Orígenes del Modelismo Naval
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Omar R. Ortiz-Troncoso, PhD
Miembro Honorario de Liga Marítima de Chile
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Hoy en día las maquetas de buques
son empleadas esencialmente
para la ornamentación
de clubes de deportes náuticos, academias
navales y oficinas de compañías de navegación.
Igualmente están presentes – con
nostalgia - en el hogar de marinos retirados.
Son a veces juguetes para niños y adultos
que en los espejos de agua de parques públicos
simulan regatas con barquichuelos artesanales
y otros teleguiados y costosos. No
obstante, en el pasado y durante siglos estos
modelos fueron considerados con mucha
seriedad como auxiliares de la carpintería de
ribera y la guerra naval.

Modelo en madera de una barca funeraria del antiguo Egipto, Altes Museum, Berlín
Su importancia alcanzó igualmente la
faceta religiosa de diversas civilizaciones.
Por razones rituales, los egipcios de la antigüedad
colocaban en las tumbas pequeñas
barcas del Nilo confeccionadas en madera,
incluyendo su tripulación miniaturizada,
para transportar el alma del difunto hacia el
mundo misterioso que le aguardaba. Seguramente
por motivos del mismo carácter, las
poblaciones precolombinas de las costas de
Perú y Norte de Chile solían incluir en el ajuar
funerario modelos de balsas, de unos 20 cms.
de largo, reproduciendo a pequeña escala las
que en la vida real empleaban para la pesca.
Un pasado algo menos distante nos ha legado
modelos de clippers, pesqueros, remolcadores,
etc. colgados a manera de ex-votos
en las iglesias de los puertos cumpliendo así
promesas hechas por navegantes durante episodios
inquietantes de la vida, en que encomendarse
a la divinidad era el último recurso.
Otras miniaturas de naves fueron confeccionadas
durante viajes prolongados y testimonian
la necesidad de “matar el tiempo” o
de recrear la memoria de un buque con el
que se estableció una vinculación particular.
A veces la mezcla de técnica y paciencia permitía
cumplir con éxito la tarea de montar el
modelo dentro de una botella, demostración
de destreza que lo hacía más exclusivo. En
museos marítimos de grandes puertos europeos
y americanos pueden verse numerosos
ejemplos de esta forma de artesanía, producida
a bordo de naves de largo recorrido
como fueron los veleros del Cabo de Hornos
y los buques balleneros que se ausentaban
por largos meses de su puerto de amarre.
También por fareros, cuyo oficio les imponía
una solitaria existencia.

Modelista efectuando una demostración de destreza: montaje con ayuda de pinzas, de una maqueta de velero dentro de una botella
Modelos de Prestigio
Sin embargo, las piezas que hemos venido
mencionando no siempre reflejan matemáticamente
la estructura de un navío. Para
encontrar esto se hace necesario estudiar los
múltiples detalles de otra categoría de modelos,
aquellos que eran fabricados con el fin
bien práctico y comercial de vender el producto
de un astillero. En efecto, en tiempos
pasados los funcionarios de la administración
militar o civil no siempre estaban en posesión
de los conocimientos y experiencia que
les permitieran leer con presteza los croquis
de una embarcación. De allí que los astilleros
pusieran a su disposición modelos -finos y a
perfecta escala- para que apreciaran bajo todos
los ángulos los resultados de su trabajo.
En este caso, en Gran Bretaña, ejemplo de un
prolongado pasado naval, anticuarios y coleccionistas
hablan de “Admiralty models”.
En cuanto a exactitud y calidad, lo aconsejable
es examinar los modelos realizados
en la era de Cromwell, es decir, a mediados
del siglo XVII, cuando los avatares políticos
alejaron del Almirantazgo a muchos de sus
expertos para reemplazarlos por personajes
impuestos por las circunstancias y que no necesariamente
estaban vinculados a la actividad
marítima. Resumiendo, los constructores
de navíos se vieron en la obligación de conversar
con las nuevas autoridades exponiendo
maquetas a escala, en lugar de los clásicos
planos saturados de detalles técnicos poco
comprensibles para un neófito. Por su costo
y escasez, la posesión de una de estas piezas
está hoy sólo al alcance de un gran museo o
de un coleccionista de fortuna.
Modelista efectuando una demostración de destreza: montaje, con ayuda de pinzas,
de una maqueta de velero dentro de una botella
Prisioneros de guerra
Pero desde ese entonces la historia del
modelismo naval ha tenido una larga trayectoria,
alcanzando otro punto culminante
en un período que, para sus cultivadores,
fue bastante sombrío, por decir lo menos.
En efecto, durante las guerras napoleónicas
centenares de marinos, especialmente franceses,
cayeron prisioneros de los británicos
siendo hacinados en prisiones flotantes, es
decir, a bordo de viejos pontones anclados
en áreas cenagosas de la costa, por ejemplo,
en las vecindades de Portsmouth. Es fácil
imaginar la miserable condición de vida que
debió soportar esa gente, pero algunos de
ellos supieron encontrar la manera de mejorarla
en la medida que los medios a su alcance
lo permitían. Una solución, tal vez la más
popular entre los que tenían alguna destreza
manual, fue la de fabricar modelos de navíos
que podían vender y así adquirir productos
que compensaran el mediocre sustento y la
escasez de vestuario.
Los modelos que produjeron en un período
que puede situarse entre 1793 y 1815 son
los llamados “prisoner-of-war models”. Hoy
son de valor inestimable, pudiendo alcanzar
precios exhorbitantes a pesar que los materiales
empleados fueron los más modestos
que es dable imaginar: madera, desde luego,
pero además hueso, aquel donde venía
adherida la carne salada que recibían en la
alimentación; los cabos están fabricados con
pelo humano finamente trenzado. A veces
llevan incorporados materiales más finos y
exóticos como caparazón de tortuga Carey,
concha, cuerno, pequeñas piezas de bronce,
fragmentos de vidrio, algo de pintura.
La limitación de recursos hizo que estas
piezas sean de pequeño tamaño, comúnmente
entre 25 y 40 cm. de longitud, excepcionalmente
algo más. Por encontrarse en cautiverio
aquellos anónimos artífices debieron trabajar
de memoria y sin ninguna posibilidad de consultar
un plano, de tal manera que cuando se
trata de un navío específico, que está documentado
en los archivos, suelen descubrirse
ligeros errores o exageraciones, por ejemplo,
en cuanto al número de cañones.
Auxiliares didácticos
Otros modelos, a escala mucho mayor
que la habitual, permitían a las futuras tripulaciones
familiarizarse con las complejidades
del aparejo y fueron frecuentes en las
escuelas de náutica de la época de la vela. A
veces se trata de la representación de una
cubierta superior y el aparejo, en proporción
lo suficientemente amplia como para que el
instructor pueda ingresar a esta cubierta y
mostrar directamente a sus alumnos como
funciona la jarcia móvil que, obviamente,
aparece reproducida hasta en sus mínimos
detalles, al igual que el velamen. Bajo este
punto de vista estos modelos, de tres o más
metros de eslora, vienen a ser como los antepasados
de nuestros simuladores que permiten
maniobrar dentro del mundo de ficción
creado por un programa computacional.
Son igualmente un precedente de los
modelos flotantes tripulados y con propulsión,
generalmente a escala 1:25, empleados
actualmente para ejercitarse en maniobras
complejas, por ejemplo, con un petrolero.
Son dirigidos directamente por el piloto en
práctica que se instala en su interior teniendo
una visión de la proa con las mismas limitaciones
que tendría en un buque real y con
el que debe enfrentar dificultades simuladas
en el estanque donde flota, como oleaje, corrientes,
pasos estrechos y otras.
Coleccionismo de elite
Hablando de colecciones, una de las de
mayor prestigio en el mundo es la del New
York Yacht Club. Su inmensa sala de modelos
es capaz de hacer caer en trance al más selectivo
de los coleccionistas o al balandrista
más curtido por la sal. En ese espacio se exhiben
algo más de 1.200 modelos de yates,
muchos de ellos como maquetas “de medio
casco” adosadas a los muros y el resto en vitrinas.
Su origen se remonta a los comienzos
mismos del club, decano de las agrupaciones
de esta naturaleza en Norteamérica.
En 1844, John Cox Stevens propuso la idea
y se transformó en el primer comodoro del
club y la institución nacía a bordo de su yate
“Gimcrack”. Coincidiendo con los inicios del
siglo XX, el club instaló su sede central en
Manhattan, en la calle 44 cerca de la esquina
con la Quinta Avenida, en un edificio levantado
especialmente para este fin y que es fácil
identificar por su fachada con tres grandes
ventanales imitando la popa de naves holandesas
del siglo XVII –en referencia a los fundadores
de la ciudad- y luciendo con orgullo
el gallardete conocido internacionalmente.
Los pioneros del club decidieron establecer
como requisito que los socios depositaran en
la sede una maqueta del yate que poseían y
con el que participaban en las competencias
organizadas por éste.
Piezas de excepción
En cuanto a edad, se afirma que entre los
modelos a escala más vetustos identificados
hasta ahora en el mundo occidental se encuentra
uno datando del siglo XV. Se trata
de un panzudo mercante catalán conocido
como la nao de Mataró, de poco más de un
metro de largo y que forma parte de las colecciones
del Museo Marítimo de Rotterdam.
Merecen también destacarse por curiosos,
frágiles en extremo y escasos los modelos
de veleros construidos exclusivamente
con clavo de olor. Característicos del mundo
colonial holandés, estos modelos (de unos
30 cms.) eran fabricados en las Indias orientales
y su posesión era muy apreciada ya que
el clavo de olor tenía altísimo costo. Su interés
no residía en su ingenua silueta, sino en el
perfume que desprendían por largo tiempo
de acuerdo con la humedad y la temperatura
de la habitación.
Finalmente, y abordando un plano anecdótico,
vale la pena mencionar el caso de un
antiguo modelo que al ser desmontado para
restauración permitió constatar que en su
interior guardaba figurinas de madera simulando
la tripulación. Como estos marinos liliputienses
no eran visibles desde el exterior,
es fácil concluir que el desconocido artesano
que elaboró la pieza quiso hacer una broma
con efecto retardado, la que tardó dos siglos
para alcanzar su efecto.
Sugerencia
La afinidad por el tema que hemos venido
tratando puede ser desarrollada hoy con
el apoyo de las asociaciones de modelismo
naval que existen en todos los países, las que
organizan reuniones, conferencias, talleres y
exposiciones.
En cuanto a usted, le sugerimos que revise
el desván de su casa porque, tal vez, un
antepasado marino dejó allí abandonado un
modelo que, además del valor sentimental,
podría ser bien cotizado en el mercado de
antigüedades. Si no tiene suerte, bien armado
de paciencia construya usted mismo una
maqueta para que, entonces, sean sus nietos
o bisnietos quienes la descubran en el futuro.
Nacerá así la leyenda del abuelo que fue un
lobo de mar, la que se irá acrecentando con
el transcurrir de las generaciones.

Modelo a escala de
una lancha a vapor.
Casco de madera y
sistema operable de
movimiento en cobre
y bronce. Colección
Cunard Line