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Experiencias Árticas, lecciones Antárticas.

En enero pasado, después de semanas de negociaciones, en extremo coercitivas y alejadas de los estándares de la diplomacia tradicional, los EEUU, aduciendo el valor e interés de carácter geopolítico que para su seguridad territorial representaba Groenlandia, anunciaron “un acuerdo” con la OTAN y un “comodato” con Dinamarca, para utilizar el territorio groenlandés, “en la defensa estratégica de América y Europa” (sic).

Experiencias Árticas, lecciones Antárticas.

En enero pasado, después de semanas de negociaciones, en extremo coercitivas y alejadas de los estándares de la diplomacia tradicional, los EEUU, aduciendo el valor e interés de carácter geopolítico que para su seguridad territorial representaba Groenlandia, anunciaron “un acuerdo” con la OTAN y un “comodato” con Dinamarca, para utilizar el territorio groenlandés, “en la defensa estratégica de América y Europa” (sic).

Una justificación que pareciera ser del todo “aparente”, pues hace ya 73 años, apenas Groenlandia pasó a formar parte del Reino de Dinamarca en 1953, los EEUU instalaron en territorio groenlandés una base aérea, la “Air Force Base Thule” y adicionalmente en 1957 crearon junto a Canadá el NORAD (North American Air Defence Command). Una alianza militar conjunta entre Estados Unidos y Canadá para proporcionar defensa aeroespacial y alerta temprana ante amenazas de bombarderos y misiles soviéticos. El año 2023 la “Air Force Base Thule”, fue rebautizada como “Pituffik Space Base” pasando a depender del NORAD y del “U.S. Space Command”.

La causa real y evidente tiene origen marítimo - naval. El cada vez más necesario control sobre las “nuevas” rutas marítimas que los efectos del Cambio Climático están produciendo alrededor de Groenlandia, y la pasividad danesa respecto de ejercicio de soberanía marítima presencial.

Rutas marítimas que China y Rusia vienen trabajando hace cuarenta años, para hacer viables líneas de comunicaciones marítimas regulares a través del Ártico y de esa forma reducir los plazos, costos y los riesgos de las rutas que atraviesan el Estrecho de Malaca y el Canal de Suez.

El calentamiento de los océanos, está haciendo evolucionar a Groenlandia a lo que alguna vez fue, una Isla por cuyas costas pasan las tres principales rutas marítimas que, pasando por el Océano Ártico, comunican el Océano Atlántico con el Océano Pacífico, y los bullentes mercados del Asia pacífico.

La Ruta Nor-Este que bordea el territorio ruso por Siberia. La ruta más corta entre Europa y Asia, solo navegable, “hasta hoy”, con ayuda de rompehielos.
La Ruta Transpolar. Que cruza por aguas internacionales el océano Ártico, casi por el polo norte (ubicado a 435 Mn de la costa norte de Groenlandia), la menos desarrollada y clave para la competencia y/o cooperación entre Rusia, China y la OTAN.
La Ruta Nor-Oeste. Que bordea las costas de Canadá. Cada día más navegable gracias a los deshielos

Dinamarca y Groenlandia

Dinamarca es reconocida hoy, por su industria farmacéutica, por su tecnologizada industria, por el desarrollo de energías renovables, y su liderazgo marítimo mundial. La Casa Clasificadora Det Norke Veritas – DNV rige y lidera la normativa naviera mundial, la bandera danesa flamea en las cientos de naves de compañías navieras como A.P. Moller, Maersk, DFDS, Norden, Hafnia, Unifeeder, compañías de salvataje marítimo, remolcadores, administradores y operadores portuarios, etc., etc.

Groenlandia por su parte, es una isla de 2,16 millones de km², seis veces el tamaño de Alemania, ocho veces el del Reino Unido, casi la superficie total de Europa Occidental, incrustada entre las aguas, (o hielos?), del Océano Ártico y el Océano Atlántico Norte. Y adicionalmente, es el territorio menos poblado del mundo (56.000 hab), la mayoría habitando pueblos costeros y aislados, que miran hacia Canadá.

Groenlandia no obstante, parte del Reino de Dinamarca, es hoy en estricto rigor, un territorio autónomo. En 2009 el parlamento danés ratificó y promulgó la Ley de Autogobierno de Groenlandia; Ley que reconoce a los groenlandeses como “una nación con derecho a la autodeterminación”, y que contempla negociaciones para su independencia, si es que el pueblo groenlandés lo decide y el parlamento danés lo aprueba.

La responsabilidad de defensa territorial y presencial naval de Groenlandia, recae fundamentalmente en la OTAN. De acuerdo a fuentes abiertas, el inventario de buques de superficie con valer militar de la Marina Real Danesa, no guarda relación alguna con la magnitud de las áreas marítimas sobre las cuales tiene responsabilidad y los probables escenarios de conflicto que se pudiesen provocar en ellas. Hace ya veinte años Dinamarca renunció a poseer una fuerza de submarinos, y la publicitada modernización de sus fuerzas navales anunciada en marzo de 2025, se percibe a destiempo y orientada más bien a naves cuyos roles apuntan a funciones de guarda costas.

Y si bien incrementó su pedido de aviones de combate F-35 desde 27 a 43 unidades, según se dice, para reforzar su presencia en el ártico, debe tener conciencia de que el ejercicio de soberanía marítima presencial, se realiza con buques.

Una contradicción por cierto, viniendo de un país eminentemente marítimo; una de las diez naciones navieras más grandes del mundo, que al parecer ha descuidado el rol privativo y vital que tiene su armada, respecto del ejercicio efectivo de una soberanía de carácter presencial, en aquellas áreas marítimas que el pueblo vikingo les heredó, y el derecho internacional les ha asignado. Son 2,2 millones de km² de ZEE los que generan sus principales posesiones insulares, (Groenlandia e Islas Faroe), veinte y un veces aquella que genera su territorio continental (106 mil km²).

El marco institucional groenlandés y el fenómeno del deshielo han incrementado apetitos independentistas ante las posibilidades de explotación de recursos naturales que diversifique la economía, hasta hoy fuertemente ligada a la pesca. A tan solo tres años del inicio del mandato de Xi Jin Ping, en 2016, las presiones de los EEUU y Dinamarca, evitaron que la empresa constructora, China Communications Construction Company (CCCC), se adjudicara la “renovación” de las instalaciones de la base naval danesa Gronnedal en el sur de Groenlandia. China pretendía de esta forma hacerse de un puerto en Groenlandia. Un pretendido eslabón más, de la estrategia china de la "Ruta de la Seda....Polar".

En Octubre de 2024, buques de la Guardia Costera de China y Rusia realizaron su primera patrulla conjunta en el océano Ártico, marcando un hito en la cooperación militar, de seguridad y fortalecimiento de su presencia en el Ártico, y un año después, mientras en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York, el presidente de los EEUU negaba el denominado Cambio Climático, el portacontenedores chino “Instambul Bridge” surcaba aguas árticas, uniendo el puerto chino de Ningbo-Zhoushan con el puerto británico de Felixstowe en tan solo 20 días, la mitad del tiempo que le demoraría navegar por el Canal de Suez.

Y en Diciembre de 2025,  la administración Trump publicó su Estrategia de Seguridad Nacional, la que entre otras cosas deja en claro que los EEUU pretenden recuperar la hegemonía en el continente americano, “reconfigurar” alianzas, exigiendo mayor corresponsabilidad a sus aliados, disuadir a China y Rusia mediante la fuerza, y en general apoyar a la diplomacia con el poder militar.

EEUU ha mandado a construir once rompehielos, Canadá opera diez y nueve, Finlandia cinco, China cinco y planea construir algunos más con propulsión nuclear. Y Rusia por su parte, opera hoy más de cincuenta buques rompehielos, algunos de ellos de propulsión nuclear. Hace veinte años que Dinamarca no posee un buque rompehielos.

La oportunidad de la poco amistosa ofensiva “diplomática”, que los EEUU han realizado ante sus tradicionales aliados, se explica por la ola de crecientes coincidencias y circunstancias que han configurado un escenario de innegable debilidad estratégica occidental en el ártico. Circunstancias que se comparan negativamente con el desarrollo de fortalezas y en especial con la declarada voluntad política de sus tradicionales adversarios chinos y rusos, para tomar posiciones en el ártico, produciendo un nivel de vulnerabilidad geopolítica inaceptable, para los intereses nacionales de los EEUU.

La Antártica

En el extremo opuesto del globo, el continente antártico, con una superficie de 13,66 millones de Km2, es cinco veces más grande que Groenlandia. Contiene el 90% del hielo y el 70% del agua dulce del mundo. Los mares que la rodean cubren más de 20,3 millones de Km2, mares por donde la ortodrómica dibuja las trayectorias marítimas más cortas entre América del Sur y el Asia, y un área marítima fundamental para el control climático, la biodiversidad y destinado, de acuerdo al Tratado Antártico, a la investigación científica.

La Antártica, no pertenece a ningún reino, su condición de soberanía es única. Está regida por el Tratado Antártico (1959), el cual congeló las reclamaciones territoriales de los doce países signatarios, Argentina, Australia, Bélgica, Chile, EEUU, Francia, Japón, Nueva Zelanda, Noruega, Reino Unido, Sudáfrica y la URSS, declarando al continente como un bien común para ciencia.

De acuerdo a lo dispuesto por el Tratado Antártico respecto de la revisión del Protocolo de Medio Ambiente (1998), acerca de la posibilidad de explotación minera en la Antártica, el año 2048 (22 años más, solo cuatro períodos presidenciales), Chile estará sin dudas, sentado a la mesa de las negociaciones, discutiendo la gobernanza y eventualmente, los derechos soberanos en el territorio antártico.

La experiencia de lo acaecido en Groenlandia sin dudas deja lecciones. Liga Marítima de Chile, sugiere “jugar” los escenarios, revisar hechos, advertir las señales de los “stake holders” antárticos, así como también, incrementar aquellos recursos que fortalezcan el brazo naval de Chile. La construcción de un rompehielos en astilleros nacionales, el despliegue anual de la Comisión Antártica con hasta 6 unidades navales, la Operación Soberanía que lidera la Armada para construir un muelle en Bahía Fildes y reparar el aeródromo Teniente Marsch, la Base Teniente Carvajal, primera base chilena permanente, al sur círculo polar, son todas actividades que sin dudas van en la dirección correcta.

Nuestro himno patrio reza, “Ese mar que tranquilo te baña, te promete un futuro esplendor”. Habrá que merecerse esa promesa, reforzar la “Posición Magallanes” e incrementar las actividades de soberanía marítima presencial en aguas antárticas, de tal suerte que la visión del pabellón nacional, como aquel pintado en la superestructura del AGB ALMIRANTE VIEL, sea algo reconocible por todos quienes naveguen el Drake y en las cercanías de la Tierra de O´Higgins

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