Columna de Opinión:
Tiempo de definiciones
Por Luis Ernesto Siebert Cristi. Ocean Engineer MIT - Ingeniero Naval APN.
La reciente controversia con Argentina ha vuelto a colocar el extremo austral en la atención de la opinión pública y del mundo político. Más allá del episodio que la originó, constituye una oportunidad para levantar la mirada y revisar el rol e importancia que a ese espacio le asigna Chile para su desarrollo futuro.
La historia nos ha enseñado que la fortaleza con que un país enfrenta una crisis no se improvisa cuando ésta comienza, sino que se construye mucho antes. La experiencia de 1978 constituye probablemente nuestra demostración más dramática.
Es tiempo de demostrar que aprendimos de ella.
Esa revisión debiera incluir los planes existentes, analizarlos a la luz de los objetivos que definamos y actualizarlos de manera integrada, para conformar una estrategia austral simple, divisible en etapas y medible.
En esa estrategia, el poblamiento y desarrollo de Aysén y Magallanes debieran constituir objetivos centrales.
Ellos permitirán transformar el potencial del territorio en capacidades, crecimiento, arraigo e intereses permanentes. Una base humana y material más sólida fortalece, a su vez, nuestras condiciones para proteger esos intereses y proyectarnos desde ella hacia nuestros espacios marítimos y la Antártica.
La estrategia debe permitir que los numerosos esfuerzos públicos y privados converjan hacia ese propósito común. Las autoridades y las circunstancias cambiarán, pero una estrategia concebida para décadas debe sobrevivirlas. Podrán cambiar los directores, sin embargo la partitura debe permanecer.
Una estrategia de largo plazo puede dividirse en etapas compatibles con los períodos de gobierno, con objetivos, responsables e indicadores conocidos. Cada administración recibiría una situación inicial y asumiría la responsabilidad de alcanzar determinados resultados. La siguiente podrá ajustar su tramo a nuevas circunstancias sin perder de vista el propósito nacional.
Así sería posible algo elemental pero indispensable: rendir cuentas.
Al término de cada gobierno no sólo deberíamos saber cuántos recursos se gastaron o cuántos proyectos se ejecutaron.
Deberíamos poder responder una pregunta bastante más importante: ¿En qué posición recibió Chile el tablero austral y en cuál lo entrega?
La coyuntura actual pasará. La oportunidad que ha abierto no debiera hacerlo. Si aspiramos a enfrentar las crisis futuras desde una posición más favorable, debemos comenzar hoy a construirla de manera diferente.
Es tiempo de definiciones.
Y también de cambiar el rumbo.
Valparaíso, 28 de septiembre de 2026