ellos un pastor de la iglesia de Inglaterra: Richard Mathew. Se instaló en Wulaia, pero la indiferencia de los nativos hará fracasar tal empresa. La historia fue conocida por Allen Gardiner, un antiguo ex comandante de la Royal Navy, que se retiró de la Armada para seguir su vocación religiosa. Fundó la Patagonian Missionary Society, para dar apoyo moral y financiero a la misión.

Indígena yamana, fotografía de la misión francesa, 1883 Hizo varios intentos misioneros desde 1845. En 1851 es dejado junto a seis hombres en puerto Banner en la isla Picton, pero la voluntad de Dios había dispuesto que su labor apostólica fuera fructífera. Fallece trágicamente por inanición, al quedar desguarnecido y sin alimentos porque, al desembarcar, olvidaron bajar a tierra las armas que le habrían permitido proporcionarse alimento y como defenderse de los indígenas.

El testimonio de su martirio queda escrito, en una roca en la isla que lleva su nombre, Gardiner. Escribieron en Inglés: “Cavar debajo e ir a bahía Española”. Los nativos no atacaron a los ingleses sino que los bloquearon y fueron muriendo uno a uno y el último fue el propio Gardiner. Más, este hecho fue una fuente energética para que otros se decidieran a continuar la obra que, “después del sacrificio de Gardiner y sus compañeros de infortunio”, se hizo popular en toda Gran Bretaña. Como consecuencia se construye la goleta Allen Gardiner y en Octubre de 1854 zarpa desde Bristol con destino a los territorios de los Yámanas.

Paralelamente se decidió la fundación, en las islas Falcklands, de un establecimiento que fuera la posición de los misioneros para su actividad y se crea en 1855 el establecimiento de Keppel (en el Norte de isla Falckland). Las vicisitudes continúan y no se logra establecer en tierra la misión en el punto elegido, Wulaia. Cuando definitivamente se va a realizar, sucede un hecho sangriento a fines 1859 en que Jemmy Button se presume que organiza la matanza de la dotación y misioneros. Desde Keppel en las Falklands, en Abril de 1860 se viene al rescate de la expedición y se recupera sólo al cocinero y por aquél se conoce la tragedia. La goleta se recobra. Ahora la sociedad misionera opera bajo el nombre de South American Missionary Society y no se logra la instalación terrestre sino hasta 1867, en Leuaia, en la costa Norte de Navarino y casi a la entrada del canal Murray.

Yamana dibujo de 1833 Un documento valioso es el relato que el hijo de uno de los misioneros hace en su libro “El último confín de la Tierra”. Lucas Bridges narra la historia de su familia desde la llegada de su padre Tomás Bridges a Wulaia. Posteriormente Tomás Bridges y su familia se instalará en Ushuaia. Se sucederán las misiones: en el grupo de las Wollaston, en Tekenika, bahía Douglas y con este último establecimiento se da por concluida la presencia de misioneros ingleses entrando en el siglo XX, quedando el resto de la raza Yámana, aunque protegida por las autoridades civiles y militares de la región, diezmada por las pestes y vicios que trajeron los blancos y que los nativos fueron incapaces de soportar.

El último vestigio auténtico quedó en la bahía Mejillones, en la ribera sur del canal Beagle, en la parte Oeste de isla Navarino. Los últimos descendientes son trasladados a Puerto Williams, en el sector del río Ukika en la parte Este de la población. De la época evangelizadora pudimos conocer la riqueza interior de los Yámanas, la pureza de sus costumbres nativas, la complejidad de su idioma, la solidez de su institución fundamental, la familia, el respeto por los mayores. Contrasta con la imagen difundida por Charles Darwin, embarcado en el segundo viaje a la zona austral de la HMS Beagle con Fitz Roy. Según éste, era una raza de antropófagos, con un lenguaje gutural monosilábico. Esta imagen Capt. R.N. Robert Fitz Roy Charles Darwin deformada es consecuencia de la premeditada impresión que guardaron esos ingleses y que su aspecto físico les inspiró, naturalmente no correspondía a los cánones de belleza ni culturales europeos.

Yamana expedición a Tierra del Fuego, Martín Gusinde, 1922 El idioma era suave y estructurado, y se puede apreciar en su toponimia: Ushpashun, Analij, Snipe y Onashaga. Aunque su idioma está aún sin clasificar de un modo concreto por parte de la ciencia lingüística, resulta ser uno de los rasgos más señalados de su cultura ya que poseía un extensísimo glosario de unas 32.000 palabras, es el número de vocablos recopilados por Thomas Bridges aunque se considera que superaban las 40.000; el idioma Yagán o Yámana tenía léxico muy especializado en algunos campos semánticos en cuanto llegaba a señalar definidamente objetos en cosas que en otras lenguas pasaban inadvertidas o resumidas en un nombre de conjunto. Por otra parte lograba singulares síntesis particularmente para reflejar conductas y estados afectivos como lo demuestra la palabra mamihlapinatapai: “una mirada entre dos personas, cada una de las cuales espera que la otra comience una acción que ambos desean pero que ninguno se anima a iniciar”.

Yamana expedición a Tierra del Fuego, Martín Gusinde, 1922 No conocieron aquellos extranjeros las ceremonias tradicionales, como el Chiejáus, que era la incorporación de los jóvenes a la sociedad adulta que les permitiría independizarse de sus familias paternales y prepararlos para la vida conyugal y formar las propias familias. No supieron explicarse los exploradores ingleses o no se interesaron, que en las creencias religiosas de estos primitivos había un solo Dios, que era conocido como Hitapuán: Mi Padre. Estos eran los seres que en una época se les calificó como los seres más primitivos y abyectos de cuantos han salido de la mano del Creador (Viaje de un naturalista alrededor del mundo. Charles Darwin). Los que hemos tenido el privilegio de haber vivido algún tiempo en la región y compartido la experiencia, acompañado de nuestras familias, guardamos respeto por aquella raza prácticamente extinguida y sentimos un verdadero orgullo por haber conocido a los restos transculturados de ellos, que otrora fuera el digno y libre pueblo Yámana como lo cita don Mateo Martinic en su libro “Crónicas de las tierras del Sur del canal Beagle”.

Martín Gusinde Entre los últimos investigadores está Martín Gusinde, sacerdote austríaco, dedicado a desentrañar y devolver este nuevo patrimonio a la humanidad, impidiendo que se perdiera el conocimiento y se sumiera en un injusto anonimato a una raza: los Yámanas, cuyo hábitat habitual de desenvolvimiento era bajo las inclemencias del clima austral y Dios los protegía dándole la claridad de la ley natural en sus conciencias, repercutiendo en la transparencia y moralidad de sus actos, hasta que llegó el hombre civilizado a desbaratarlo.

El sacerdote austríaco Martín Gusinde, comisionado por el Gobierno de Chile, cumplió una labor de investigación etnológica entre los años 1919 y 1924. En homenaje a la labor cristiana y científica desarrollada, se le recuerda en la Provincia Antártica y así el museo de Puerto Williams lleva su nombre. Martín Gusinde en su obra “Expedición a Tierra del Fuego” sintetiza las virtudes de esta gente al decir: “adaptado al miserable trozo de tierra, dio vida y animación a su monótono paisaje”.

Soberanía de Chile y su presencia territorial

El 21 de Septiembre de 1843, el capitán de la goleta Ancud, Juan Williams, comisionado por el Gobierno de Chile tomó posesión del estrecho de Magallanes en nombre de Chile, cuyo presidente don Manuel Bulnes, materializó la visionaria inquietud del Libertador don Bernardo O’Higgins: ¡Magallanes! Este acto posesorio, además de oportuno, fue trascendente por cuanto fue el centro desde donde se proyectó y se difundió toda la actividad productiva: Loberos, mineros, ganaderos y raqueadores (que se dedicaban a la explotación de los restos de naufragios). La autoridad chilena controlaba el área como autoridad constituida. La Argentina aún no se hacía presente sino por loberos y navegantes aislados como es el caso del capitán Piedra Buena, quien fuera designado capitán honorario de la Armada argentina, pero que inicialmente fue lobero y navegante. Pero luego, ya en 1870, el Gobernador de Magallanes don Oscar Viel daba cuenta al Gobierno de Chile que se había producido un despojo territorial por parte del Gobernador de la Argentina al entregarle título de propiedad sobre la isla de los Estados a este lobero.

La etapa de la fundación de Magallanes es el preámbulo de otra época importante, la del oro. A comienzos de 1879 la voz de oro en la boca oriental del Estrecho se corrió como pólvora y la tranquila población de Punta Arenas se vio alterada. Esta noticia llegó hasta Buenos Aires y la prensa difundió el descubrimiento de este nuevo dorado. Pero el descubrimiento fue felicidad fugaz. El ingeniero Julio Popper decidió continuar la empresa en sectores geológicamente parecidos a cabo Vírgenes, en el sector de la desembocadura oriental del estrecho de Magallanes, y contrató a un grupo de dálmatas que partieron rebuscando por Tierra del Fuego, por la costa del Atlántico hacia el Sur. Llegaron a la ribera Norte del canal Beagle lo cruzaron y algunos eslavos decidieron investigar en las islas chilenas, a comienzos de 1888. La suerte acompañó a estos buscadores y en efecto, encontraron oro en la desembocadura de los ríos. Esta noticia prendió rápidamente entre los frustrados buscadores e inmigrantes que estaban varados en Punta Arenas y se produjo el frenesí por la zona del Beagle.

Uno de los primeros en arribar fue Juan Simón Paravic. Es la época de los croatas y servios. Tuve el privilegio de presidir en isla Lennox, en 1978, el homenaje de la colonia eslava a los inmigrantes que fueron protagonistas de esta época quimérica al cumplirse el centenario de la llegada de ellos a Punta Arenas, además de que me llenó de profunda satisfacción el tener relación de parentesco directo con uno de sus descendientes, don Sergio Paravic’ Valdivia, arquitecto y actualmente Miembro de Número de la Academia de Historia Naval y Marítima de Chile.

En 1890 había alrededor de 300 mineros repartidos en las islas: Picton, Lennox y Nueva, más la costa oriental de Navarino, la que mira hacia la isla Picton. También se constata la importancia de esta actividad no sólo por la riqueza que proporcionó a nacionales e inmigrantes, sino por la acción política que estuvo comprometida en estos actos en que el Estado de Chile era el indiscutido soberano de aquellos territorios. Las concesiones, autorizaciones de explotación, etc., eran otorgadas por las autoridades chilenas. La actividad aurífera fue decayendo hacia 1900 y, ya en 1907, prácticamente estaba agotada.

Si bien el establecimiento del dispositivo gubernamental en Punta Arenas fue oportuno, no lo fue igual con respecto al área de Navarino. Gracias a la actividad del oro y al descuido chileno, la instalación argentina de Ushuaia fue cobrando cada vez mayor importancia. Aquel poblado que surgió como establecimiento de la misión anglicana, posteriormente en 1885 fue afincado como colonia penal argentina.

Preocupado por esta situación el Gobernador de Magallanes, Daniel Briceño hizo presente al Gobierno de Chile la necesidad de establecer una Subdelegación Marítima en Navarino, pretendiendo neutralizar la in- fluencia de Ushuaia en el comercio de todas las islas al Sur de Tierra del Fuego. Todos los esfuerzos de esta autoridad cayeron en indiferencia. En Septiembre de 1892, se designa al capitán de navío don Manuel Señoret en el cargo de Gobernador de Magallanes. El Gobernador Señoret sigue insistiendo en la misma preocupación de su antecesor. El asunto quedó solucionado por el Ministerio de Relaciones Exteriores y de Colonización, el cual expide un decreto creando la Subdelegación Civil en Puerto Toro en la costa oriental de Isla Navarino, en la ribera del paso Picton, enfrente de la isla Picton. El decreto tiene fecha 7 de Octubre de 1892. El primer Subdelegado fue el Sargento Mayor en retiro del Ejército, don Juan de Dios Olivares. La familia del señor Olivares donó posteriormente al museo Martín Gusinde de Puerto Williams, correspondencia de esa época y las medallas que había obtenido en la Guerra del Pacífico.

Se creó el cargo de Juez para la isla Lennox y en 1902, la XIIª Comisaría de Policía del Territorio. Con la autoridad establecida se suceden las concesiones de terrenos para los primeros verdaderos pobladores, los que se dedicaron a la crianza de animales y pequeños cultivos que, en definitiva, eran actividades que indicaban la intención de afincarse en el territorio. La Armada de Chile estuvo presente en el apoyo a los pobladores.

El agradecimiento hacia la Armada de Chile

El ingeniero Popper que inició la búsqueda de oro en las islas, publicó en la prensa de Buenos Aires su reconocimiento a esta actividad de apoyo de la Marina de Chile. Pero con mayor propiedad don Mateo Martinic expresó lo que significó en esta etapa la presencia de la Armada, pese a que algunos de los buques estacionados en ese distrito debieron desplazarse al Norte por motivos de la Guerra del Pacífico, expresando: “Así escribió la Armada de Chile su capítulo civilizador en los anales del acontecer humano de las tierras australes, para cuyos pobladores la figura recortada de cada buque de la Armada en el horizonte llegó a ser alegremente familiar, animándolos mientras silenciosa y fatigosamente afirmaban con su trabajo la presencia de la República”.

Se fundó Puerto Navarino con un decreto de fecha 8 de Junio de 1938, pero todo lo que se tenía planificado fue muriendo por inacción de la burocracia santiaguina. La Armada que debería instalar una radio estación en ese poblado, decide instalarla en Wulaia; la escuela prevista no llegó a funcionar, sólo el destacamento de Carabineros quedó establecido.

Sigue el desamparo, sumado a ciertas arbitrariedades políticas en que no se respetaron los derechos legales de arrendamiento que poseían los escasos pobladores sobre los predios y se derogan sus derechos para entregarlos a otras personas desconocidas en la zona y que jamás pisaron sus tierras. La época de 1930 a 1950 fue verdaderamente de decadencia y abandono, como lo han definido los historiadores.

Se vio la necesidad de crear otro centro cívico que pudiera impulsar el progreso. Se fundó Puerto Williams en el lugar llamado Puerto Luisa, en recuerdo de una de las hijas del pastor Lawrence. El Gobierno del General Carlos Ibáñez del Campo aprueba la iniciativa de la Armada a través de la labor tesonera y persistente del contraalmirante Donald Mc Intyre y se lleva a cabo la construcción de Puerto Williams. Se estableció el 21 de Noviembre de 1953 como fecha de su fundación. Desde entonces la Armada ha hecho realidad el principio de seguridad nacional sobre los puntos extremos limítrofes del país.

Puerto Williams, la capital de la Provincia Antártica, ha cambiado su realidad original en que ésta era más bien una base naval que contenía a un poblado. Ahora, es una ciudad que contiene una base naval.

Puerto Williams es el bastión de chilenidad que, por su naturaleza, empapa a sus habitantes de patriotismo y de un exaltado afán de servicio y que guarda, con orgullo y celo, el legado de la raza Yámana que se extingue al contacto de una nueva civilización que, por milenios tuvo como sede al territorio austral conformado por canales, islas y océano al Sur de Tierra del Fuego.

Puerto Williams

Bibliografía:

Mateo Martinic. Crónicas de las Tierras del Sur del Canal Beagle
Charles Darwin. Viaje de un naturalista alrededor del mundo
Anne Chapman. Darwin in Tierra del Fuego
Martín Gusinde. Expedición a Tierra del Fuego
Lucas Bridges. El último confín del mundo
Apuntes tomados en el museo Martín Gusinde, de Puerto Williams
Archivos históricos de Mapas
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