Joyas del Mar
El molusco es una de las formas
de vida animal menos común y
bastante desconocida, aunque
por el número de sus especies, alrededor de
100.000, representa el segundo grupo animal
en importancia después de los insectos, que
poseen más de un millón.
La identidad de los moluscos, como tales,
data de aproximadamente mil millones de
años, como producto de la evolución de un
anélido. Los más antiguos fósiles de moluscos
conocidos datan de sólo 600 millones de años.
Las especies de moluscos menos evolucionados
son aquellos que se refugian en lo más
profundo de sus conchas, como el Nautilius
Pompilius, un cefalópodo que habita en el
océano Índico y es el único ejemplar conocido
de la familia de los tetrabranquios.
Otro molusco que muestra escasa evolución
desde hace millones de años es el chitón,
común en las costas de Chile antes de su actual
polución.
Por su interés gastronómico numerosos
moluscos comunes en Chile han alcanzado
gran importancia económica para nuestro
país, pues constituyen productos de exportación.
Entre ellos se cuentan el Mesodesma
Donacium (Macha), el Concholepas Concholepas
(Loco), la Prothotaca Taca (Taca), y el
Choro en sus especies Mytilus Chilensis y Aulacomya
Ater. También es popular entre los
gastrónomos el Choromytilus Chorus (Choro
Zapato), la Ostrea Chilensis (Ostra) y el Pecten
Jacobaeus (Ostión)
Lo característico de los moluscos es su
concha. Algunos como la jibia no la poseen,
otros la disimulan en su interior e incluso algunos
poseen más de una. La concha se forma
por secreción externa del manto y está
formada por tres capas que se superponen.
La capa exterior, el Periostracum, es de una
consistencia parecida a la de la sustancia córnea
y lo protege de la erosión. La capa intermedia,
el Ostracum, es espesa, tiene menor
consistencia y sus moléculas se organizan en
prismas. La capa interna, el Nácar, brillante y
suave al tacto, proporciona a los moluscos la
extraordinaria facultad, única entre todos los
animales, de convertir las molestias en perlas.
Si un grano de arena o un pequeño animal,
se introduce entre el manto del molusco y
su capa nacarada, la irritación da origen a un
depósito de Nácar, una perla, que según la
especie de molusco puede adoptar diversas
formas, y cuyo color puede variar del gris claro
al gris oscuro, como es el caso de las llamadas
“perlas negras”.
Los gastrópodos poseen una concha en
forma de espiral. Los escafópodos presentan
una concha que es un simple tubo abierto
en sus dos extremos, mientras el calamar, un
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cefalópodo, ha preferido usar su concha interiormente,
como una especie de esqueleto
que da rigidez a su cuerpo. La casi totalidad
de las conchas de molusco tienen la forma de
una espiral logarítmica, es decir, su talla crece
exponencialmente con el número de vueltas.
Sin embargo, su principal propiedad es que
el ángulo que la pared externa presenta en
relación al eje se mantiene constante. En consecuencia,
cada especie de molusco se caracteriza
por un ángulo de magnitud particular
que facilita la identificación del individuo,
con la excepción de los bivalvos, que tienen
formas irregulares y los escafitos, amonites
fósiles cuya espiral en el estado adulto se
continuaba por una recta. La concha que presenta
la espiral más perfecta es la del Nautilius
Pompilius mencionado anteriormente.
Su ángulo es de 85 grados. El polo es idéntico
a la concha entera, en consecuencia el molusco
puede desarrollarse sin cambiar de forma.
La dimensión de la cámara aumenta en una
proporción geométrica en la que cada vuelta
es aproximadamente tres veces mayor que la
precedente.
El molusco de mayor dimensión es el Traidacna
Gigax, un bivalvo cuyas conchas alcanzan
un diámetro de hasta 1,40 metros y un
peso de más de 200 kilos. En una iglesia del
Norte de Chile una valva de este molusco es
empleada como pila bautismal.
Al igual que los mamíferos, los moluscos
han poblado todos los medios acuáticos y
terrestres, con excepción de zonas extremadamente
cálidas en las cuales perecen al no
poder mantener el grado de humedad que
requieren para su subsistencia. A pesar de lo
antes dicho, los moluscos marinos representan
el 40% de las especies. La repartición y
gradación de la concha de los moluscos es
resultado de la adaptación de éstos al medio
en que encuentran su alimento. La diferencia
de condiciones entre la fauna de los mares
cálidos y los fríos explica la diversidad de
su colorido y es el punto de partida para la
zonificación de los mares en provincias que
poseen una fauna particular. En ellas existe
un centro donde la variedad es máxima, a
partir del cual las especies se distribuyen y
se dispersan. Lo que define una provincia
es un cierto número de especies comunes
y una determinada calidad de fauna que
obedece a factores tales como corrientes
oceánicas, temperaturas del agua, grados
de salinidad, etc.
Aunque se han encontrado moluscos
marinos que viven a más de 8.000 metros
de profundidad, el noventa por ciento de las
especies se encuentra entre la línea de alta
marea y los doce metros de profundidad,
donde disponen de mayor cantidad de recursos
alimenticios, ya sean herbívoros que
se alimentan de algas o carnívoros. Los bivalvos
o lamelibranquios suelen enterrarse en la
arena de las playas. Por ejemplo, antes de que
se autorizara su explotación irracional, era
posible encontrar gran cantidad de machas
en la arena de las playas de la zona central, lo
que abarataba su precio y por lo tanto era de
consumo popular. Su desaparición ha encarecido
su precio al punto que hoy constituye
un producto de lujo. Un bivalvo, el ostión, se
desplaza utilizando la propulsión a chorro,
aspirando y expulsando agua. En cambio los
univalvos, tres veces mayor por el número de
sus especies, viven próximos a la superficie,
adheridos a las rocas por un poderoso pié
que además les permite desplazarse, o bien
flotando en la superficie en conjunto con el
plancton. Los cefalópodos como el pulpo nadan
con la ayuda de sus tentáculos.
Los moluscos cuentan con todos los modos
de reproducción posibles, sexuados o
asexuados. Incluso algunos tienen la facultad
de cambiar de sexo a voluntad, según las necesidades
de supervivencia de la especie. A
pesar de lo que algunos afirman, éstos son
los únicos animales que pueden hacerlo. Por
ejemplo, tal es el caso de la Crepidula fornicata, un pequeño molusco que vive en colonias
de cinco a quince individuos superpuestos,
cuyo sexo va cambiando según la posición
que ocupan dentro de la colonia. Las hembras
se ubican en la base y los machos en la
cúspide. Los individuos en posición intermedia
son hermafroditas. Una ostra coloca dieciséis
millones de huevos cada vez, en varias
ocasiones a lo largo del año. De ellos sólo uno
en un millón llega a la edad adulta.
A través de los siglos y en diversas regiones
del mundo, las conchas de molusco han
sido molidas para utilizar su cal o se las ha
utilizado para confeccionar objetos de arte,
adornos, joyas, útiles como anzuelos o cucharas
e instrumentos musicales. Incluso la
Cipraea Moneta recibe ese nombre científico
debido a que se la usaba como moneda en
las islas del Pacífico.
El líquido que desprende del Murex Trunculus
fue utilizado en la cuenca del mediterráneo
como colorante para teñir textiles.
Se lo conoció como “Púrpura de Tiro” pues
los fenicios lo exportaron en grandes cantidades.
A su vez, el nácar no sólo es valioso
en forma de perlas, sino que se extrae para
servir de materia prima para la fabricación de
los botones más finos. No menos útiles son
como ceniceros, uso que se da en Chile a la
concha del loco.
A pesar de los evidentes avances en acuicultura
de ostiones, locos, choros y ostras, la
Malacología, que es la ciencia que estudia
los moluscos, se encuentra aún poco desarrollada
en nuestro país. Ella ofrece un vasto
horizonte de posibilidades tanto a los malacólogos
profesionales como a los aficionados
atraídos por la belleza de las formas y colores
de las conchas de moluscos, entre los cuales
se encontraba Pablo Neruda, quien legó su
colección a la Universidad de Chile.