Click acá para ir directamente al contenido
Columna de Opinión:

Recuperar el Mar de Chile

Columna de Opinión: 

Recuperar el Mar de Chile

Por  Luis Ernesto Siebert Cristi. Ocean Engineer MIT - Ingeniero Naval APN.

Todos los días el Pacífico golpea nuestras costas. Sus olas nos recuerdan persistentemente que está allí. Sin embargo, nuestra mirada como país parece detenerse demasiadas veces donde termina la tierra, en vez de continuar hacia el enorme espacio oceánico que tenemos enfrente.

Resulta paradójico. Desde niños cantamos que ese mar que tranquilo nos baña “nos promete futuro esplendor”. Quizás hemos repetido tantas veces esas palabras que dejamos de preguntarnos qué significa realmente aquella promesa.

Porque ese futuro esplendor no está asegurado por nuestra geografía ni llegará gratuitamente desde el océano. Dependerá, en buena medida, de nuestra capacidad para conocerlo, estar presentes en él, proteger los intereses que allí existen y desarrollar las capacidades necesarias para aprovechar responsablemente las oportunidades que ofrece.

Hace más de tres décadas, el almirante Jorge Martínez Busch comprendió esa realidad y formuló el concepto de Mar Presencial. Su visión partía de una idea sencilla y profunda: los intereses marítimos de Chile no terminan donde concluyen los espacios sometidos a nuestra soberanía o jurisdicción.

Más allá también existen intereses nacionales que justifican presencia, conocimiento y participación, siempre dentro del Derecho Internacional.

Aquella visión fue incorporada incluso a nuestra legislación y permanece vigente. Sin embargo, cabe preguntarse cuánto de ella logró trascender desde los círculos marítimos, navales y especializados para instalarse verdaderamente en la conciencia ciudadana.

Quizás allí se encuentre el siguiente peldaño.

Hacer visible el mar

Chile se define habitualmente como un país marítimo. Pero una condición geográfica no basta para convertirnos en una nación marítima. Para ello es necesario que la sociedad comprenda qué intereses existen en el océano, por qué le importan y por qué algunos de ellos necesitan ser protegidos.

Los intereses marítimos tienen una dificultad particular: muchos permanecen fuera de nuestra vista cotidiana. No vemos las rutas por las cuales circula gran parte de nuestro comercio, ni los recursos pesqueros que se desplazan por enormes extensiones oceánicas; tampoco los cables submarinos que sostienen nuestras comunicaciones digitales. Lo mismo ocurre con las observaciones meteorológicas y oceanográficas que necesitamos y con las múltiples actividades que ocurren diariamente más allá del horizonte.

¿Cómo esperar entonces que la ciudadanía valore aquello que difícilmente puede ver?

Una manera sencilla de comenzar a hacerlo sería llevar nuevamente esa dimensión oceánica al instrumento con que desde niños aprendemos a reconocer nuestro país: el mapa.

¿Por qué no atrevernos a denominar Mar de Chile al espacio del Pacífico Sur Oriental situado frente a nuestro litoral y proyectado hacia la Antártica?

No se trataría de reclamar soberanía, extender jurisdicciones ni alterar derecho alguno reconocido a otros Estados. Tampoco de convertir una denominación geográfica en una frontera.

Se trataría sólo de dar expresión cartográfica a una realidad estratégica: existe frente a Chile un enorme espacio oceánico estrechamente relacionado con nuestros intereses, en cuyo conocimiento, cuidado y gobernanza, tenemos razones para participar activamente.

Su extensión geográfica precisa debería naturalmente estudiarse y debatirse, y sería un error transformar inicialmente esta propuesta en una discusión sobre paralelos y meridianos. Lo verdaderamente importante es decidir si queremos hacer visible ese espacio y asumir lo que ello significa.

Estar tiene un propósito

Poner Mar de Chile sobre un mapa tendría escaso valor si sólo significara agregar dos palabras sobre una superficie azul.

Estar implica conocer.

Significa disponer de un panorama suficientemente amplio del tráfico marítimo; participar en el cuidado y administración internacional de los recursos pesqueros; mantener observaciones meteorológicas y oceanográficas; vigilar mediante satélites y otros sistemas las áreas de especial interés; prestar atención a la infraestructura submarina crítica; fortalecer la seguridad de la navegación y las capacidades de búsqueda y rescate; prevenir la contaminación; desarrollar investigación científica y cooperar con otros países en la protección de la alta mar.

Muchas de esas tareas Chile ya las realiza. El desafío consiste en comprenderlas como partes de un esfuerzo nacional coherente y sostenido, y desarrollar gradualmente las capacidades que todavía nos faltan.

No se trata de ocupar el océano ni de pretender administrarlo unilateralmente. Se trata de conocer suficientemente el espacio marítimo relacionado con nuestros intereses para poder advertir aquello que pueda afectarlos, comprenderlo y, cuando corresponda, actuar o cooperar con otros para hacerlo.

Los intereses también necesitan capacidades

Todo interés nacional que una sociedad reconoce como valioso genera, tarde o temprano, la voluntad de protegerlo. Con la seguridad pública esto resulta evidente para cualquier ciudadano. Con los intereses marítimos ocurre algo diferente, porque buena parte de ellos permanece más allá de nuestra mirada.

Hacerlos visibles permitiría también comprender por qué Chile necesita invertir en capacidades marítimas.

Desde esa perspectiva, la Política Nacional Continua de Construcción Naval adquiere un significado que va bastante más allá de reemplazar buques que envejecen. Forma parte del desarrollo de las capacidades que el país necesita para conocer, proteger y servir sus intereses marítimos.

Buques, sistemas autónomos, sensores, satélites, centros de procesamiento de información, infraestructura y capital humano especializado no constituyen fines en sí mismos. Son instrumentos.

No corresponde contraponer estas necesidades a las igualmente legítimas demandas por educación, salud o vivienda. Corresponde comprender que una nación también debe invertir en las capacidades que protegen sus recursos, sus comunicaciones, su comercio y las oportunidades sobre las cuales descansa parte de su desarrollo.

Recuperar una visión

Chile tiene hoy una oportunidad particularmente favorable para hacerlo.

Explicitar nuestros intereses en el Pacífico no requiere hacerlo contra nadie. Podemos manifestarlos sin excluir los legítimos intereses de otros países y sin restringir las libertades que el Derecho Internacional reconoce en la alta mar. Podemos hacerlo cooperando, investigando, protegiendo y contribuyendo a su gobernanza.

Y podemos hacerlo antes de que la evolución de los acontecimientos internacionales haga más difícil compatibilizar intereses que hoy todavía pueden desarrollarse sin necesidad de entrar en conflicto.

Hace más de treinta años, el almirante Martínez Busch encendió una luz sobre ese enorme espacio oceánico mediante su concepto de Mar Presencial. No necesitamos inventar otra doctrina. Necesitamos recuperar aquella mirada y conseguir que trascienda definitivamente al mundo marítimo para incorporarse a la conciencia nacional.

Mar Presencial puede continuar expresando el concepto estratégico. Mar de Chile podría darle la expresión geográfica y ciudadana que permita verlo y comprenderlo con sólo mirar un mapa.

Quizás entonces también entendamos mejor aquella promesa que cantamos desde niños. El mar puede ofrecernos futuro esplendor, pero transformarlo en realidad exige conocimiento, presencia, capacidades, inversión y voluntad nacional.

La pregunta que queda abierta es sencilla:

¿Está Chile dispuesto a volver a reconocerse en sus mapas como la nación oceánica que su geografía le exige ser y que, hace más de treinta años, el almirante Jorge Martínez Busch nos invitó a construir?

Valparaíso, 07 septiembre de 2026