Columna de Opinión:
Chile: Actor principal en la arquitectura digital del Pacífico Sur
Luis Ernesto Siebert Cristi
Ocean Engineer - Ingeniero Naval
En una columna anterior señalábamos que los cables submarinos se han transformado en una de las infraestructuras críticas de la economía digital global. A través de ellos circula la mayor parte del tráfico internacional de datos, sosteniendo desde las transacciones financieras hasta las plataformas tecnológicas que estructuran la vida económica contemporánea.
Esta creciente dependencia de la conectividad digital ha comenzado a situar a estas redes en el ámbito de la infraestructura crítica para la seguridad económica y digital de las naciones del continente. Los cables submarinos, sus estaciones de amarre y los centros de datos asociados constituyen hoy elementos esenciales para el funcionamiento de las economías modernas.
Sin embargo, la importancia estratégica de estas redes no se limita únicamente a su protección física. A medida que aumenta el valor económico y político de la información que circula por ellas, surge una preocupación creciente por la seguridad de los datos que transportan.
En este contexto, el avance de la computación cuántica plantea un desafío adicional. Algunos sistemas criptográficos utilizados actualmente en internet podrían volverse vulnerables frente a computadores cuánticos suficientemente avanzados. Esta posibilidad ha impulsado el desarrollo de nuevas técnicas de protección conocidas como criptografía post-cuántica, diseñadas para resistir ataques incluso en escenarios de computación cuántica avanzada.
Para los usuarios de las redes globales —empresas tecnológicas, instituciones financieras, centros de investigación o gobiernos— la confianza en la seguridad de los datos comienza así a transformarse en un factor cada vez más determinante.
En este escenario, el océano Pacífico adquiere una relevancia estratégica creciente.
Las economías de Asia concentran una parte sustantiva del dinamismo tecnológico global, mientras que América del Sur busca fortalecer su conectividad digital con esos mercados. Esta tendencia está impulsando el desarrollo de nuevos corredores de cables submarinos a través del Pacífico, transformando progresivamente esta cuenca oceánica en uno de los principales ejes de circulación de datos del planeta.
Para Chile, esta evolución presenta una oportunidad estratégica particularmente interesante.
Desde el punto de vista económico, el desafío no radica únicamente en el volumen de datos generado por el propio país. Considerado de manera aislada, el tráfico digital chileno probablemente no justificaría por sí solo el desarrollo de múltiples corredores submarinos hacia Asia.
Sin embargo, si se considera el conjunto de las economías sudamericanas —incluyendo países como Brasil, Argentina o Perú— el volumen potencial de intercambio digital con las economías del Asia Pacífico adquiere una dimensión muy distinta.
En ese escenario, Chile podría aspirar a desempeñar el papel de nodo confiable de tránsito digital para una parte significativa de Sudamérica hacia Asia.
La eventual consolidación de corredores digitales transpacífico, que conecten Sudamérica con China, India y otras economías del Asia Pacífico, abriría la posibilidad de posicionar al país como punto de interconexión regional para el flujo de datos entre ambos continentes.
El valor agregado de esta posición no radicaría únicamente en la conectividad física de los cables submarinos, sino en la capacidad de ofrecer infraestructura confiable para el tránsito seguro de datos.
La implementación de estándares avanzados de seguridad digital —incluyendo tecnologías de criptografía post-cuántica— podría transformarse en un elemento diferenciador para las rutas digitales que atraviesen el Pacífico Sur.
En esta arquitectura digital emergente también podría adquirir relevancia estratégica Rapa Nui, territorio oceánico de Chile situado en el corazón del Pacífico. Su posición geográfica podría ofrecer en el futuro un punto avanzado para monitoreo técnico, apoyo a la integridad de cables submarinos o servicios asociados a la infraestructura digital transpacífica.
La protección y monitoreo de esta infraestructura requerirá también una adecuada capacidad de observación del entorno marítimo. En este ámbito, instituciones con presencia permanente en el espacio oceánico, como la Armada de Chile, podrían contribuir al resguardo de la infraestructura submarina que conecta al país con el resto del mundo.
Las rutas marítimas definieron el comercio global durante siglos. Hoy comienzan a hacerlo las rutas de datos. Si Chile logra combinar su geografía del Pacífico con altos estándares de seguridad digital, podría transformarse en un nodo confiable para el tránsito seguro de datos entre Asia y Sudamérica.
Referencias
- International Telecommunication Union. Submarine Cable Systems and the Digital Economy.
- National Institute of Standards and Technology. Post-Quantum Cryptography Standardization Project.
- Global Submarine Cable Map and Bandwidth Research.
- Submarine Cables and the Global Digital Economy.