Historia de Puerto Williams, Capital de la Provincia Antártica Chilena
En un comienzo
En la isla Navarino, en la costa sur
del canal Beagle, se encuentra la
localidad de Puerto Williams, capital
de la Provincia Antártica Chilena y, como
tal, es puerta de entrada y salida de este territorio
austral. Es indiscutible, desde el primer
encuentro, la presencia de la Armada de Chile
y esta institución es la que ha permitido que
aquel villorrio haya nacido y prosperado hasta
lo que es ahora, después de más de 50 años
de su creación con tal nombre.
Si tomamos la comparación usual del
calendario para confrontar la edad del ser
humano, en relación a la edad del planeta, el
hombre hace su aparición recién en los últimos
días de Diciembre, igualmente sucede
con la existencia de Puerto Williams con esta
denominación porque, se conoció anteriormente
como Puerto Luisa, en la época de los
evangelizadores ingleses y, perdiéndose en
la perspectiva de los tiempos, existía como
Ushpashun.
Aparece este pedazo del globo del hemisferio
opuesto, como “El Ultimo Confín
de la Tierra” como titula su libro Lucas Bridges
sobre este territorio y su gente. A esto
se suma la falsa impresión que fueron provocando
los exploradores occidentales del
hemisferio septentrional, a medida que iban
descubriendo nuevos territorios, como que
en ese momento aquellos territorios y sus
habitantes recién hicieran su aparición en
la representación de la historia de la Tierra.
Sin embargo, aquella ligera y falsa impresión
queda desvanecida cuando empezamos a
conocer y a comprender y percibimos que
la realidad es diferente. Antes que aquellos
exploradores iniciaran sus legendarios viajes
ya había vida en toda la superficie habitable
del planeta.
Puerto Williams
La parte austral de nuestro territorio no
estuvo ajena a “aquella paradoja de los descubridores”.
Cuando Charles Darwin da a
conocer a los nativos que habitaban el territorio
al sur del Beagle en toda su extensión,
éstos tenían ya una larga e interesante historia
que contar como raza, la raza Yámana
(traducido: nosotros, nuestro pueblo), siendo
más tarde Martín Gusinde quien compartió
su intimidad con ellos.
Una de las teorías sobre el origen de la
raza Yámana es la migratoria pedestre, según
la cual, este grupo étnico sería descendiente
de emigrantes que atravesaron hacia el continente
americano a través del estrecho de
Bering o, talvez, pertenecieron a los que migraron
por mar para finalmente establecerse
en ese rincón extremo.
Antecedentes del museo Martín Gusinde
de Puerto Williams
El primero en sospechar el origen asiático
del hombre americano fue el jesuita
español Joseph de Acosta a fines del siglo
XVI. Este erudito enarboló casi los mismos
argumentos que tres siglos después esgrimiría
el checo norteamericano Alex Hrdlicka,
quien ha pasado a ser considerado como
el máximo defensor de esta teoría. Los primeros
pobladores de América habrían sido
los cazadores paleomongoloides asiáticos
que ingresaron por el estrecho de Bering, a
fines de la glaciación de Winsconsin, del pe-
ríodo Plesitoceno, es decir hace 1.5 millones
de años. En esa época, la nieve glacial cubría
la parte del Norte del actual continente de
América, desde Puerto Williams hasta llegar
al estado de Wisconsin, en los Estados
Unidos. Las oleadas migratorias habrían ingresado
por el valle de Yucón de Alaska, en
Norteamérica, para después dispersarse por
el resto del continente.
El portugués Mendes Correa fue el principal
defensor de una inmigración australiana,
a través de la Antártica. Según el antropólogo
lusitano, los australianos utilizaron sencillas
balsas para llegar a Tasmania, las islas Auckland
y la Antártida. Este gélido continente pudo ser
atravesado cuando gozaba de un “óptimun climáticus”
período de clima óptimo, unos 5.000
años A.C., durante el Holoceno. Después de varios
siglos de recorrido por las costas antárticas
arribaron al Cabo de Hornos en la Tierra del
Fuego y más tarde, poblaron la Patagonia.
El antropólogo portugués estudió en 1920
a los nativos de la Patagonia y Tierra del Fuego
(Onas, Kon, Tehuelches, Alakalufes y Yaganes),
encontrando similitudes físicas, lingüísticas y
etnográficas con los aborígenes australianos.
Entre las semejanzas, podemos mencionar el
grupo sanguíneo, las formas craneales, la resistencia
al frío, palabras comunes, uso de mantos
de piel y chozas en forma de colmena.
Cuando llega la época de los primeros
navegantes y descubridores occidentales, la
toponimia de los lugares, con la cual fueron
conocidos por siglos por los Yámanas empieza
a cambiar por otras denominaciones y en
otros idiomas extranjeros, perpetuando a los
osados aventureros que se atrevieron a surcar
esos tormentosos mares.
Pero los nativos quedarán olvidados hasta
la llegada de los exploradores marítimos y
luego los evangelizadores ingleses, aunque
haya documentos anteriores que dan a conocer
su existencia.
Exploraciones marítimas
Las exploraciones del área austral ocurrieron
porque las únicas comunicaciones
naturales de los océanos Atlántico y Pacífico
se producen en el hemisferio Norte por el
paso Norweste (Groenlandia, Ártico, estrecho
de Bering) pero de extrema dificultad
para la navegación por la severidad de los
hielos árticos y en el hemisferio Sur por el
estrecho de Magallanes o bien por el Cabo
de Hornos.
El territorio austral sudamericano y
antártico pertenece, desde 1555, a la Gobernación
de Chile por Cédula Real del
Emperador Carlos V., quien a la muerte de
don Pedro de Valdivia, el 24 de Diciembre
de 1553, designó a Jerónimo de Alderete
Gobernador de Chile hasta el Estrecho y
le dispone tomar posesión de las tierras y
provincias que caen en la demarcación de
la Corona de Castilla, Long.46°37´W conforme
al Tratado de Tordesillas de 1493 y
luego el Tratado de Zaragoza en 1529, al
Sur del estrecho de Magallanes. La muerte
repentina de Alderete en nada alteró la
decisión del Emperador, quien ratificó su
voluntad en la designación de los posteriores
Gobernadores de Chile: “La exploración
y posesión de las tierras desconocidas, más
al Sur”. Y que, según los cartógrafos del siglo
XVI, Oronteus Finaeus (1531, dibujó al
extremo del cono Sur de Sudamérica pegado
al continente antártico, pero lo curioso
es que a este continente le dibujó su contorno
con extraordinaria precisión), Pierre
Desceliers (1550), Abraham Ortelius (1570,
1573 y 1589), Gerardo Mercator (1585) era
un solo continente ininterrumpido hasta el
Polo Sur.
Desde el descubrimiento del estrecho
de Magallanes en 1520 no hubo ningún
conocimiento efectivo ni contacto verificable
con aquellas regiones sino hasta 1578
en que el corsario inglés Francis Drake fue
arrastrado desde la boca Occidental del Estrecho
hacia el Sur hasta la Latitud 55° S y
su cartógrafo Richard Hakluyt dio a conocer,
en su planisferio de 1599, la primicia: la
insularidad de la Tierra del Fuego. En esos
mismos días, un holandés, el capitán Dirk
Gherritszoon en su buque Buena Nueva era
arrastrado igualmente a la salida del estrecho
hacia el Sur hasta la latitud 56° S; éste
advirtió que el continente se acababa y luego
venía un mar, y talvez aquel haya sido el
primero en advertir las islas Shetland en la
pre Antártica.
Un hecho bélico viene a precipitar el reconocimiento
de las tierras archipielágicas.
Esta fue la guerra de Flandes en que Holanda
se libera del imperio español después de la
guerra de los 80 años en 1648, pero que se
inició en 1568 y, como consecuencia esperada,
le son vedados a los holandeses los puertos
en la península ibérica y en sus colonias
de ultramar. Esto obligó a los holandeses a
buscar sus propios pasos marítimos para satisfacer
los requerimientos que España le vedaba.
Pero en este nuevo estado holandés, la
Compañía de las Indias Orientales monopoliza
las actividades navieras y este hecho va a
motivar a Isaac Le Maire, rico comerciante del
puerto de Hoorn que se asociara con el capitán
Willem C. Schouten, experto navegante,
y conformaran la Compañía Austral y así organizaron
una expedición para encontrar un
paso por el Sur de América, lo que le permitiría
competir con la compañía monopólica.
En 1615 se hace a la mar la expedición en el
Eendracht y el Hoorn, al mando del socio de
Le Maire, capitán y piloto Schouten y, como
veedor de la compañía, se embarca Jacobus
Le Maire, hijo del comerciante. El 25 de Enero
de 1616 navegan la parte meridional de
América por el paso ahora conocido como
estrecho de Le Maire, a la que denominan
Tierra de Mauricio, en honor del príncipe de
Orange-Nassau; asimismo a la isla que les
queda hacia el Oriente la bautizan de los Estados
y al estrecho entre ambas le pondrán el
apellido de la familia del financista: Le Maire.
Bautizaron al islote Barnevelt en homenaje
al estadista holandés de la época y el 29 de
Enero de 1616 se encontraron con el peñón
imponente, único capaz de enfrentar las rudezas
de la naturaleza y que señala el extremo
insular y más austral del continente. Lo llamaron
Hoorn en recuerdo del puerto de donde
saliera la expedición. Los años y el uso deformarían
el nombre para registrarlo como lo conocemos
en la actualidad: Cabo de Hornos.
Willem Schouten fue el descubridor de
las islas y sus aguas y el primero en tomar
contacto con los indígenas nativos. El objeto
de la expedición era encontrar un paso hacia
el Poniente y no se detuvieron a explorar el
laberinto insular que tenían en las cercanías
ni averiguan nada de sus habitantes. Cuando este hallazgo fue conocido en España, se
les generó la inquietud de estar perdiendo
el control del paso austral, más intuido que
conocido, y se organiza una expedición al
mando de los hermanos Nodal, Bartolomé y
Gonzalo. Bautizaron los lugares con nombres
castellanos que no perduraron. Sin embargo,
esta expedición tuvo importancia por el
descubrimiento de las islas bautizadas como
Diego Ramírez y, por el trabajo cartográfico
del mismo Diego Ramírez de Arellano, piloto
y cosmógrafo (1619). La pujanza de la nueva
república de los estados holandeses, siguió
con su afán de reconocimientos y, en 1624,
el príncipe Mauricio de Nassau organiza una
expedición de once navíos al mando del almirante
Jacobus L´Hermite. Los trabajos de
esta expedición son recordados por el descubrimiento,
entre otros, de la isla Hermite,
el reconocimiento del golfo de Nassau, de la
costa Sur de isla Navarino y porque fueron
los primeros en registrar el contacto con los
naturales de las islas. Finaliza la arremetida
holandesa en el territorio austral con la expedición
del general Hendrik Brouwer en 1642.
En 1643 se produce la primera víctima que
cobró el Cabo de Hornos: el Orangie Boom,
nave de la expedición Brouwer, de la cual
jamás se supo. Los cartógrafos posteriores
mantuvieron la toponimia de los holandeses
en homenaje a lo que significó ser los pioneros;
así perduran hasta nuestros días: Terhalten,
Ewouts, Barnevelt, Hermite, Windhond,
Goeree.
La primera carta náutica conocida del territorio
Sur Austral fue publicada por Le Maire
en Amsterdam en 1617. En esta fase, se da
a conocer sólo el contorno de la zona de archipiélagos,
sin adentrarse, siendo solamente
insinuado el canal Beagle.
Vuelve a la secular soledad el territorio y
pasarán las décadas sin que nada significativo
suceda, excepto el paso de los anónimos
filibusteros ingleses. Hasta que en 1774, el
capitán James Cook efectúa levantamientos
sólo al contorno, pero sí, reconoce el seno
Navidad y denomina a la isla Nueva con este
nombre. Recordados también son Bougainville,
francés relacionado con las islas Malvinas,
el almirante español Malaspina y Joachin
D’Arquistade. Este último se distingue por
haber traído abordo en sus expediciones a
naturalistas y científicos, los que entregarán
los primeros conocimientos más detallados
de los habitantes y recursos de la tierra y el
mar.
Continúan la obra, las tripulaciones de los
buques ingleses que, en el período de 1829
a 1834, desarrollan las tareas de exploración
y levantamientos hidrográficos: Philip Parker
King, Robert Fitz Roy y sus colaboradores:
Stokes, Murray, Skyring, Otway y Kirke. La nave
capitana Beagle y el Adventure navegaron y
desentrañaron el laberinto de las aguas interiores
de los canales fueguinos y patagónicos.
También en esta etapa de descubrimientos
y exploraciones queda registrada la comisión
francesa a bordo de la Romanche que,
desde 1882 a 1883, de Septiembre a Septiembre,
hizo estación en las cercanías del
Cabo de Hornos como parte del programa
“Misión Cabo de Hornos” para observaciones
de fenómenos magnéticos, meteorología,
trabajos de antropología, etnografía, botánica,
zoología, etc.. Al mando de la parte marítima
estuvo Luis Martial. Hicieron estación en
la bahía Orange de la isla Hoste.
Se conserva este grabado holandés de
1631 de la expedición de Jacobus L´Hermite
que es la primera representación hecha de
los Yámanas. Aunque difiere de los grabados
posteriores en cuanto a su fisonomía, muestra
sin embargo, el detalle de las embarcaciones
que no eran troncos de árboles ahuecados
sino que eran construcciones navales artesanales
que reflejaban un trabajo experimentado
de diseño que nos recuerda las góndolas
venecianas, y del aprovechamiento de los
elementos naturales, tales como, cueros, el
empleo de barro con otros elementos para
sellar junturas, el uso de trozos de madera
para darle forma al esqueleto de la embarcación;
en fin todo un laborioso trabajo que se
convertía en aquellas canoas con las cuales se
desplazaban con sus familias en esas aguas y
que les permitió pescar, mariscar, mantener
el fuego encendido y preservar sus vidas por
milenios hasta el encuentro con los expedicionarios
occidentales y misioneros.

Naturales de Tierra del Fuego - Grabado holandés de 1631 que ilustra el relato de la expedición de Jacobus L`Hermite (lovrnael dande Nassausche Vlott, Amsterdam)
Con posterioridad y hasta la fecha se hará
presente la Armada de Chile para continuar
y ampliar los trabajos descritos. Aquellas dotaciones
nacionales cumplieron y lo seguirán
haciendo con aquella fuerza que exige la naturaleza,
que obliga a la persona, al enfrentarse
a los elementos salvajes, a confrontarse con la
realidad de sí mismo en un constante desafío.
Actividad misionera y de investigación
etnográfica
Pero, si importante fue la actividad de
los descubrimientos y reconocimientos, no
menos lo fue la desarrollada por los misioneros
ingleses. Cuando en 1830 el capitán
Fitz Roy regresa a su patria, decide llevarse
consigo a cuatro indígenas en represalia
por el robo de una embarcación ballenera
de su nave, aunque los que capturó no habían
participado en el robo según lo relata
Anne Chapman en su libro “Darwin en Tierra
del Fuego”; éstos cuatro fueron bautizados
con nombres incoherentes y con un sentido
peyorativo: Boat Memory (por el robo
de la ballenera), York Minster, Fuegia Basket
y Jemmy Button (habría sido canjeado por
un botón de nácar). Al arribo a Gran Bretaña
fueron puestos en manos del reverendo
Wilson de la Church Missionary Society, en
las cercanías de Londres. Boat Memory fallece
de tuberculosis en Noviembre de 1830 a
poco de su llegada.
La Church Missionary Society se interesó
por la evangelización de la raza Yámana y así
es como, al zarpar Fitz Roy en su segunda comisión,
junto con los nativos que regresaban
a su tierra, venía con ellos un pastor de la iglesia
de Inglaterra: Richard Mathew. Se instaló
en Wulaia, pero la indiferencia de los nativos
hará fracasar tal empresa. La historia fue conocida
por Allen Gardiner, un antiguo ex comandante
de la Royal Navy, que se retiró de
la Armada para seguir su vocación religiosa.
Fundó la Patagonian Missionary Society, para
dar apoyo moral y financiero a la misión.
Hizo varios intentos misioneros desde
1845. En 1851 es dejado junto a seis hombres
en puerto Banner en la isla Picton, pero
la voluntad de Dios había dispuesto que su
labor apostólica fuera fructífera. Fallece trágicamente
por inanición, al quedar desguarnecido
y sin alimentos porque, al desembarcar,
olvidaron bajar a tierra las armas que le habrían
permitido proporcionarse alimento y
como defenderse de los indígenas.
El testimonio de su martirio queda escrito,
en una roca en la isla que lleva su nombre,
Gardiner. Escribieron en Inglés: “Cavar
debajo e ir a bahía Española”. Los nativos no
atacaron a los ingleses sino que los bloquearon
y fueron muriendo uno a uno y el último
fue el propio Gardiner. Más, este hecho
fue una fuente energética para que otros se
decidieran a continuar la obra que, “después
del sacrificio de Gardiner y sus compañeros
de infortunio”, se hizo popular en toda Gran
Bretaña. Como consecuencia se construye la
goleta Allen Gardiner y en Octubre de 1854
zarpa desde Bristol con destino a los territorios
de los Yámanas.
Paralelamente se decidió la fundación,
en las islas Falcklands, de un establecimiento
que fuera la posición de los misioneros para
su actividad y se crea en 1855 el establecimiento
de Keppel (en el Norte de isla Falckland).
Las vicisitudes continúan y no se logra
establecer en tierra la misión en el punto elegido,
Wulaia. Cuando definitivamente se va a
realizar, sucede un hecho sangriento a fines
1859 en que Jemmy Button se presume que
organiza la matanza de la dotación y misioneros.
Desde Keppel en las Falklands, en Abril
de 1860 se viene al rescate de la expedición
y se recupera sólo al cocinero y por aquél se
conoce la tragedia. La goleta se recobra. Ahora
la sociedad misionera opera bajo el nombre
de South American Missionary Society y
no se logra la instalación terrestre sino hasta
1867, en Leuaia, en la costa Norte de Navarino
y casi a la entrada del canal Murray.
Un documento valioso es el relato que el
hijo de uno de los misioneros hace en su libro
“El último confín de la Tierra”. Lucas Bridges
narra la historia de su familia desde la llegada
de su padre Tomás Bridges a Wulaia. Posteriormente
Tomás Bridges y su familia se instalará
en Ushuaia. Se sucederán las misiones:
en el grupo de las Wollaston, en Tekenika,
bahía Douglas y con este último establecimiento
se da por concluida la presencia de
misioneros ingleses entrando en el siglo XX,
quedando el resto de la raza Yámana, aunque
protegida por las autoridades civiles y militares
de la región, diezmada por las pestes y
vicios que trajeron los blancos y que los nativos
fueron incapaces de soportar.
El último vestigio auténtico quedó en la
bahía Mejillones, en la ribera sur del canal
Beagle, en la parte Oeste de isla Navarino.
Los últimos descendientes son trasladados
a Puerto Williams, en el sector del río Ukika
en la parte Este de la población. De la época
evangelizadora pudimos conocer la riqueza
interior de los Yámanas, la pureza de sus costumbres
nativas, la complejidad de su idioma,
la solidez de su institución fundamental, la
familia, el respeto por los mayores. Contrasta
con la imagen difundida por Charles Darwin,
embarcado en el segundo viaje a la zona
austral de la HMS Beagle con Fitz Roy. Según
éste, era una raza de antropófagos, con un
lenguaje gutural monosilábico. Esta imagen
Capt. R.N. Robert Fitz Roy Charles Darwin
deformada es consecuencia de la premeditada
impresión que guardaron esos ingleses y
que su aspecto físico les inspiró, naturalmente
no correspondía a los cánones de belleza
ni culturales europeos.
El idioma era suave y estructurado, y se
puede apreciar en su toponimia: Ushpashun,
Analij, Snipe y Onashaga. Aunque su idioma
está aún sin clasificar de un modo concreto
por parte de la ciencia lingüística, resulta ser
uno de los rasgos más señalados de su cultura
ya que poseía un extensísimo glosario de
unas 32.000 palabras, es el número de vocablos
recopilados por Thomas Bridges aunque
se considera que superaban las 40.000; el
idioma Yagán o Yámana tenía léxico muy especializado
en algunos campos semánticos
en cuanto llegaba a señalar definidamente
objetos en cosas que en otras lenguas pasaban
inadvertidas o resumidas en un nombre
de conjunto. Por otra parte lograba singulares
síntesis particularmente para reflejar conductas
y estados afectivos como lo demuestra la
palabra mamihlapinatapai: “una mirada entre
dos personas, cada una de las cuales espera
que la otra comience una acción que ambos
desean pero que ninguno se anima a iniciar”.
No conocieron aquellos extranjeros las
ceremonias tradicionales, como el Chiejáus,
que era la incorporación de los jóvenes a la
sociedad adulta que les permitiría independizarse
de sus familias paternales y prepararlos
para la vida conyugal y formar las propias
familias. No supieron explicarse los exploradores
ingleses o no se interesaron, que en las
creencias religiosas de estos primitivos había
un solo Dios, que era conocido como Hitapuán:
Mi Padre. Estos eran los seres que en
una época se les calificó como los seres más
primitivos y abyectos de cuantos han salido
de la mano del Creador (Viaje de un naturalista
alrededor del mundo. Charles Darwin).
Los que hemos tenido el privilegio de haber
vivido algún tiempo en la región y compartido
la experiencia, acompañado de nuestras
familias, guardamos respeto por aquella raza
prácticamente extinguida y sentimos un verdadero
orgullo por haber conocido a los restos
transculturados de ellos, que otrora fuera
el digno y libre pueblo Yámana como lo cita
don Mateo Martinic en su libro “Crónicas de
las tierras del Sur del canal Beagle”.
Entre los últimos investigadores está
Martín Gusinde, sacerdote austríaco, dedicado
a desentrañar y devolver este nuevo patrimonio
a la humanidad, impidiendo que se
perdiera el conocimiento y se sumiera en un
injusto anonimato a una raza: los Yámanas,
cuyo hábitat habitual de desenvolvimiento
era bajo las inclemencias del clima austral
y Dios los protegía dándole la claridad de la
ley natural en sus conciencias, repercutiendo
en la transparencia y moralidad de sus actos,
hasta que llegó el hombre civilizado a desbaratarlo.
El sacerdote austríaco Martín Gusinde,
comisionado por el Gobierno de Chile, cumplió
una labor de investigación etnológica
entre los años 1919 y 1924. En homenaje a
la labor cristiana y científica desarrollada, se
le recuerda en la Provincia Antártica y así el
museo de Puerto Williams lleva su nombre.
Martín Gusinde en su obra “Expedición a Tierra
del Fuego” sintetiza las virtudes de esta
gente al decir: “adaptado al miserable trozo
de tierra, dio vida y animación a su monótono
paisaje”.
Soberanía de Chile y su presencia
territorial
El 21 de Septiembre de 1843, el capitán
de la goleta Ancud, Juan Williams, comisionado
por el Gobierno de Chile tomó posesión
del estrecho de Magallanes en nombre
de Chile, cuyo presidente don Manuel
Bulnes, materializó la visionaria inquietud
del Libertador don Bernardo O’Higgins:
¡Magallanes! Este acto posesorio, además
de oportuno, fue trascendente por cuanto
fue el centro desde donde se proyectó y se
difundió toda la actividad productiva: Loberos,
mineros, ganaderos y raqueadores (que
se dedicaban a la explotación de los restos
de naufragios). La autoridad chilena controlaba
el área como autoridad constituida. La
Argentina aún no se hacía presente sino por
loberos y navegantes aislados como es el
caso del capitán Piedra Buena, quien fuera
designado capitán honorario de la Armada
argentina, pero que inicialmente fue lobero
y navegante. Pero luego, ya en 1870, el
Gobernador de Magallanes don Oscar Viel
daba cuenta al Gobierno de Chile que se
había producido un despojo territorial por
parte del Gobernador de la Argentina al entregarle
título de propiedad sobre la isla de
los Estados a este lobero.
La etapa de la fundación de Magallanes
es el preámbulo de otra época importante,
la del oro. A comienzos de 1879 la voz de
oro en la boca oriental del Estrecho se corrió
como pólvora y la tranquila población
de Punta Arenas se vio alterada. Esta noticia
llegó hasta Buenos Aires y la prensa difundió
el descubrimiento de este nuevo dorado.
Pero el descubrimiento fue felicidad
fugaz. El ingeniero Julio Popper decidió
continuar la empresa en sectores geológicamente
parecidos a cabo Vírgenes, en el
sector de la desembocadura oriental del estrecho
de Magallanes, y contrató a un grupo
de dálmatas que partieron rebuscando por
Tierra del Fuego, por la costa del Atlántico
hacia el Sur. Llegaron a la ribera Norte del
canal Beagle lo cruzaron y algunos eslavos
decidieron investigar en las islas chilenas, a
comienzos de 1888. La suerte acompañó a
estos buscadores y en efecto, encontraron
oro en la desembocadura de los ríos. Esta
noticia prendió rápidamente entre los frustrados
buscadores e inmigrantes que estaban
varados en Punta Arenas y se produjo
el frenesí por la zona del Beagle.
Uno de los primeros en arribar fue Juan
Simón Paravic. Es la época de los croatas y
servios. Tuve el privilegio de presidir en isla
Lennox, en 1978, el homenaje de la colonia
eslava a los inmigrantes que fueron protagonistas
de esta época quimérica al cumplirse
el centenario de la llegada de ellos a
Punta Arenas, además de que me llenó de
profunda satisfacción el tener relación de
parentesco directo con uno de sus descendientes,
don Sergio Paravic’ Valdivia, arquitecto
y actualmente Miembro de Número
de la Academia de Historia Naval y Marítima
de Chile.
En 1890 había alrededor de 300 mineros
repartidos en las islas: Picton, Lennox y Nueva,
más la costa oriental de Navarino, la que
mira hacia la isla Picton. También se constata
la importancia de esta actividad no sólo por
la riqueza que proporcionó a nacionales e inmigrantes,
sino por la acción política que estuvo
comprometida en estos actos en que el
Estado de Chile era el indiscutido soberano
de aquellos territorios. Las concesiones, autorizaciones
de explotación, etc., eran otorgadas
por las autoridades chilenas. La actividad
aurífera fue decayendo hacia 1900 y, ya
en 1907, prácticamente estaba agotada.
Si bien el establecimiento del dispositivo
gubernamental en Punta Arenas fue oportuno,
no lo fue igual con respecto al área de
Navarino. Gracias a la actividad del oro y al
descuido chileno, la instalación argentina de
Ushuaia fue cobrando cada vez mayor importancia.
Aquel poblado que surgió como
establecimiento de la misión anglicana, posteriormente
en 1885 fue afincado como colonia
penal argentina.
Preocupado por esta situación el Gobernador
de Magallanes, Daniel Briceño hizo
presente al Gobierno de Chile la necesidad
de establecer una Subdelegación Marítima
en Navarino, pretendiendo neutralizar la in-
fluencia de Ushuaia en el comercio de todas
las islas al Sur de Tierra del Fuego. Todos los
esfuerzos de esta autoridad cayeron en indiferencia.
En Septiembre de 1892, se designa
al capitán de navío don Manuel Señoret
en el cargo de Gobernador de Magallanes.
El Gobernador Señoret sigue insistiendo en
la misma preocupación de su antecesor. El
asunto quedó solucionado por el Ministerio
de Relaciones Exteriores y de Colonización,
el cual expide un decreto creando la Subdelegación
Civil en Puerto Toro en la costa
oriental de Isla Navarino, en la ribera del paso
Picton, enfrente de la isla Picton. El decreto
tiene fecha 7 de Octubre de 1892. El primer
Subdelegado fue el Sargento Mayor en retiro
del Ejército, don Juan de Dios Olivares. La
familia del señor Olivares donó posteriormente
al museo Martín Gusinde de Puerto
Williams, correspondencia de esa época y las
medallas que había obtenido en la Guerra
del Pacífico.
Se creó el cargo de Juez para la isla Lennox
y en 1902, la XIIª Comisaría de Policía del
Territorio. Con la autoridad establecida se
suceden las concesiones de terrenos para los
primeros verdaderos pobladores, los que se
dedicaron a la crianza de animales y pequeños
cultivos que, en definitiva, eran actividades
que indicaban la intención de afincarse
en el territorio. La Armada de Chile estuvo
presente en el apoyo a los pobladores.
El agradecimiento hacia la Armada de
Chile
El ingeniero Popper que inició la búsqueda
de oro en las islas, publicó en la prensa de
Buenos Aires su reconocimiento a esta actividad
de apoyo de la Marina de Chile. Pero
con mayor propiedad don Mateo Martinic
expresó lo que significó en esta etapa la presencia
de la Armada, pese a que algunos de
los buques estacionados en ese distrito debieron
desplazarse al Norte por motivos de
la Guerra del Pacífico, expresando: “Así escribió la Armada de Chile su capítulo civilizador
en los anales del acontecer humano de las
tierras australes, para cuyos pobladores la
figura recortada de cada buque de la Armada
en el horizonte llegó a ser alegremente
familiar, animándolos mientras silenciosa y
fatigosamente afirmaban con su trabajo la
presencia de la República”.
Se fundó Puerto Navarino con un decreto
de fecha 8 de Junio de 1938, pero todo lo
que se tenía planificado fue muriendo por
inacción de la burocracia santiaguina. La
Armada que debería instalar una radio estación
en ese poblado, decide instalarla en Wulaia;
la escuela prevista no llegó a funcionar,
sólo el destacamento de Carabineros quedó
establecido.
Sigue el desamparo, sumado a ciertas
arbitrariedades políticas en que no se respetaron
los derechos legales de arrendamiento
que poseían los escasos pobladores sobre
los predios y se derogan sus derechos para
entregarlos a otras personas desconocidas
en la zona y que jamás pisaron sus tierras. La
época de 1930 a 1950 fue verdaderamente
de decadencia y abandono, como lo han definido los historiadores.
Se vio la necesidad de crear otro centro
cívico que pudiera impulsar el progreso. Se
fundó Puerto Williams en el lugar llamado
Puerto Luisa, en recuerdo de una de las hijas
del pastor Lawrence. El Gobierno del General
Carlos Ibáñez del Campo aprueba la
iniciativa de la Armada a través de la labor
tesonera y persistente del contraalmirante
Donald Mc Intyre y se lleva a cabo la construcción
de Puerto Williams. Se estableció
el 21 de Noviembre de 1953 como fecha de
su fundación. Desde entonces la Armada ha
hecho realidad el principio de seguridad nacional
sobre los puntos extremos limítrofes
del país.
Puerto Williams, la capital de la Provincia
Antártica, ha cambiado su realidad original
en que ésta era más bien una base naval que
contenía a un poblado. Ahora, es una ciudad
que contiene una base naval.
Puerto Williams es el bastión de chilenidad
que, por su naturaleza, empapa a sus
habitantes de patriotismo y de un exaltado
afán de servicio y que guarda, con orgullo y
celo, el legado de la raza Yámana que se extingue
al contacto de una nueva civilización
que, por milenios tuvo como sede al territorio
austral conformado por canales, islas y
océano al Sur de Tierra del Fuego.
Bibliografía:
Mateo Martinic. Crónicas de las Tierras del Sur del
Canal Beagle
Charles Darwin. Viaje de un naturalista alrededor
del mundo
Anne Chapman. Darwin in Tierra del Fuego
Martín Gusinde. Expedición a Tierra del Fuego
Lucas Bridges. El último confín del mundo
Apuntes tomados en el museo Martín Gusinde, de
Puerto Williams
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